Tecnologia

Científicos adaptan drones para trasladar muestras médicas

  • Los especialistas de la Universidad Johns Hopkins impusieron un récord al trasportar 84 pares de sangre a lo largo de 259 kilómetros en solo tres horas.

Washington, 03 de enero de 2018.- Los drones se han convertido en una opción de transporte eficiente, segura y rápida para llevar a los laboratorios muestras biológicas (como la sangre) de pacientes que habitan en zonas lejanas, a fin de obtener resultados inmediatos, explicó Timothy Amukele, profesor adjunto de patología en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

El investigador, junto con su equipo de trabajo, impuso recientemente un récord al trasportar con drones 84 pares de sangre humana tomadas de pacientes del desierto de  Arizona hacia la Universidad de Arizona en Tucson y Clínica Mayo en Scottsdale, lo que representó un recorrido 161 millas (alrededor de 259 kilómetros), por un tiempo de solo tres horas.

El logro

Las muestras se empacaron y transportaron siguiendo las regulaciones de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo y luego se montaron en un dron, el cual las llevó a un aeródromo habilitado y luego regresó a un campo de pruebas militares deshabitado, donde se prohibió cualquier otro tráfico aéreo.

Las muestras se introdujeron dentro de una cámara con control de temperatura diseñada por el equipo de Amukele para mantenerlas a 24.8 grados centígrados. La aeronave HQ-40, de Latitude Engineering, fue controlada por un piloto remoto certificado por medio de un radioenlace entre la computadora del dron y la estación en tierra.

Otras muestras se llevaron en un automóvil en refrigeración a 27.3 grados centígrados. Para establecer las diferencias entre recorridos por tierra y por aire, el equipo analizó 17 de las 19 pruebas químicas y hematológicas más comunes.

Si bien, dijo el experto, los pares de las muestras transportadas por aire y por tierra presentaron resultados similares en cuanto al número de glóbulos rojos, blancos, plaquetas y niveles de sodio, sí se observaron diferencias pequeñas, estadísticamente significativas, en las concentraciones de glucosa y potasio.

“Estas diferencias se debieron a la degradación química causada por el leve incremento de temperatura en las muestras no transportadas por aire”, aclaró Amukele, tras referir que otra diferencia es el tiempo, ya que el vehículo terrestre tardó casi el doble.

“El sistema (del dron) aseguró que las muestras fueran viables para su análisis en el laboratorio”, agregó el científico, que publicó el informe sobre los resultados en American Journal of Clinical Pathology.

Medio eficaz

En breve entrevista, Amukele explicó que la tecnología debe de contribuir a hacer más eficiente la atención médica para aquellos que habitan en zonas rurales.

“Los drones son un medio eficaz, seguro y oportuno para transportar rápidamente muestras médicas desde lugares remotos”, destacó, además de referir que el trasporte convencional también tiene la desventaja de consumir más combustible.

Además, agregó el experto, los vehículos terrestres necesitan estar equipados con un refrigerador y tener dos o tres personas capacitadas para proteger las muestras hasta que lleguen al laboratorio.

“Estamos considerando que el transporte con drones puede ser una herramienta médica para transportar otro tipo de muestras biológicas que requieren ser analizadas por patólogos, como las tomas de tejidos con sospecha de cáncer o con algún tipo de padecimiento de difícil identificación”, destacó.

En su artículo, Amukele subrayó que “los drones tienen la versatilidad de funcionar en lugares donde no existen caminos y son superiores a los vehículos con ruedas que enfrentan diversos impedimentos como el tráfico y la logística”.

El principal objetivo, subrayó, “es elevar la calidad de la atención médica y los diagnósticos para los pacientes, sin que ellos deban de trasladarse por horas hacia los hospitales”.

El científico concluyó: “No me cabe la menor duda de  que los drones serán el mejor sistema de entrega de muestras médicas del siglo XXI”.

El financiamiento de esa investigación fue proporcionado por Peter Kovler, de la Blum-Kovler Foundation, y contó con la colaboración de Jeff Street, de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins; Christine LH Snozek y James Hernández, de la Clínica Mayo en Arizona; y Ryan G. Wyatt, Matthew Douglas y Richard Amini, de la Universidad de Arizona.

Blanca Valadez | Milenio

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