En seminario, abordan expresiones sonoras como remedio a la viruela en las misiones jesuitas
- La investigadora de El Colegio de México, Miriam García, analizó esta reacción de las poblaciones originarias ante las epidemias del periodo colonial
- Para el subdirector de la fonoteca del INAH, Benjamín Muratalla, muchos de estos sonidos aún subsisten, a través de las músicas tradicionales
Ciudad de México 09 de enero de 2026.- Los sonidos ritualizados generados en las misiones jesuitas del Imperio español, traducidos como actos desesperados frente al miedo de morir por causa de la viruela, fueron abordados en la última sesión del seminario en línea “Antropología, historia, conservación y documentación de la música en México y en el mundo”, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de su fonoteca.
En la conferencia “Mostrad ahora vuestro poder en sanarlos”: peste y rituales sonoros en las misiones jesuitas en la América española, la investigadora de El Colegio de México, Miriam García Apolonio, analizó las reacciones de las poblaciones originarias en torno a las epidemias y las medidas que tomaban para evitarlas, dado que, bajo la lógica de los misioneros, tales afecciones eran la respuesta de Dios hacia la idolatría y las conductas concupiscentes.
A partir de datos etnográficos de diversos documentos de la Compañía de Jesús, resguardados en bibliotecas de España, Italia, Estados Unidos o Brasil, la especialista analizó esas reacciones, con énfasis en las de miedo, dolor, arrepentimiento, aversión, desolación, incertidumbre o esperanza, reflejadas en eventos públicos como procesiones, disciplinas de sangre y cantos colectivos.
Expuso que, aunque los misioneros jesuitas recurrieron al uso de antídotos terrenales, como la herbolaria, o medidas profilácticas para salvar a los indígenas de la viruela, para ellos la única cura que podía salvarlos era el poder divino. Dios, la Virgen y los santos estaban por encima de esos remedios temporales y tenían la última palabra sobre quiénes vivían y quiénes no.
Es por ello que se recurrió a expresiones sonoras que tuvieron funciones no solo rituales, sino políticas, expresadas en diversos aspectos de la vida cotidiana y religiosa, y que incluyeron fiestas con misas cantadas, procesiones, repique de campanas y tiros de escopeta, así como el canto de las Letanías lauretanas o la Salve Regina, por parte de los indígenas.
García Apolonio expuso que ese repertorio se escuchó en las provincias misionales jesuitas, desde Sonora, Sinaloa y la Tarahumara, en el norte de México, hasta Sudamérica, a través de una red de circulación y distribución. “Había muchas más piezas, no tan elaboradas como estas, sino más monódicas, ya que en tiempos de epidemias o de pestes difícilmente se podía armar un coro y hacer toda una polifonía. Entonces, el tipo de expresiones sonoras eran austeras”, dijo.
Como ejemplo de su uso en contextos de epidemias, la investigadora citó el caso de la Letanía Lauretana en Fa, de Domenico Zipoli (1688-1726), que se encuentra en el archivo musical de la misión jesuítica de Chiquitos, en Bolivia. Esta composición se cantaba para los enfermos, quienes, a su vez, la entonaban en la capilla del hospital si su salud lo permitía.
Más allá de las narraciones jesuíticas de los milagros derivados de las procesiones o por encomendarse a las divinidades católicas, la investigadora subrayó la insistencia de cambiar las conductas de las sociedades indígenas. “Al señalar sus comportamientos como inapropiados o culposos y como la causa de las pestes, se justificó el proceso de dominio y de disciplinamiento social, en el que se les presionó para que sustituyeran ciertos modales por otros más piadosos”, aseveró.
La historiadora externó que, si bien su investigación es de magnitud continental, las únicas misiones que conservan este legado musical, a través de partituras, son las de Chiquitos, Moxos (Bolivia) y Chiloé (Chile), mientras que de aquellas ubicadas en el septentrión novohispano no se ha encontrado ningún registro, hasta ahora.
Por último, el subdirector de la Fonoteca del INAH, Benjamín Muratalla, complementó que muchos de estos cantos se fusionaron con la música de los antiguos mexicanos que habitaron esas comarcas, subsistiendo a través de las músicas tradicionales y en la liturgia de las misas aborígenes, que continúan celebrándose en latín.
