Colaboraciones

Charlas de biblioteca | Marcos Hernández Becerril | Lección al dragón.

Era una mañana fría. Aunque era primavera, la lluvia era abundante; el unicornio tenía hambre y decidió volar sobre las praderas hasta encontrar hierba fresca. Mientras devoraba escuchó ruidos misteriosos, por lo que se escondió entre los arbustos.

A los lejos vio un dragón triste que lloraba, pues la tormenta había apagado su fuego. Además, una noche anterior chocó con una enorme piedra, por lo que tenía lastimada un ala y el dolor le impedía volar. Si en ese momento un monstruo lo atacaba no podría defenderse, pensaba.

Al momento, el dragón vio al unicornio, nunca había visto uno; lo confundió con un caballo transformado en pájaro y rinoceronte con alas enormes, un cuerno grande y un relinchido ruidoso que le causaron miedo.

Cuando observó que se acercaba velozmente hacía él, intentó soplar su enorme fuego, pero un tosido de tísico apenas salió de su enferma garganta, una pequeña chispa brotó de su hocico. ¡Eso no espanta a nadie!, pensó el dragón y corrió temeroso.

El unicornio, como era inocente y juguetón, pensó que el dragón estaba triste por no tener amigos y su carrera era para jugar quemados.

Velozmente, el corcel volaba sobre el dragón, relinchaba fuertemente para alentarlo a correr más. El dragón lastimado de su ala y garganta trataba de huir, sus ojos se llenaban de lágrimas, pensaba que se lo iban a comer.

Una nube pasaba por ahí, vio que estaban jugando quemados y decidió incorporarse, como observó que el dragón apenas podía moverse lo ayudó y lo escondió entre su espesa neblina.

Eso confundió más al dragón, pensó que el monstruo caballo blanco tenía poderes y la nube era parte de su cuerpo. La blancura del corcel impedía que lo viera, sólo escuchaba un relinchido. El dragón aventaba sus tosidos, unas chispitas apenas salían de su enorme hocico. ¡Eso no espantaba a nadie!

El sol también quiso jugar y envió rayos luminosos al dragón, quien imaginó que esos potentes destellos de luz eran para atraparlo, pues el agua evaporada de la nube y el calor que ahora recibía impedían que respirara.

También se agregó el viento y con su potente soplido hizo a un lado a la nube y refrescó al dragón, quien ahora tenía frío, por lo que terminó diciendo: “me rindo, me rindo poderoso caballo rinoceronte, no me comas… si me perdonas la vida prometo ya no lastimar a nadie con mi fuego”.

En ese momento, el unicornio, la nube, el sol y el viento descubrieron que el dragón no jugaba a quemados con ellos, que era quien tenía fama de travieso y quemaba a todo aquel que pasaba frente a él.

Pensaron que era el momento de darle una lección y el unicornio con voz gruesa dijo: “soy el caballo que se convierte en pájaro, en rinoceronte y con enormes poderes de neblina, brillo y viento. Si decides ser un dragón bien portado, que ayude a los animales y personas que viven en el bosque y praderas te perdono la vida”.

El dragón prometió mejorar su conducta y desde ese día ayuda a todo aquel que necesita fuego.

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