Colaboraciones

Paso a desnivel | David Cárdenas Rosas | Dolores Ibárruri, La Pasionaria.

Cuando hablaba no era únicamente verbalizar conceptos.

La voz salía de su interior como el rugido de un volcán.

Era como si amonestara a la vida y al sistema político-social establecido.

Era una voz que motivaba a ejecutar la única ley que debe de tener todo ser humano. El cumplimiento del deber.

“Si no se puede salvar a la libertad, al menos se debe de ser digno de servirla”. Y así vivió La Pasionaria.

Nació en la población vasca de Gallarta, el 9 de diciembre de 1895.

Hija del curtido minero Antonio Ibárruri y de Juliana Gómez Pardo, recibió el nombre de Dolores.

Su familia era pobre. Su padre trabajaba a veces sí, a veces, no, sobre todo en los días de lluvia porque la mina estaba al aire libre.

A los 15 años, Dolores se vio, obligada a dejar sus estudios para trabajar como costurera.

6 años después, se casó con Julián Ruiz Gabiña, líder minero. Con él Dolores comenzó a estudiar el Marxismo.

El horizonte fue abierto, Dolores tomó conciencia de la situación social de España y en 1918, escribió su primer artículo bajo el seudónimo de “La Pasionaria”.

Formó parte de la agrupación socialista de Somorrostro.

Impresionada por la victoria de la Revolución Rusa, la Pasionaria se involucró en la formación del Partido Comunista Español.

Dolores se convirtió en una oradora poderosa y, en sus discursos alentaba a las mujeres a abandonar las lágrimas y pasar a la acción directa.

En 1930 entró en el Comité Central del PCE y, un año después se trasladó a Madrid donde trabajó en el periódico Mundo Obrero.

Luego, Dolores y Julián se separaron. Según su hija Amaya, su padre decía: “me enamoré de Dolores, no de la Pasionaria…”

Durante estos años, la Pasionaria fue llevada varias veces a la cárcel debido a sus discursos.

En 1933, impulsó la creación de la Asociación de Mujeres Antifascistas.

En 1936, Ibárruri fue elegida diputada del PCE por Asturias. Tras el estallido de la Guerra Civil, La Pasionaria se  convirtió en un símbolo de la resistencia republicana y su famoso “¡No pasarán!” fue una declaración de intenciones.

Con la derrota de los republicanos en la Guerra Civil, Dolores Ibárruri abandonó España en 1939. Se trasladó a la URSS.

Tras pasar buena parte de su vida en el exilio, Dolores regresó a España en 1977.

La Pasionaria murió el 12 de noviembre de 1989 en Madrid a los 93 años.

Dolores Ibárruri vivió fiel a sus principios e insubordinada. Como ella misma popularizó, “prefirió morir de pie que vivir de rodillas”.

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