Venezuela reivindica soberanía petrolera tras acuerdo energético con EU
- Delcy Rodríguez afirma que el convenio con Washington tendrá una vigencia de 25 años y permitirá elevar la producción a más de 1.5 millones de barriles diarios
Caracas, 30 de agosto del 2026.- La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, defendió el acuerdo energético suscrito con Estados Unidos y aseguró que la apertura de la industria petrolera al capital estadunidense no implica una cesión de la propiedad de los recursos naturales del país.
En un mensaje dirigido a la nación en cadena nacional, la mandataria sostuvo que Venezuela conservará la propiedad y soberanía sobre sus reservas de crudo, mientras recurrirá a capital, tecnología y capacidad operativa de Estados Unidos para recuperar una industria estratégica afectada durante años por las sanciones.
“Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre sus recursos”, afirmó Rodríguez, al presentar los principales términos del convenio y justificar la participación de capital extranjero como una vía para reactivar la producción petrolera y obtener recursos para atender las necesidades económicas y sociales del país.
La presidenta interina argumentó que las reservas de hidrocarburos deben traducirse en beneficios concretos para la población y no permanecer únicamente como activos contabilizados bajo tierra.
Acuerdo tendrá vigencia de 25 años
Rodríguez precisó que el convenio tendrá una duración de 25 años y rechazó las versiones difundidas en redes sociales que señalaban que el acuerdo permitiría a Estados Unidos explotar el petróleo venezolano durante un siglo.
Explicó que el pacto contempla 17 campos petroleros, además de ocho bloques denominados “verdes” o greenfields, correspondientes a nuevas áreas de explotación que actualmente carecen de infraestructura.
La meta establecida para la alianza energética es superar una producción de 1.5 millones de barriles diarios. Bajo el esquema planteado por Caracas, Venezuela aportará sus reservas, infraestructura industrial y la experiencia acumulada durante más de un siglo por sus trabajadores petroleros, mientras Estados Unidos contribuirá con recursos financieros y tecnología.
De acuerdo con Rodríguez, el mecanismo permitiría al país obtener producción, empleos, inversión en infraestructura, mayores ingresos fiscales y una mayor integración de proveedores nacionales a la actividad petrolera.
La funcionaria estimó que los beneficios para el Estado venezolano podrían alcanzar 209 mil 335 millones de dólares, tomando como referencia un precio promedio de 65 dólares por barril.
Según sus cálculos, aproximadamente 19 dólares de cada barril producido y comercializado ingresarían directamente a Venezuela.
Diferencias con la apertura de los años 90
Rodríguez estableció una comparación con la denominada Apertura Petrolera de la década de 1990 y sostuvo que el nuevo acuerdo presenta condiciones distintas para el Estado venezolano.
Recordó que durante aquella etapa se otorgaron a empresas trasnacionales condiciones que contemplaban regalías de apenas 1 por ciento y una tasa de Impuesto Sobre la Renta de 34 por ciento.
En contraste, afirmó que el convenio actual establece un piso mínimo de regalías de 16 por ciento, al tiempo que conserva la tasa de Impuesto Sobre la Renta en 34 por ciento.
La presidenta interina presentó estos elementos como parte de un modelo mediante el cual Caracas busca atraer inversión extranjera sin renunciar formalmente al control soberano sobre sus recursos energéticos.
Giro diplomático hacia Washington
Rodríguez también ubicó el acuerdo dentro de una modificación de la política exterior venezolana. Señaló que su gobierno optó por privilegiar una estrategia de diálogo y negociación con Estados Unidos, a la que definió como un camino diplomático para contribuir a la recuperación económica del país.
La mandataria sostuvo que la cooperación energética con Washington permitirá movilizar recursos y capacidades necesarias para recuperar una industria considerada estratégica para Venezuela.
El convenio representa así un cambio significativo en la relación entre ambos gobiernos, al colocar al sector petrolero como uno de los principales instrumentos para impulsar la recuperación económica venezolana y, al mismo tiempo, redefinir los términos de la relación energética con Estados Unidos.
