La inteligencia artificial puede ofrecer a los agricultores una solución que marque la diferencia
Ciudad de México, 10 de enero de 2026.- El mundo hace frente a dificultades sin precedentes: el crecimiento demográfico, el aumento de los fenómenos climáticos extremos y la merma de los recursos naturales. Para alimentar al planeta de forma sostenible hay que cambiar y dejar de actuar como si todo siguiera igual para adoptar soluciones innovadoras que puedan transformar nuestros sistemas agroalimentarios. Esta transformación exige no solo avances tecnológicos, sino también un compromiso renovado con la colaboración y la voluntad de replantearnos la manera en que producimos, distribuimos y consumimos alimentos. Subyace a esta labor la necesidad imperiosa de fortalecer el multilateralismo velando por que los beneficios de la innovación se repartan de forma equitativa en todo el planeta.
Hablemos de innovación en la FAO. ¿Qué significa “innovación” en la práctica?
Vincent Martin: Simplificando, la innovación comporta actuar de manera diferente y llevar a cabo acciones distintas. Para mí, se trata de convertir la ciencia en oportunidades de mercado y trasladarla al campo. Con ello se pretende aprovechar el poder de la ciencia y la innovación para transformar los sistemas agroalimentarios y ofrecer soluciones directamente a los agricultores y a quienes más las necesitan, ayudando con ello a las personas a mejorar su existencia y a ganarse la vida con la agricultura.
Resumiendo, se trata de velar por que la innovación cubra hasta el último tramo y de ampliar la escala de sus repercusiones. .
Es importante reconocer que la innovación, lejos de ser un lujo, debe convertirse en la norma. ¿Por qué? Porque hacemos frente a dificultades exponenciales, complejas y relacionadas entre sí: el cambio climático, la pérdida de diversidad biológica, la pandemia, crisis económicas y financieras y demandas mundiales en auge. Aun así, nuestra respuesta consiste con demasiada frecuencia en soluciones lineales discordantes con la escala y la complejidad de estos problemas.
Dicho de otro modo, actuamos como bomberos: siempre reaccionamos, pero rara vez nos anticipamos. Ocupamos puestos de retaguardia cuando debemos estar a la vanguardia.
Debemos plantar cara de verdad a las dificultades del siglo XXI pasando del pensamiento lineal a la adopción de enfoques integrales, innovadores y de horizontes amplios.
La innovación es esencial. Se trata también de mantener la pertinencia: de cerrar la brecha entre lo que hacemos ahora y lo que deberíamos estar haciendo para seguir el ritmo acelerado del cambio y la transformación.
Entonces, ¿cómo aplica la FAO este concepto de innovación, en particular a los sistemas agroalimentarios?
En 2022 pusimos en marcha nuestra Estrategia para la ciencia y la innovación y creamos la Oficina para la Innovación con el objeto de definir el concepto de innovación a fin de transformar los sistemas agroalimentarios encontrando maneras de alimentar a una población en aumento sin agotar los recursos naturales. Para ello se precisa de una nueva visión que lleve a actuar de manera diferente y llevar a cabo acciones distintas.
Aplicar la innovación en los sistemas agroalimentarios supone aprovechar la ciencia, la tecnología y la innovación para producir más con menos, así como velar por que los sistemas no solo no contribuyan al cambio climático o el agotamiento de los recursos, sino que también pasen a ser parte de la solución. Frente a las perturbaciones climáticas, las crisis y las recesiones económicas, exploramos una amplia gama de soluciones: innovaciones de índole no solo tecnológica, sino también social, institucional, financiera y normativa.
Por ejemplo, dentro de la tecnología es fundamental el lugar que ocupa la biotecnología. Las nuevas técnicas genómicas pueden ayudar a desarrollar variedades de cultivos más resistentes al cambio climático, la sequía, la salinidad y las plagas. Pero no basta con la tecnología: también es fundamental la innovación social. ¿Cómo podemos empoderar a las mujeres y los jóvenes para que impulsen la innovación? ¿Cómo les permitimos encontrar soluciones y trasladar descubrimientos científicos al campo? Respaldamos a mujeres y a empresarios jóvenes para que hagan exactamente eso.
También trabajamos directamente con agricultores por medio de nuestro programa emblemático de Escuelas de campo para agricultores, que lleva decenios facilitando el aprendizaje entre homólogos, gracias a lo cual los agricultores determinan problemas y encuentran soluciones juntos sobre el terreno. Ahora estamos desarrollando Escuelas de campo para agricultores 2.0, un programa que se centra en ampliar no solo los números, sino también las repercusiones. Con esta fase siguiente se pretende movilizar a comunidades rurales en su conjunto a fin de regenerar paisajes, instaurar economías inclusivas e incorporar cambios transformadores en materia de género.
Nos proponemos llegar a 50 millones de personas del medio rural para 2040 integrando herramientas digitales, ciencias del comportamiento y una financiación innovadora. Para conseguirlo, ampliamos nuestra labor dando cabida a regiones nuevas, como zonas en situación posterior a un conflicto, la ampliamos en profundidad para fomentar el cambio social y cultural duradero y la ampliamos en un nivel superior incorporando las Escuelas de campo para agricultores en políticas nacionales y estrategias del sector privado.
¿Cómo utiliza la FAO la IA y qué posibilidades cree usted que encierra a efectos de transformar los sistemas agroalimentarios?
La IA es ya un elemento central de nuestra estrategia de agricultura digital. La FAO lleva tiempo promoviendo la agricultura digital, pero la velocidad y el alcance a los que permite llegar la IA han superado las expectativas. Preveíamos que se avecinaba una revolución, pero no la imaginábamos tan rápida. Ahora debemos adaptarnos, asimilar el cambio y velar por un uso responsable y ético de la IA.
Además de ayudar a los agricultores con herramientas digitales y el internet de las cosas para hacer posible una agricultura más precisa que haga un uso eficiente de los recursos, centramos cada vez más nuestra atención en la manera en la que la IA puede elevar estos sistemas. El verdadero poder de la IA reside en su capacidad de detectar pautas y relaciones que no distinguiríamos de otro modo a fin de mejorar la eficiencia, permitir una adopción de decisiones más rápida, prever los efectos e impedir que broten enfermedades.
A escala mundial nos servimos de plataformas como el Sistema del índice de estrés agrícola (ASIS), que utiliza imágenes tomadas desde satélites para vigilar las condiciones de sequía. La siguiente generación del ASIS incorporará la IA para aumentar su precisión y su capacidad de respuesta.
Uno de nuestros proyectos más ambiciosos es la elaboración del primer gran modelo de lenguaje a nivel mundial en el ámbito agroalimentario aprovechando la abundancia de datos y conocimientos especializados mundiales de la FAO. La IA ha transformado sectores como las finanzas y la atención sanitaria, pero el ámbito agroalimentario sigue en gran medida sin explotarse. Nuestro objetivo es crear un modelo fundacional de IA que ofrezca orientación en tiempo real en el ámbito normativo, asesoramiento agronómico, estrategias climáticas y acceso a una base de conocimientos mundial, lo cual pondrá el pleno potencial de la IA a disposición de los agricultores, los responsables de las políticas, los investigadores y las empresas.
También nos hemos asociado con un proyecto paralelo de Microsoft, denominado Digital Green, para prestar a los agricultores servicios directos de asesoramiento alimentados por IA. Su plataforma está disponible en distintos idiomas, y gracias a modelos lingüísticos y de IA, tanto grandes como pequeños, los agricultores pueden acceder ahora a asesoramiento localizado y contextualizado mediante aplicaciones móviles. Actualmente ensayamos este mecanismo en Etiopía y en breve lo haremos en Mozambique, para lo cual empleamos conjuntos de datos adaptados que se centran específicamente en las necesidades agrícolas locales en lugar de datos generales de Internet.
La repercusión ya es cuantificable. Según Digital Green, los servicios de asesoramiento tradicionales podían costar antes unos 30 USD por agricultor. Las herramientas digitales redujeron el costo a 3 USD. Con la IA, el costo podría bajar a 0,30 USD por agricultor. Para los pequeños agricultores, se trata de algo más que eficiencia: se trata de un efecto transformador.