Colaboraciones

Paso a desnivel | Por: David Cárdenas Rosas | León Felipe, el poeta que llegó de lejos.

Murió en 1968 en la Ciudad de México, país que lo recibió la primera vez en 1923.

Llegó a nuestra tierra, invitado por Alfonso Reyes y aquí vivió, escribió, luchó, sufrió y fue feliz.

Recordamos al poeta León Felipe, el hombre que llamó a los seres humanos “mis semejantes” y actuó siempre en consecuencia.

Felipe Camino Galicia de la Rosa, nació en Távara, en la provincia de Zamora, España en el año de 1884.

Su padre fue un notario exitoso. Así que la infancia de Felipe Camino gozaba de cierta holgura.

Sin embargo, él se sentía incomodo pues le dolía la tragedia que vivían por la pobreza, varios de sus vecinos y amigos.

Ya desde entonces anhelaba ser la voz de los sin voz. Una voz que con su poesía sería un gran rugido, el rugido de un león.

Se tituló como farmacéutico y desde su trabajo y en su andar diario, apoyó a quién lo requería.

Viajó, se fue a vivir con los desposeídos, anhelaba estar cerca de ellos a quienes con entera dignidad llamó “semejantes”.

En ese andar entró y formó parte de una compañía de teatro cómico que hacía presentaciones en España y Portugal.

Eventualmente trabajaba en algunas farmacias y, en una de ellas, fue acusado de desfalco.

Perdió entonces su libertad y al salir del cautiverio, contrajo nupcias.

Su matrimonio no prosperó y se quedó solo.

Ahí comenzó a escribir sus primeros poemas. “Versos y oraciones del caminante”, es el título de su primer libro.

En esos andares conoció al mexicano Alfonso Reyes quién lo invitó a venir a México, llegando en 1923.

En América, su peregrinaje se manifestó una vez más y recorrió varios países, participó en la academia y dio clases en distintas universidades. En su actividad literaria conoció la obra de Walt Whitman, convirtiéndose en su mejor traductor.

Casado en nuevas nupcias su vida estuvo más asentada.

Sin embargo, recorriendo Panamá se enteró de la guerra civil que vivía su patria y, amante de las libertades y de la república, se alistó y fue un combatiente muy activo.

La república cayó y León Felipe fue exiliado, llegando una vez más a México, en donde escribió la tragedia de su pueblo, los dolores y angustias de su vida, la nostalgia y la desesperanza de no tener una patria propia.

Su poesía “¡Qué lástima!” es el mejor ejemplo de añoranza.

Un poema nostálgico pero ajeno al rencor.

En este poema deja constancia de que el ser humano es un ser humano mientras gira o se detiene la rueda del tiempo. Que se es un digno ser humano cuando la rueda gira hacia arriba o hacia abajo.

León Felipe, un hombre que vino de lejos y se quedó entre nosotros.

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