La Nueva Escuela Mexicana es del pueblo y con el pueblo sigue
Ciudad de México 15 de febrero de 2026.- Desde 2018, con la elección del presidente Andrés Manuel López Obrador, México emprendió un cambio que encontró en la educación uno de sus pilares. Frente a décadas de neoliberalismo que puso la educación al servicio del mercado, la Nueva Escuela Mexicana propuso formar una ciudadanía crítica, humanista y comprometida. Hoy, bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, ese camino se fortalece.
La NEM se alimenta de décadas de luchas pedagógicas y del trabajo de miles de maestras y maestros que han puesto el cuerpo y la palabra por una educación digna. Un proyecto de muchas manos, muchas voces, muchos territorios: 231 mil escuelas, casi 24 millones de estudiantes y 1.2 millones de docentes que cada día le dan vida.
Se reconoce la participación de Marx Arriaga. Su trabajo al frente de la Dirección General de Materiales Educativos fue parte importante de la NEM y de los 107 Libros de Texto Gratuitos que hoy viven en las aulas. Esos materiales nacieron del esfuerzo coordinado de múltiples direcciones, equipos técnicos, docentes, investigadores y comunidades escolares. Fue un trabajo colectivo y así debe recordarse.
A dos años de estos materiales, hay aprendizajes que permiten fortalecer la NEM. Un libro de texto es una herramienta viva, un instrumento de apoyo para el maestro y para los niños en su aprendizaje; por lo tanto, debe estar sujeto a una dinámica permanente de actualización y mejora. Los libros de texto no van a cambiar de ninguna manera que altere la esencia de la Nueva Escuela Mexicana.
Es mentira que se quieran suprimir contenidos que tengan que ver con los procesos de transformación o con el obradorismo. Nunca se ha pedido que se retiren de los libros las luchas y los movimientos insurgentes que dignamente ha protagonizado el pueblo de México. De esas luchas se viene, enorgullecen a todas y todos, y siempre deberán estar ahí para las nuevas generaciones. Los Libros de Texto Gratuitos son herramientas de lucha por una mejor educación popular, en constante diálogo y transformación, por ello estamos ante una gran oportunidad de incorporar más contenidos en lenguas indígenas, como las y los propios maestros han señalado; garantizar formatos en macrotipo y Braille; incluir a las mujeres en los libros de historia, donde su presencia aún es insuficiente; ampliar el reconocimiento a pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, diseñar materiales educativos para infancias y adolescencias en situación de movilidad; fortalecer los aprendizajes en humanismo y vida saludable; y saldar la deuda histórica con docentes multigrado, pues casi la mitad de las escuelas públicas trabajan con esa dinámica y merecen materiales especialmente adaptados para ellos.
