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México, entre los países de América Latina con mayor concentración de riqueza

  • Un informe de Oxfam revela que los millonarios mexicanos concentran más de un tercio de la riqueza de América Latina, en un contexto de impuestos regresivos que favorecen el capital sobre el trabajo.

Ciudad de México, 20 de enero del 2026.- México concentra uno de cada cinco milmillonarios de América Latina, la mayoría por herencias, en un país donde no existen impuestos efectivos sobre la riqueza ni sobre las herencias, advierte Oxfam en su informe regional.

A diferencia de otros países de la región, donde las fortunas cambian cada pocos años, en México los patrimonios se mantienen prácticamente intactos, señala Alexandra Haas, directora ejecutiva de Oxfam México. “Si hay cambios, son de nombre, no de apellido”, explicó.

Según el estudio Riqueza sin control, democracia en riesgo, los 22 millonarios mexicanos poseen conjuntamente 219 mil millones de dólares, más de un tercio de la riqueza acumulada por los multimillonarios latinoamericanos.

El informe denuncia que los sistemas fiscales de la región gravan hasta tres veces más el trabajo que las ganancias de capital. La política tributaria, advierte Oxfam, “recauda poco, de manera injusta y profundiza la desigualdad extrema”, beneficiando a quienes concentran mayores recursos.

Actualmente, mientras 50 por ciento de la población aporta 45 por ciento de sus ingresos en impuestos, el uno por ciento más rico contribuye solo con una quinta parte, sin considerar su patrimonio acumulado. Esta desigualdad se explica en gran medida por la brecha entre los gravámenes al trabajo y al capital.

Oxfam proyecta que en los próximos 15 a 20 años, más de 62 por ciento de la riqueza de los millonarios latinoamericanos será heredada. Solo cinco países aplican impuestos al patrimonio neto y nueve gravan herencias o donaciones, mientras México permanece entre los peores recaudadores de la región.

El informe subraya que prácticamente la mitad de la recaudación fiscal proviene de impuestos regresivos sobre el consumo, como el IVA, que no distinguen entre ricos y pobres, mientras las ganancias de capital reciben un trato privilegiado. Aun con la llegada de gobiernos progresistas, la estructura tributaria regional no ha cambiado significativamente, perpetuando la concentración de riqueza y las desigualdades sociales.

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