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Advierte el Vaticano. Colombia, la crisis invisible de los desplazados

Uno de los aspectos más dramáticos de la situación es el llamado «confinamiento forzado».

Ciudad del Vaticano.- Uno de los aspectos más dramáticos de la situación es el llamado «confinamiento forzado». En muchas zonas rurales, comunidades enteras no pueden salir de sus aldeas debido a la presencia de grupos armados que controlan las carreteras, los accesos y los recursos. Esto significa que las personas no solo son desplazadas, sino que, en algunos casos, también quedan «atrapadas» en esos territorios, privadas de libertad de movimiento, acceso a alimentos, atención médica y educación.

La crisis de los desplazamientos en Colombia representa hoy una de las emergencias humanitarias más graves y, al mismo tiempo, menos visibles del panorama mundial. A pesar de su magnitud, el país sudamericano ocupa el tercer lugar en la clasificación de las crisis olvidadas elaborada por el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), que cada año señala las situaciones en las que millones de personas desplazadas reciben poca atención mediática, escasa financiación y un compromiso político internacional limitado.

Más de sesenta años de conflicto armado

Colombia lleva más de sesenta años marcada por un conflicto armado interno, una de las guerras más largas de América Latina. Incluso después del acuerdo de paz de 2016 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la violencia no ha desaparecido: grupos armados residuales, organizaciones criminales y disidencias guerrilleras siguen disputándose el control de vastas zonas rurales. Esto ha generado una situación de inestabilidad crónica que afecta sobre todo a las regiones periféricas, donde el Estado tiene una presencia limitada y, a menudo, frágil. Según el NRC, millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y muchas siguen viviendo hoy en día en situación de desplazamiento interno, sin perspectivas de un regreso seguro. La crisis no afecta solo a los desplazados internos: Colombia es también un país de tránsito y acogida para un número altísimo de migrantes y refugiados venezolanos, que se suman a una población ya de por sí vulnerable. Esto genera una enorme presión sobre los servicios públicos, las comunidades locales y los sistemas de asistencia humanitaria.

 

 

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