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Expertos advierten que captura de Maduro inaugura una nueva fase de presión geopolítica de Estados Unidos

  • Especialistas sostienen que la política exterior de Trump apunta a Venezuela, Cuba, México, Colombia y otros territorios mediante nuevas formas de coerción.

Ciudad de México, 07 de enero del 2026.- La detención del presidente venezolano Nicolás Maduro es interpretada por analistas como el punto de partida de una estrategia más amplia del gobierno de Donald Trump para reafirmar la influencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental. De acuerdo con especialistas consultados, la política de presión no se limitaría a Venezuela y podría extenderse a países como Cuba, México, Colombia e incluso a territorios estratégicos fuera de América Latina, como Groenlandia.

A diferencia de administraciones anteriores, que recurrieron abiertamente a invasiones o prolongadas ocupaciones militares, la actual Casa Blanca habría optado por mecanismos de intervención menos convencionales. Expertos señalan que el uso de operaciones encubiertas, secuestros selectivos, ataques con drones, guerra sicológica y coerción política conforman ahora el núcleo de una estrategia orientada a preservar el dominio de Washington sin incurrir en conflictos armados de gran escala.

Antes de la captura de Maduro, diversos medios estadounidenses informaron sobre contactos de agencias de inteligencia con actores internos del gobierno venezolano. Tras la operación militar, filtraciones del Pentágono sugirieron que funcionarios y mandos castrenses de alto nivel habrían colaborado con Estados Unidos, mientras publicaciones como Financial Times y The Wall Street Journal aludieron a supuestas negociaciones discretas sobre una transición política en Caracas.

Aunque estas versiones fueron desmentidas por el propio Trump, quien negó cualquier comunicación previa con la actual presidenta interina, Delcy Rodríguez, las especulaciones han persistido. De acuerdo con analistas, esta ambigüedad forma parte de una estrategia para generar incertidumbre política en Venezuela y fortalecer la narrativa de control en Washington.

Fulton Armstrong, ex funcionario de inteligencia estadounidense y académico especializado en América Latina, señaló que algunos sectores del gobierno de Trump pudieron haber calculado que sería posible influir sobre el nuevo liderazgo venezolano tras la captura de Maduro. Sin embargo, advirtió que este tipo de suposiciones suelen alimentar confusión en contextos de reconfiguración institucional, como el que atraviesa Venezuela.

La política de presión se extiende también hacia Cuba. De acuerdo con reportes de prensa en Estados Unidos, la Casa Blanca considera que el debilitamiento del gobierno cubano es un objetivo estratégico asociado a la salida de Maduro del poder, en un escenario marcado por la reducción del suministro energético hacia la isla.

En paralelo, Trump ha endurecido su discurso contra México y Colombia, al negarse a descartar el uso de la fuerza contra organizaciones criminales en ambos países. Estas declaraciones han generado inquietud en sectores políticos y empresariales, que temen una escalada similar a la aplicada recientemente en Venezuela.

Las tensiones alcanzaron además a Groenlandia, luego de que figuras clave del entorno presidencial estadounidense cuestionaran abiertamente la soberanía danesa sobre el territorio. Si bien el secretario de Estado aclaró posteriormente que Washington buscaría una vía de negociación y no una intervención armada, las declaraciones reforzaron la percepción de una política exterior basada en el ejercicio directo del poder.

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