Importaciones de maíz dominan el mercado nacional; productores intensifican presión contra el T-MEC
Organizaciones campesinas denuncian desplome de precios por competencia externa; gobierno advierte riesgos en modificar el acuerdo comercial
Ciudad de México, 07 de abril del 2026.- El creciente volumen de importaciones de maíz en México, principalmente desde Estados Unidos, ha detonado un nuevo ciclo de inconformidad en el sector agrícola, que mantiene un paro nacional con bloqueos carreteros en diversas regiones del país. Los productores acusan que la apertura comercial consolidada en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha profundizado la crisis del campo, al favorecer la entrada de grano extranjero a precios que consideran desleales.
Entre las principales demandas destaca la exclusión del maíz blanco y otros granos básicos del acuerdo comercial, bajo el argumento de que el dumping ha provocado una caída sostenida en los precios nacionales, afectando de manera directa a pequeños y medianos productores. Asimismo, exigen seguridad en las carreteras ante el incremento de robos y extorsiones, así como el cumplimiento de compromisos asumidos por el gobierno federal en noviembre de 2025.
El trasfondo de esta disputa se remonta a la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, que abrió de manera gradual el mercado agropecuario. Desde entonces, las importaciones de maíz estadunidense han crecido de forma exponencial: de 286 mil 874 toneladas en 1993 a más de 26 millones de toneladas en 2025, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).
Este incremento —equivalente a un alza de 9 mil por ciento— ha llevado a que actualmente uno de cada dos kilogramos de maíz consumido en México sea importado. En términos económicos, el valor de estas compras pasó de 35 millones de dólares a más de 5 mil 900 millones en el mismo periodo.
Especialistas y organismos internacionales advierten que este modelo ha favorecido la concentración del mercado en manos de grandes corporaciones agroindustriales. De acuerdo con Ana de Ita, directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, empresas como Archer Daniels Midland, Bartlett y Cargill concentran cerca de la mitad de las exportaciones hacia México, con capacidad para influir en los precios globales mediante operaciones comerciales y especulativas.
Diversos análisis también vinculan la apertura comercial con transformaciones estructurales internas, como la reforma al artículo 27 constitucional, que facilitó la privatización de tierras ejidales y comunales, así como la desaparición de mecanismos estatales de regulación como la Conasupo.
No obstante, el gobierno federal ha rechazado la posibilidad de modificar de fondo el acuerdo comercial. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, advirtió que excluir productos agrícolas del T-MEC podría generar represalias en sectores estratégicos de exportación, como el de berries y aguacates. “No nos conviene”, señaló, al insistir en que la estrategia debe centrarse en fortalecer la competitividad interna.
En la misma línea, especialistas en comercio internacional subrayan que cualquier intento de imponer aranceles en el sector agropecuario obligaría a México a conceder en otras áreas, como la industria automotriz o manufacturera. Sin embargo, plantean alternativas como la implementación de cupos de importación, que permitirían regular el ingreso de granos bajo esquemas arancelarios diferenciados.
Mientras tanto, la dependencia del maíz extranjero continúa en ascenso, en un escenario donde la producción nacional enfrenta presiones estructurales y el debate sobre la soberanía alimentaria vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública.
