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La posible alianza de FARC y ELN amenaza con incendiar la frontera entre Colombia y Venezuela

Los disidentes de las FARC, capitaneados ahora por el que fuera ‘número dos’ de la guerrilla, alias ‘Iván Márquez’, y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) amenazan con unir fuerzas en lo que sería un factor determinante para configurar la volátil situación en la frontera entre Colombia y Venezuela y las dañadas relaciones entre sus gobiernos.
  • La tensión política se añade a 2.200 kilómetros plagados de actores armados con diversos intereses.

MADRID, 22 de septiembre del 2019 (EUROPA PRESS).

Los disidentes de las FARC, capitaneados ahora por el que fuera ‘número dos’ de la guerrilla, alias ‘Iván Márquez’, y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) amenazan con unir fuerzas en lo que sería un factor determinante para configurar la volátil situación en la frontera entre Colombia y Venezuela y las dañadas relaciones entre sus gobiernos.

El anterior Gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaron en 2016 un acuerdo para poner fin a más de medio siglo de guerra que ha desangrado al país con más de ocho millones de víctimas. Desde entonces, la implementación de lo pactado transcurre entre importantes avances y enormes dificultades.

El mayor nubarrón que planea sobre el proceso de paz es el anuncio realizado el pasado 29 de agosto por ‘Iván Márquez’ en un vídeo que parece grabado en algún punto de la frontera entre Colombia y Venezuela. El antiguo jefe negociador de las FARC proclamó su vuelta a las armas, junto a una veintena de disidentes, incluido el también negociador ‘Jesús Santrich’, acusando al Estado de «traicionar» los textos de La Habana.

‘Iván Márquez’ anunció asimismo su intención de liderar a las disidencias de las FARC en una fusión con el ELN –reconvertido en primera guerrilla de Colombia tras la desaparición de las FARC como tal–, cuyo proceso de paz con el Gobierno, heredado también de la era Santos, se rompió en enero con el atentado contra una escuela de cadetes en Bogotá. De momento, los ‘elenos’ guardan silencio.

International Crisis Group advierte en su informe ‘Reducir las secuelas de la nueva guerrilla en la frontera de Colombia’ sobre el impacto que este nuevo grupo armado tendría a ambos lados de la linde. Sumaría a los 2.300 integrantes que se calcula que forman las disidencias de las FARC, la mayoría nuevos reclutas, y a los más de 3.000 guerrilleros del ELN.

No obstante, el propio ‘think tank’ subraya que no está claro que esta alianza vaya a materializarse. En primer lugar, porque, si bien ‘Iván Márquez’ es el ex guerrillero de mayor rango que ha dado la espalda al acuerdo de paz, «hasta hora nada sugiere que las 24 facciones disidentes estén buscando nuevos líderes». Y, en segundo, porque FARC y ELN tienen un largo historial de conflicto interno.

INTERESES CRIMINALES

El actual presidente de Colombia, Iván Duque, ha rebajado la categoría de este hipotético nuevo grupo calificándolo de «banda», lo que lo sitúa al nivel del crimen organizado y la delincuencia común que la Casa de Nariño –salvo contadas excepciones– combate en el ámbito policial, reservando las Fuerzas Militares a las guerrillas.

En la misma, el ministro de Exteriores, Carlos Holmes Trujillo, insistía en una entrevista concedida a Europa Press esta semana con motivo de su paso por Madrid en que si los disidentes de las FARC y el ELN confluyen en un nuevo actor será «un grupo narcoterrorista», no una guerrilla. «El Estado está preparado a través de la fuerza legítima para hacerle frente», afirmó.

La principal causa que esgrimieron ‘Iván Márquez’ y sus compañeros para volver a empuñar las armas fue la falta de cumplimiento por parte del Gobierno del acuerdo de paz, aludiendo a las pretendidas modificaciones en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y a la ola de ataques contra ex guerrilleros y líderes sociales, que han dejado al menos 149 y 462 muertos, respectivamente, en estos tres años, según datos de la Defensoría del Pueblo de Colombia.

Sin embargo, para International Crisis Group, «indudablemente hay intereses criminales en juego». Las disidencias de las FARC se han concentrado a lo largo de la costa del Pacífico y el río Orinoco y en los Llanos Orientales y han tejido alianzas puntuales con el ELN en la frontera con Venezuela y en la propia Venezuela con el narcotráfico y la minería ilegales como actividades dominantes.

El jefe del partido político surgido de la extinta guerrilla, Rodrigo Londoño Echeverri, ‘Timochenko’, ha coincidido con el Gobierno en que el paso dado por ‘Iván Márquez’ y ‘Jesús Santrich’, ambos señalados por narcotráfico en Estados Unidos, podría tener una «motivación personal». Lo cierto es que la inmensa mayoría de los casi 13.000 ex guerrilleros de las FARC han mantenido su compromiso con la paz.

DERIVADA VENEZOLANA

El ‘think tank’ se muestra seguro de que la hipotética fusión de disidentes de las FARC y el ELN tendrá un fuerte impacto en la frontera entre Colombia y Venezuela, más de 2.200 kilómetros en los que ya actúan guerrillas e incontables grupos criminales y que ahora es la principal vía de escape para los inmigrantes y refugiados venezolanos.

Esta frontera siempre ha estado sujeta a una especial tensión, asociada muchas veces a las cíclicas fricciones políticas entre los gobiernos de Bogotá y Caracas, y ahora, con la ola de violencia en Colombia y la crisis en Venezuela, vuelve a ser un punto caliente.

Duque ha acusado directamente a su homólogo, Nicolás Maduro, de proteger a ‘Iván Márquez’, ‘Jesús Santrich’ y al ELN en el territorio venezolano, mientras que el líder ‘chavista’ ha criticado al presidente colombiano por, supuestamente, hacer la vista gorda con las mafias del contrabando y los grupos criminales.

Las fotografías del autoproclamado «presidente encargado» de Venezuela, Juan Guaidó, junto a miembros de Los Rastrojos, banda criminal colombiana, han avivado las tensiones. Según Maduro, le ayudaron a hacer un viaje de ida y vuelta al país vecino en febrero, cuando la oposición venezolana intentaba hacer entrar la ayuda humanitaria, a cambio de que, una vez conquistara el Palacio de Miraflores, les dejara campar a sus anchas por la frontera.

El combate político tiene su réplica sobre el terreno. Desde el 10 de setiembre y hasta el día 28, unos 150.000 militares venezolanos desarrollan unas maniobras en la frontera. Las fuerzas colombianas mantienen una especial vigilancia, aunque el Gobierno ha aclarado que solo habrá actos defensivos, y si son necesarios.

Colombia, por su parte, es uno de los doce países que ha convocado el órgano de consulta del TIAR o Tratado de Río para abordar el caso venezolano, el primer paso para activar un acuerdo regional que contiene una cláusula de defensa colectiva, y ha avanzado que en la 74ª Asamblea General de la ONU, que se celebra la próxima semana en Nueva York, pedirá sanciones internacionales contra Venezuela por su presunto apoyo al terrorismo y al narcotráfico.

«RIESGO ELEVADO»

Entretanto, «ya parece haber alianzas locales entre disidentes de las FARC y el ELN en Venezuela, entre otros motivos, para coordinar el nacrotráfico entre los estados fronterizos de Arauca (Colombia) y Apure (Venezuela), así como para ejercer el control de la minería ilegal en el venezolano estado de Amazonas», alerta International Crisis Group.

«En este contexto, el riesgo es ahora tan elevado que Bogotá atribuirá cualquier incidente trasnfronterizo que involucre a disidentes de las FARC o al ELN –incluidos los ataques reales, inminentes o supuestos contra objetivos colombianos desde bases en territorio venezolano– a lo que considera un gobierno ilegítimo y agresivo en Caracas», augura el ‘think tank’.

En su opinión, para alejar lo máximo posible un escenario de conflicto bilateral, las partes deberían «establecer canales de comunicación para resolver los estallidos de violencia, así se trate de intrusiones fronterizas o de ataques por parte de grupos armados», sin precipitarse en suponer qué grupo estaría involucrado y por qué motivo.

Al Ejecutivo de Duque, por otro lado, le urge a «redoblar sus esfuerzos en la implementación del acuerdo de paz de 2016 a fin de disuadir la formación de más grupos disidentes».

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