Cultura

El INAH y la UNAM examinan icónico retrato de Sor Juana, realizado por Miguel Cabrera

Ciudad de México 17 de febrero de 2026.-  En 1695, mientras la vida del “Fénix de América” se consumía en el Claustro de San Jerónimo, en la Ciudad de México, nacía en Antequera, Oaxaca, Miguel Mateo Maldonado y Cabrera quien, 55 años más tarde, realizaría un retrato de la monja, “un monumento que erige ante nosotros el espacio de un rito: sor Juana aparece, se ofrece en espectáculo y se aleja”, describe Octavio Paz en Las trampas de la fe.

El cuadro, una de las joyas de la colección pictórica del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec (MNH), es motivo del proyecto de investigación, conservación y museología “Una imagen de aliento y cenizas. El retrato de Sor Juana entre la materia y la memoria”, impulsado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Entre el 3 y el 13 de febrero, el público tuvo la oportunidad de ver cómo especialistas examinaron la obra, mediante técnicas no invasivas de imagenología y de espectroscopía, a fin de conocer los materiales y su método de aplicación, evaluar el estado físico-químico y, en consecuencia, tomar las mejores decisiones para su conservación y exhibición en la Sala 3, dedicada a la formación de la identidad criolla.

La alianza del MNH, mediante el Departamento de Restauración, con el Instituto de Física de la UNAM, a través del Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural y el proyecto de investigación MAPEoS, cuenta con la colaboración del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Museos.

El director del MNH, Salvador Rueda Smithers, explica que para el retrato de sor Juana Inés de la Cruz —que le debió ser comisionado por la superiora de la orden jerónima en 1750—, Miguel Cabrera se inspiró en el realizado por el artista español Juan de Miranda. En ambos se representa a la Décima Musa en su treintena, cuando, reconvenida por su confesor Antonio Núñez de Miranda, retornó a la clausura.

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