El historiador José Iván Borges Castillo comparte reflexiones en torno al fin del mes de los finados.
Mérida, Yucatán, a 30 de noviembre de 2025.-Las costumbres relacionadas con los días de finados en Yucatán son parte esencial de la riqueza cultural del territorio; más allá de invenciones recientes o nuevos ritos, la tradición oral continúa siendo la base para el rescate y la conservación de este patrimonio intangible, señaló el historiador José Iván Borges Castillo.
El también presidente de la Unión de Escritores Comunitarios explicó la diferencia entre celebración y conmemoración en torno a los fieles difuntos.
Detalló que, desde la perspectiva católica, se cree que la mayoría de las almas van al purgatorio antes de llegar al cielo, mientras que en el pensamiento maya sincretista se considera que todas las almas viajan al mitnal.
«¿Qué creen los mayas sincretistas? Creen que cuando tú mueres el alma no va al cielo o al infierno, sino que se va al mitnal. Todas las almas van ahí. Si fuiste bueno, en ese espacio tendrás paz y disfrutarás de los placeres, como la comida. Pero quienes vivieron fuera de las normas de la comunidad estarán en ese lugar trabajando», explicó.
Agregó que diversos relatos orales permiten entender cómo funciona el mitnal y qué tipo de trabajos reciben ahí las personas consideradas malas. Asimismo, recordó que, según la tradición, todas las almas regresan durante estas fechas: las que descansaron vienen a convivir con la familia, mientras que las que trabajaron vuelven a casa para reposar. Este principio, señaló, es clave para comprender las prácticas vinculadas al culto de finados.
Durante este ejercicio de divulgación organizado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), Borges Castillo compartió que, si bien cada hogar y comunidad posee rasgos culturales propios, existen manifestaciones especialmente singulares, como ocurre en Xohuayán, comisaría de Oxkutzcab.
«El 1 y 2 de noviembre hay enfrentamientos con pólvora. Una de las explicaciones que se da es que durante estas fechas, ‘el diablo está suelto’ y la gente debe quedarse en su casa. Se dice que esta actividad es una medida cautelar para que todos permanezcan en sus hogares», detalló.
Esta práctica ha sido estudiada por la antropóloga Flor López Bates y el antropólogo Édgar Santiago Pacheco en su obra Por los rumbos de Yucatán: fiestas y tradiciones.
Como parte de esta reflexión, la doctora María Fernanda Apipilhuasco, postdoctorante del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas) Peninsular, se ha interesado en la riqueza y complejidad de los rituales mortuorios en el área maya, donde prácticas como la limpieza de huesos en Pomuch muestran una relación profunda entre memoria, territorio y comunidad.
Sus estudios subrayan que las políticas de patrimonialización deben realizarse con sensibilidad, reconociendo que estos rituales no son espectáculos, sino expresiones vivas que conectan a las familias con sus antepasados. Por ello, insiste en que cualquier acción de difusión o protección cultural debe priorizar la voz de las comunidades que sostienen estas tradiciones.
En ese contexto, Borges Castillo destacó que el rigor científico y la sinceridad de quienes investigan estas tradiciones son fundamentales para evitar interpretaciones erróneas o prácticas descontextualizadas.
«Yo haría, por ejemplo, un concurso sobre el cementerio de mi pueblo; un concurso de relatos de finados o de oratoria. Creo que hace falta enseñar qué es el día de finados más que solo ejecutarlo, porque luego podemos entrar en algún conflicto religioso y la escuela debe ser laica. Aprovechemos la iniciativa de las y los jóvenes para participar, pero integremos poco a poco la tradición oral», propuso.
Finalmente, recordó que la tradición oral también revaloriza a las personas adultas mayores. «Poner a los abuelos en el lugar que se merecen, como fuente de saber y experiencias, abona al humanismo puro», concluyó.
Para el Gobierno del Renacimiento Maya, la conservación y estudio de estas prácticas, ya que rescatar los saberes locales e impulsar la investigación antropológica y científica permite comprender mejor la identidad yucateca y garantiza que las futuras generaciones reconozcan y valoren el patrimonio vivo que distingue a Yucatán.
