Charlas de taberna | Guerrero de una sola pierna que conquistó la plata olímpica | Por: Marcos H. Valerio
El veterano periodista olímpico Héctor Reyes, rememora la carrera de Oscar Salazar: desde la dinastía familiar hasta la legendaria final de Atenas 2004 con la rodilla dislocada, pasando por duelos generacionales y un duelo de baile en Acapulco que aún le saca una sonrisa.
A sus más de tres décadas como periodista olímpico —radio, televisión, prensa escrita—, el paso del tiempo no le ha quitado ni la memoria ni el entusiasmo cuando habla de taekwondo.
Hoy, en una charla, evoca con nostalgia y admiración la figura de Oscar Salazar, medallista de plata en Atenas 2004 y parte de la dinastía Salazar que marcó una época dorada para el arte marcial en México.
“Oscar y su hermana Iridia son la continuación de una familia donde el taekwondo es herencia pura —comienza Reyes—. El papá y la mamá fueron medallistas mundiales; los hijos llevaron ese legado al podio olímpico. Iridia bronce en Sídney 2000, Oscar plata en Atenas. Pero la historia de Oscar no se cuenta solo por medallas: se cuenta por dolor y por cómo lo venció”.
El episodio que más le conmueve ocurrió en Grecia. Salazar llegó a la final de -58 kg contra el dominicano Gabriel Mercedes. Sin embargo, su verdadero adversario era su rodilla derecha, que se dislocaba constantemente.
“En varios combates pedía tiempo para recolocársela —recuerda Héctor—. Imagínate: llegar a una final olímpica prácticamente con una sola pierna buena. Él mismo lo dijo años después: ‘Llegué con una pierna, y aun así peleé hasta el final’. Esa plata no es cualquier plata; es una de las preseas más valiosas del taekwondo mexicano, lograda en desventaja absoluta. Es como si un boxeador subiera al ring con un brazo amarrado y aún así diera la pelea de su vida”.
Otro capítulo inolvidable para Reyes fue el duelo generacional en el Gimnasio Juan de la Barrera contra Memo Pérez. “Fue una pelea de épocas —recuerda—. Memo le ganó esa vez, pero el respeto mutuo era evidente. Ambos representaron lo mejor del taekwondo nacional en esos años: técnica, garra y una rivalidad que empujaba a los dos a ser mejores. Esa generación dejó huella”.
TAEKWONDO A RITMO DE BAILE
Y luego llega la anécdota que le arranca una carcajada. El Abierto Internacional de Taekwondo en Acapulco —el primero de alto nivel en México—. “Después de los combates, los coreanos y los mexicanos se juntaron y armaron un duelo… pero de baile —cuenta entre risas—.
Ritmos, pasos, zapateados improvisados. Estuvo parejo, muy parejo. Si hubieran puesto esa prueba en París 2024, México se llevaba el oro fácil. Ahí viste el espíritu del taekwondo que Oscar encarnaba: disciplina férrea en el tatami y una alegría desbordante fuera de él”.
Hoy Oscar Salazar sigue vinculado al deporte como entrenador y referente para las nuevas generaciones. “Su historia —concluye Reyes— es un testimonio vivo. Ganó con una sola pierna funcional. Eso enseña que la grandeza no se mide solo por el oro, sino por la capacidad de levantarte, recolocarte la rodilla y seguir peleando”.
Antes de terminar, Héctor recuerda entusismado: “Oscar Salazar no solo ganó medallas: ganó admiración eterna”.
Un legado que, como la rodilla de Oscar, a veces duele… pero nunca se rinde.
