República Checa cierra su última mina de carbón negro y clausura una era industrial
- La caída de precios y la transición energética ponen fin a más de 250 años de minería profunda en la cuenca de Ostrava
16 de enero del 2026.- A finales de enero cerrará el último pozo de carbón negro en República Checa, un hecho que simboliza el fin de más de dos siglos y medio de minería profunda y de una actividad que sostuvo el auge de la industria pesada en Europa Central. Las últimas toneladas se extraen este mes desde más de un kilómetro de profundidad en la mina CSM, ubicada en Stonava, en la frontera con Polonia.
El cierre se produce en un contexto marcado por la caída de los precios internacionales del carbón y por la transición industrial y ambiental impulsada en Europa, factores que han reducido de forma sostenida la demanda de un recurso que durante décadas fue estratégico para la región.
La empresa estatal OKD, operadora de la mina, tenía previsto el cierre desde hace tres años. No obstante, la invasión rusa a Ucrania en 2022 alteró los mercados energéticos y permitió una breve extensión de las operaciones.
En los túneles subterráneos, los mineros recorren por última vez los pasillos oscuros iluminados por los faros de sus cascos, mientras las máquinas perforan el frente del carbón. “Es triste que esto termine; es un trabajo duro, pero honesto”, expresó Grzegorz Sobolewski, minero polaco que analiza buscar empleo en minas aún activas en su país.
“El ruido de la esquiladora se va a extrañar”, comentó, en referencia a la máquina que separa el carbón de la veta, mientras el estruendo metálico que definió a la cuenca durante generaciones está por extinguirse.
El director de OKD, Roman Sikora, explicó que la creciente profundidad de la mina terminó por convertirse en su principal limitante. “Los precios del carbón son bajos y los costos de extracción aumentan conforme descendemos a mayores profundidades”, afirmó.
La minería en la región de Ostrava comenzó a finales del siglo XVIII y transformó una zona rural del imperio de los Habsburgo en un centro industrial. Inversionistas privados financiaron ferrocarriles, acerías e infraestructura que atrajeron a decenas de miles de trabajadores y consolidaron la región como un eje de la industria pesada.
Tras la nacionalización comunista en 1948, la actividad minera vivió su mayor auge. En la década de 1980, más de 100 mil mineros trabajaban en la cuenca y OKD alcanzó una producción anual de hasta 25 millones de toneladas.
El colapso del bloque comunista en 1989 marcó el inicio del declive. Las minas cerraron de manera progresiva y miles de trabajadores perdieron su fuente de empleo. La quiebra de OKD hace una década llevó al Estado a asumir la empresa para su liquidación.
Para octubre del año pasado, la producción anual había caído a 1.1 millones de toneladas y la plantilla se redujo a 2 mil 300 trabajadores, con el anuncio de mil 550 despidos adicionales en los próximos meses, en lo que representa el cierre definitivo de una etapa histórica para la industria y la región.
