Colaboraciones

Paso a desnivel | Por: David Cárdenas Rosas | Catharina de San Juan, La China Poblana

Mirrha nació en la tierra del Gran Mogol en la India y era princesa, sus raíces eran hindúes.

Su nacimiento llenó de gozo a sus padres.

Su madre; Borta y su padre Kanvar se miraron sin parpadear y supieron al instante que el destino los había unido.

La anunciación del nacimiento de Mirrha fue un acontecimiento. La familia vivía en un palacio. La vida era plena. Y las desgracias también llegaron.

A la edad de ocho años, Mirrha fue secuestrada por unos piratas.

Llevada a Cochin, en el sur de la India, Mirrha escapó de sus raptores y se refugió en una misión jesuita donde fue bautizada con el nombre de Catharina de San Juan.

Posteriormente fue vendida como esclava a un comerciante que la trajo a México.

Se dice que, a petición de Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, virrey de Nueva España, un mercader trajo desde Filipinas una jovencita para el servicio del virrey.  Pero habiendo desembarcado en el puerto de Acapulco, en lugar de entregarla al marqués, el mercader la vendió al comerciante poblano don Miguel de Sosa por un precio superior al que el virrey se había comprometido por ella.

Cuando llego a Puebla, un matrimonio poblano compró a la niña para adoptarla, aunque siguió siendo esclava.

Mirra aprendió con sus padres adoptivos a hablar el español, pero siempre se negó a aprender a leer y a escribir.

Catharina fue muy conocida por su manera de vestir, a la usanza hindú. También fue muy respetada merced a su carácter solidario.

Catarina gozó de la estimación de la sociedad poblana y contó con el apoyo de la Compañía de Jesús.

Don Miguel Sosa murió en diciembre de 1624 y en su testamento dio la libertad a Catarina quien quedó en la soledad.

El clérigo Pedro Suárez la adoptó y vivió con él sacerdote, haciendo vida ascética y siempre vestida con su indumentaria de saya, manto y toca.

Se unió en matrimonio con un esclavo chino, llamado Domingo Suárez con quien vivió 14 años, conservando su virginidad. Y entregó su vida al misticismo.

Catrina vivió 82 años y murió el 5 de enero de 1688. El pueblo entero acudió a su entierro, los concurrentes decían, que irradió un aura de luz mística en cada una de sus acciones.

En Puebla le rendían veneración como santa, hasta que en 1691 la Santa Inquisición prohibió las devociones,

En la actualidad, el Templo de la Compañía, en Puebla, es conocido como La Tumba de la China Poblana.

Una mujer a la que, por designios del destino, llegó desde muy lejos a estas tierras y con sus acciones logró el reconocimiento, cuidado y amor de quienes la conocieron.

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