Cultura

Presentan edición conmemorativa de la obra cumbre de Francisco Tario.

La obra de Francisco Tario continúa vigente en la literatura de América Latina y el autor sigue siendo de culto sobre todo entre los jóvenes, aunque haya sido publicado por editoriales importantes, coincidieron en señalar los presentadores de la edición conmemorativa de Una violeta de más a 50 años de su aparición original.

Francisco Tario (Ciudad de México, 1911-Madrid, 1977) no figuró en los círculos literarios de la época; sin embargo, Julio Farell, hijo de Tario, relató el jueves que aunque no se vieron jamás, existía una relación de lectura y admiración recíproca de su padre con el escritor rumano Emil Cioran, por intermedio de Esther Seligson.

Además, Francisco Tario era visitado por Carlos Fuentes para llevarle algunos de sus textos y fue amigo de Octavio Paz.

El pintor Julio Farell destacó que ese libro es muy importante porque fue el último que leyó mi mamá. También es el último que publicó su padre y se lo dedicó a Carmen Farell, a quien llamó ‘mágico fantasma’”. Además, la portada original y la actual de Lectorum fueron realizadas por el artista. ‘‘Volví a hacerla para que el libro no perdiera su esencia”.

Sólo tres ediciones de una obra esencial

Alejandro Toledo, especialista e impulsor del rescate de la obra del narrador, dijo: ‘‘Francisco Tario parecía un personaje de Ítalo Calvino: portero, aprendiz de astrónomo, culto”.

Adelantó que en Querétaro aparecerá a fines de año el libro Conversa-Tario, que reúne una colección de ensayos en torno a la obra del escritor, además de la correspondencia completa entre Tario y Carmen Farell, e incluirá una ‘‘muestra de algo que tenía guardado Julio, que poca gente ha visto: los dibujos eróticos de su papá, que no se sabe cuándo fueron hechos”.

Toledo recordó que ‘‘cuando salieron las obras completas en el Fondo de Cultura Económica alguien dijo que Tario había dejado de interesar porque se había vuelto institucional. Pero sigue teniendo tan pocos lectores. Muestra de ello es que Una violeta de más sólo ha tenido tres ediciones: la original de Joaquín Mortiz, la de Lecturas Mexicanas de la Secretaría de Educación Pública y la de Lectorum.

‘‘Tario conserva su rareza y su carácter marginal, que es algo que lo sostiene. Es bueno que aparezcan las ediciones pero su círculo va a ser más bien pequeño, aunque siempre existe la posibilidad de que alguien más llegue a él. Como pasó con Efrén Hernández.”

Excepcional descubrimiento de un autor: investigadora

La investigadora uruguaya Alejandra Amatto, autora del epílogo del ejemplar, recuerda que en 2005 un maestro le recomendó: ‘‘si te gusta Felisberto Hernández tienes que leer a Francisco Tario. Cuando lo hice fue una maravilla, un descubrimiento excepcional de un autor que no encajaba con una tradición específica de la literatura mexicana’’.

El narrador, añadió, ‘‘le llega mucho a los lectores jóvenes, no solamente en el ámbito académico. Les genera una profunda fascinación. Ya van varias tesis que se escriben sobre él. Una violeta de más es la obra más consentida desde el punto de vista de la constitución de sus textos” y es ‘‘un punto cumbre en la narrativa de lo insólito en América Latina.

‘‘Tario es una pieza fundamental para construir ese canon que algunos denominaron marginal, pero afortunadamente los últimos años dimos cuenta que no es así. Es bien leído por otros autores, que forman una tradición casi subterránea, porque está muy viva debajo de la superficie.”

‘‘El mico’’, cuento extraordinario

En la charla, el escritor Ricardo Bernal sostuvo: ‘‘Lo que Tario estaba escribiendo hace 50 años sigue teniendo modernidad, a pesar de que aún en vida era un autor desconocido” entre 1943 y 1968, el cuarto de siglo en que se publican sus textos. Esos libros, no obstante ‘‘todo elboom visual de videojuegos, de fantasía, de películas y de series, siguen siendo cuentos muy originales que funcionan perfectamente. No han perdido vigencia”.

Rechazó la creencia de que el cuento ‘‘El mico” de Francisco Tario pudo haber sido escrito por Julio Cortázar. ‘‘No pudo haber visto lo que vio Tario. Es un cuento extraordinario que a los estudiosos de la literatura fantástica nos saca de nuestras casillas. No podemos siguiera saber de qué se trata. Decía Jung que el arquetipo que puede ser explicado no es un arquetipo. Lo mismo pasa con esto”.

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