Cultura

En el Museo Dolores Olmedo… Versiones de una cicatriz

México, Df., 09 de junio 2015.-

– Del 25 de abril al 26 de julio de 2015.

Marca en la piel o en la memoria, huella de sucesos dolorosos, accidentes o de nacimiento, la cicatriz inspiró a 22 artistas mexicanas y extranjeras a crear las obras que se reúnen en la muestra Versiones de una cicatriz.

Las artistas aprovechan diversas disciplinas, como el video, la fotografía, la música y la literatura para crear sus propias experiencias en torno al tema, que es un concepto universal.

El proyecto, curado por Angélica Chávez, busca exaltar un arte feminista que hable de la perspectiva de género a través del arte. “Para la producción artística, es necesario un dominio de conceptos o símbolos universales, y la cicatriz lo es, pues aunque existen múltiples interpretaciones, es un elemento conocido en todo el mundo”, dice la curadora. Si bien las cicatrices físicas y emocionales pueden ser igualmente impactantes para quien las sufre, cada una tiene su propia importancia. “Es debido abordarlas de manera profunda e introspectiva”, agrega.

El guión museográfico, a cargo de Jean Dubois, director de Museografía del recinto, divide la exposición de acuerdo con elementos comunes en la obra, como la geología y la geografía, las texturas, la vegetación, el cuerpo y el uso de objetos.

Así, por ejemplo, la fotógrafa Aideé Borunda recupera un texto de la poeta colombiana Piedad Bonnett, en el que destaca la importancia de las marcas en la historia personal. “No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza”, dice el texto.

Para Cécile Hug, otra de las artistas participantes, la cicatriz no sólo es el recuerdo de una lesión, sino la manera en que la piel y la mente hablan sobre las sensaciones. Aunque también hay quienes abordan la cicatriz como un proceso de curación ante una enfermedad o un acontecimiento emocional, como en el caso de Marcela Ochoa, quien se retrata en una tina llena de hierbas medicinales, o Izabela Zoldak, quien aparece en posición fetal ocupando huecos en la tierra, como un recuerdo del origen de la vida y el fin en la muerte.

Con esta exposición, el Museo Dolores Olmedo reitera su compromiso por abrir las puertas al arte joven y emergente, así como a las propuestas que hablan de la sociedad actual.

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