Cultura

Guadalajara, Barcelona y el galardonado con el Premio FIL coincidieron en que la literatura es el vehículo para un presente y un futuro con más esperanza

Guadalajara, Jalisco, a 30 de noviembre de 2025.- Poco después de las once de la mañana, Carlos Maciel, el maestro de ceremonias que ya es marca registrada de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), exhortó al público invitado a que tomara sus sillas para comenzar el acto de inauguración de la Feria, y la entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. Como ya es costumbre, el acto protocolario contó con la participación de una variedad de autoridades políticas, sociales y culturales, que celebraron el comienzo oficial de los nueve días en los que los libros estarán en boca de todos en Guadalajara, en México y los países de habla hispana, principalmente.

En cada una de las participaciones se aprovechó para resaltar la importancia de la literatura para superar los tiempos actuales. Karla Planter, la primera mujer rectora de la Universidad de Guadalajara, puso de relieve la importancia de la obra del ganador del Premio FIL, el escritor franco-libanés Amin Maalouf, por sus esfuerzos intelectuales al hablar de la época actual. «La escritura y la lectura son parte del desarrollo del pensamiento crítico», dijo antes de señalar que la Feria es una zona abierta a toda la pluralidad, un espacio para el intercambio de las ideas. José Trinidad Padilla López, presidente de la FIL, le dio la razón a Planter: «Tal como la concibió Raúl Padilla, la FIL es un encuentro para honrar la libertad editorial, una evocación del diálogo» que recuerda que la lectura no es un acto de consumo, sino «la trinchera de lo incómodo», en donde se lleva a cabo una conversación entre el libro y quien lo lee. Aprovechó también para mencionar que la familia de Juan José Arreola ha donado la biblioteca del escritor a la Universidad de Guadalajara, y que estará resguardada en la biblioteca pública del estado, que lleva su nombre.

«Barcelona viene con todo», declaró con entusiasmo la directora de la FIL, Marisol Schulz Manaut, al mencionar la variedad de disciplinas de la ciudad Invitada de Honor de este año, a las que podrán asistir los miles de lectores que peregrinan en sus pasillos cada año. Si quedaba alguna duda al respecto, Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, lo confirmó sin atisbos: la ciudad entera estará presente con un ambicioso programa científico, académico, musical, gastronómico y literario, en el que se incluyen nuevas voces, muchas de ellas femeninas, que se tradujeron del catalán al español especialmente para esta edición de la Feria. «Hoy, Barcelona cumple el sueño de ser invitado a la FIL», compartió Collboni, reconociendo también lo que su cultura le debe a México, cuando el país fue refugio de escritores que pudieron continuar su oficio en catalán durante el exilio republicano. «A Mèxic salvem les nostres paraules» («En México salvamos nuestras palabras»), dijo.

Antes de que se realizara la entrega del Premio FIL en Lenguas Romances, Marcelo Ebrard, secretario de Economía, otorgó a Planter, y a Schulz, un certificado (el primero en México, precisó) por el proceso de excelencia bajo el que la Feria se ha convertido en la más importante de las letras hispanas, en representación de la presidenta, Claudia Sheinbaum.

Tal y como se ha efectuado en otras ocasiones, el micrófono quedó libre para la representante del jurado, Carmen Alemany Bay. Al hacer la lectura del acta que se firmó en agosto de este año, mencionó que Amin Maalouf es una de las voces más importantes en la literatura actual porque «explora con lucidez las fracturas y los mestizajes del mundo moderno. Sus novelas y ensayos exploran la memoria y el exilio, a la vez que rechazan al nacionalismo o la religión» como solución a las divisiones contemporáneas. En su elogio al autor, el escritor mexicano Jorge Volpi siguió esta reflexión con las propias que ha coleccionado desde que descubrió la obra de Maalouf, donde ha encontrado a alguien que «reinventa lúcidamente el pasado para mostrarnos quiénes somos hoy y el que, con inquietante clarividencia, nos confronta con quiénes podríamos llegar a ser en un futuro, por desgracia, posible.»

Amin Maalouf, quien llama la atención por su bufanda blanca sobre un traje oscuro y una melena canosa que se resiste a permanecer aplanada, se acercó al podio sin prisa y con una sonrisa afable. Mientras leía su discurso en francés, un par de pantallas proyectaron la traducción de sus palabras, que dejaron en claro por qué su obra ensayística de los últimos años es tan relevante para quien llega a su literatura.

Por un lado, no tuvo reparo en expresar la admiración que tiene ante los descubrimientos tecnológicos, que permiten que tenga «al alcance de mis dedos, en cualquier momento, todo el conocimiento del universo; que podría conversar cara a cara con mis hijos y mis nietos, al otro lado del planeta; que podría participar en una conferencia en Milán, en México»; por otro, señaló que nunca habría pensado que la violencia seguiría aumentando, que la democracia se vería debilitada, que las guerras no iban a desaparecer.

Pero Maalouf todavía tiene esperanza, a pesar de lo que ha visto a lo largo de su vida. “Nunca volveremos al mundo de antes», expresó sin amargura, «Podemos lamentarlo o celebrarlo, pero en todo caso debemos ser conscientes de ello para poder avanzar”. Reconoció la importancia del esfuerzo colectivo para superar los retos del momento, que se mueven a una velocidad vertiginosa, y es labor de la humanidad elevarse «por encima de sus codicias, de sus egoísmos, de sus prejuicios». Confió en una de las misiones de la literatura, que puede llevar por dos caminos. “O sobrevivimos juntos, o desaparecemos juntos… Porque es a ella [la literatura] —es decir, a todos nosotros— a quien le corresponde reparar el presente e imaginar el futuro”. El auditorio Juan Rulfo explotó en aplausos.

Finalmente, una tradición cambió este día: no escuchamos a Carlos Maciel hacer los honores y declarar inaugurada «la trigésima novena Feria Internacional del Libro en Guadalajara» a las 13 horas con 21 minutos, sino que fue Pablo Lemus, gobernador de Jalisco, quien hizo la declaratoria.

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