Pablo Neruda: Poeta, diplomático, amigo, hombre pueblo, hombre Hermano
Neruda, hermano de los que buscan un lugar donde volver a empezar.
Hay poetas que escriben sobre el pueblo.
Y hay otros que bajan del pedestal y caminan con él.
Pablo Neruda fue de esos.
Poeta inmenso.
Diplomático.
Político.
Premio Nobel.
Pero también hombre de puerto, de trenes, de caminos y de pueblos.
Su poesía podía hablarle al amor, a la tierra, a la historia, a América.
Pero también podía detenerse en una cebolla, en un pan, en una piedra, en el agua.
Porque Neruda entendió algo que parece sencillo y no lo es:
la poesía también vive en las cosas humildes.
Fue cónsul en distintos lugares del mundo. Conoció Asia, Europa y América. Estuvo en España cuando la guerra convirtió las palabras en trincheras y la amistad en riesgo.
Y entonces el poeta tomó partido.
No solamente con sus versos.
En 1939 fue enviado a Francia como cónsul para la emigración española. Allí trabajó para sacar de los campos y del desamparo a refugiados españoles y ayudarlos a llegar a Chile.
De aquella gestión nació uno de los episodios más humanos de su vida: el viaje del Winnipeg, el barco que llevó a Chile a centenares de refugiados.
Ahí está Neruda.
No solamente frente a una máquina de escribir.
También frente a una lista de nombres.
Frente a un hombre que necesita un documento.
Frente a una familia que busca un barco.
Frente a quien perdió su casa y necesita otro puerto.
Después vendría la política.
El Senado.
El exilio.
El regreso.
Y vendría también el Premio Nobel de Literatura en 1971.
Pero los premios no explican a Neruda.
Lo explica mejor su mirada.
La mirada hacia el trabajador.
Hacia el campesino.
Hacia el marinero.
Hacia el minero.
Hacia la mujer que lava la ropa.
Hacia el hombre que vuelve cansado a su casa.
Hacia América.
Hacia ese continente enorme que quiso convertir en palabra.
Porque fue poeta, sí.
Pero también fue pueblo.
Y quizá por eso sus versos todavía caminan.
No solamente por las bibliotecas.
Caminan por los puertos.
Por las plazas.
Por los campos.
Por las casas.
Por la memoria de quienes alguna vez necesitaron una mano.
Pablo Neruda.
Poeta.
Diplomático.
Político.
Premio Nobel.
Pero, antes que todo eso,
hombre entre los hombres.
Hermano de los que trabajan.
Hermano de los que esperan.
Hermano de los que buscan un lugar donde volver a empezar.
