Ecologia

El final del Paleozoico acarreó una extinción masiva de especies

  • Es considerado uno de los cinco eventos de mortandad de mayor impacto en la Tierra
  • Murieron 9 de 10 variedades marinas y siete de 10 terrestres
  • En México la vida antes del fenómeno ya estaba en decadencia por la intensa actividad volcánica, dice Blanca Buitrón, de la AMC

20 de enero de 2017.- Hace 250 millones de años el mundo era muy distinto. No figuraban los seres humanos ni los dinosaurios. Existía un mundo unitario o supercontinente llamado Pangea y un superocéano, Panthalassa, en el que la vida florecía. Reinaban los peces sobre el planeta junto con otras formas de vida marinas como algas, esponjas, corales, braquiópodos, moluscos bivalvos, gasterópodos y equinodermos. Sin embargo, diversos fenómenos incidieron en el fin de la era Paleozoica y con ella la desaparición masiva de especies.

El evento es conocido como la extinción del Pérmico/Triásico o La Gran Mortandad, en el que murieron nueve de 10 especies del mar y siete de 10 terrestres. Con tan escasa biodiversidad resultante, la vida tardó mucho tiempo en recuperarse. Numerosas ramas evolutivas del árbol de la vida desaparecieron, dejando a muy pocos representantes disponibles para repoblar el planeta.

Quedan en el mundo vestigios fosilizados de esta vida marina, testigos de la catástrofe. Los crinoideos, clase de equinodermos mejor conocidos como lirios de mar, eran muy abundantes en el Paleozoico; se conocen de estos unas 5 mil especies fósiles características por su forma de flor.

“Existieron cinco órdenes: cuatro se extinguieron en La Gran Mortandad y actualmente queda una orden de crinoideos que apareció en el Ordovícico –periodo que duró 40 millones de años dentro del Paleozoico–, estos son los erizos, pepinos y estrellas de mar a los que se considera el grupo viviente más antiguo”, comentó la paleontóloga Blanca Buitrón Sánchez.

Las cuatro órdenes de la clase crinoidea extinta no soportaron el aumento de 5 grados Centígrados de temperatura del mar ni que se acidificara. Además, hubo bacterias que estaban produciendo sulfuro de hidrógeno que salía a la atmósfera y esto probablemente también mató a los organismos marinos y terrestres.

Hay en el mundo unas 650 especies de equinodermos, de las cuales sólo 80 representan a los lirios de mar, pues tienen un pedúnculo o tallo que los hace similares a las flores y los mantiene fijos al fondo marino además de poseer un endoesqueleto de naturaleza calcárea. No son fáciles de observar porque se encuentran a 100 metros de profundidad o más.

La investigadora del Departamento de Paleontología del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señaló que de Phylum echinodermata se tienen escasos ejemplares en el país. Hay algunos fósiles de la Sierra Agua Verde en Sonora que datan del Silúrico y del Pérmico; se tienen placas articulares de crinoides recolectadas en Pemuxco, Hidalgo.

Los crinoides que sobrevivieron y evolucionaron lo hicieron, de acuerdo con la integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), porque tienen endoesqueleto o epidermis que los cubre, además de que poseen dos sustancias que les sirven para la contracción muscular: el fosfato de creatinina y el fosfato de guanina. Uno permanece en los invertebrados y otro en los vertebrados. Están representados por los crinoides pedunculados y libres, nombrados estrellas plumosas, entre ellos, los comatúlidos y saccocómidos.

Causas de La Gran Mortandad

La especialista en gasterópodos y crinoides del Paleozoico y Mesozoico de México comentó que la vida antes de la gran extinción ya se encontraba en decadencia debido a una intensa actividad volcánica. En Siberia erupciones masivas produjeron enormes flujos de basalto que durarían miles de años. Se estima que fluyeron 1.5 millones de kilómetros cúbicos de lava cubriendo la superficie equivalente a Europa Occidental. La región volcánica que quedó es conocida como escaleras siberianas y forman una gran provincia ígnea.

Otra hipótesis que se contempla es que, además de los movimientos de las placas tectónicas que dieron lugar a Pangea, también influyó el impacto de un objeto extraterrestre. Está documentado que sí ocurrió, hay un gran cráter en la tierra de Wilkes, en la Antártida. En Hungría, Japón y China se encontraron señales de una colisión entre nuestro planeta y un asteroide de seis a 12 kilómetros de ancho, y esto se ha corroborado con el hallazgo de moléculas en forma de balón llamadas fulerenos con helio y argón, muy comunes en cometas y asteroides, indicó Buitrón Sánchez, quien dio la conferencia Extinciones masivas a lo largo del Paleozoico, causas y efectos, en la Reunión General de la AMC Ciencia y Humanismo II.

Con información de: http://www.jornada.unam.mx/

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