El partido más visto de EU, atravesado por la política y la migración
La final de la NFL volvió a ser un escaparate del nacionalismo, la polarización social y el rechazo a la política migratoria de Trump
Ciudad de México, 09 de febrero del 2026.- El Supertazón volvió a demostrar que no es sólo el mayor espectáculo deportivo de Estados Unidos, sino también un escenario donde se proyectan las tensiones políticas, sociales y culturales que atraviesan al país. En medio de símbolos patrióticos, récords millonarios y un consumo masivo, la final de la NFL reflejó el clima de polarización marcado por el rechazo al presidente Donald Trump y las protestas contra su política migratoria.
La edición 60 del partido por el campeonato coronó a Seattle tras imponerse 29-13 a Nueva Inglaterra, en un encuentro que combinó espectáculo, negocio y mensajes políticos. Mientras aviones militares sobrevolaban el estadio y una bandera gigante acompañaba la interpretación del himno nacional, el evento transcurrió bajo la sombra de un gobierno decidido a profundizar una agenda de control migratorio sin precedentes.
El presidente Trump se ausentó del Supertazón, decisión que contrastó con el carácter simbólico del encuentro como celebración nacional. Aunque en redes sociales exaltó al futbol americano como reflejo de la “determinación y disciplina” del país, su ausencia del palco presidencial fue interpretada como un gesto político más en un contexto de creciente distanciamiento entre el gobierno y amplios sectores de la sociedad.
Dentro del campo, la victoria de Seattle significó también una reivindicación de la escuela clásica del juego, centrada en la lectura táctica y la protección del mariscal de campo, frente a estilos más arriesgados de la nueva generación. Sam Darnold condujo con eficacia a los Halcones Marinos y respaldó una actuación histórica del pateador Jason Myers, figura clave en el marcador final.
Fuera de las jugadas, la protesta se hizo visible. La difusión en redes sociales de imágenes de aficionados mostrando una toalla con la consigna ICE Out, en rechazo al Servicio de Control Migratorio, evidenció que la inconformidad social logró colarse incluso en el evento más controlado del calendario deportivo estadounidense.
El espectáculo de medio tiempo, encabezado por Bad Bunny, y las críticas posteriores del presidente en redes sociales, añadieron un nuevo capítulo a la confrontación cultural que divide al país. En paralelo, las casas de apuestas estimaron que el partido movió alrededor de mil 760 millones de dólares, confirmando que el Supertazón es también una maquinaria económica de dimensiones colosales.
Más allá del resultado deportivo, la final de la NFL dejó en claro que, en Estados Unidos, el deporte ya no puede desligarse del debate político. El Supertazón se mantiene como un espejo de las contradicciones de una nación que celebra su identidad mientras exhibe sus fracturas más profundas.
