Cultura

490 años de la fundación del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco

Ciudad de México 07 de enero de 2026.- Eligieron el 6 de enero por ser el día de la Epifanía de los Reyes. Se fundó con la fuerte convicción de arraigar no solo la religión; es decir, está el proceso de evangelización en la Nueva España que llevaron las órdenes, iniciando con los franciscanos.

Pero también hay un fondo muy interesante en lo que enseñan. Una de las hipótesis era que se iban a formar sacerdotes, pero para que una persona se formara como sacerdote tenía que estudiar el equivalente en Europa, que eran el trivium y el quadrivium.

En el trivium se estudiaban gramática, retórica y dialéctica, en tanto que en el quadrivium se estudiaban aritmética, geometría, astronomía y música. Estos eran los conocimientos que los aspirantes a formar parte del clero debían dominar.

Ahora bien, hay que quitar la idea de que el Colegio es una escuela de artes. Muchas veces se habla de que en el Colegio se hicieron los códices o se pintaron murales. “Sí, pero es muy probable, y algunos investigadores dicen eso, que una cosa fueran los estudiantes en términos de la formación cristiana, de la formación occidental, y otra cosa muy distinta, u otra cosa complementaria, serían las personas o el potencial de la escuela de artes y oficios que casi todos los claustros tenían”.

La mayor parte de las fuentes dicen que el Colegio quería formar indígenas sacerdotes porque los franciscanos estaban convencidos de que en los indígenas podían encontrar buenos cristianos. Y eso es interesante porque se pensaba que los indígenas no podían aprender.

“Pero entre los franciscanos había un asunto muy interesante. Por eso digo que el contexto hace una gran diferencia: que era el pensamiento milenarista. Ellos creían que en la Nueva España iban a encontrar al cristianismo primitivo, que se había perdido en Europa, y que estos pueblos originarios iban a ser los que iban a salvarnos”.

Los franciscanos no creían que los indígenas fueran prístinos, pero sí creían que no estaban corrompidos, como la población europea. Dicho en términos actuales, el cristianismo europeo se echó a perder, está muy contaminado.

Pensar en que no hay maldad llega a ser un poco ingenuo. Este es el punto de partida de los pensadores franciscanos. Los que viajan en la época de fray Andrés de Olmos, del mismo Sahagún, vienen con este pensamiento. Por eso se puede contextualizar con ellos y después con Vasco de Quiroga, estos proyectos medio utópicos.

“Si no hubieran pensado así, el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco no habría existido”, dice la investigadora. “Los jóvenes indígenas fueron formados para escribir textos. La idea general del Colegio era formar sacerdotes, pero algunos creemos que no era solo formar sacerdotes, y esa fue la línea del proyecto que fracasó, porque la sociedad no autorizó que se ordenaran indígenas como sacerdotes, aunque tenían la formación para hacerlo: el trivium y el quadrivium”.

“La segunda línea que me parece muy interesante es que los formaron como mediadores culturales, porque eran jóvenes más o menos entre 13 y 15 años, se supone que salían en ese rango de edad, que venían de los distintos pueblos, que eran de familias de nobles y que aprendieron a hablar español y latín, y el náhuatl que ya lo traían. Eran trilingües, cuando menos, y hay casos en las fuentes de su corrección en el manejo del latín”.

Ahora bien, ¿qué es ser un mediador cultural? Permitir el diálogo entre las culturas, que es lo que querían los frailes.

No se ordenaron, pero esas personas fueron el equivalente a abogados, fueron intérpretes en el juzgado de indios; podían servir como un canal y, por lo tanto, podían escribir y contestar las preguntas que traían fray Andrés de Olmos primero y luego fray Bernardino de Sahagún en torno a conocer al otro.

Lo que hacen algunos estudiantes del Colegio es escribir, ser los mediadores entre los frailes y los ancianos, porque tenían todas las herramientas: sabían cómo pensaba el fraile y sabían cómo pensaban sus ancianos. Por lo tanto, hicieron la traducción de estos pensamientos a la forma que era requerida por el mundo occidental. Pero también sabían dibujar; por ejemplo, todas las imágenes que tiene el Códice Florentino son de algunos jóvenes del Colegio.

“Pero es importante mencionar que no hay correspondencia entre el español y el náhuatl y que las imágenes no están puestas de acuerdo con el texto. No es la forma occidental de hacer libros”.

Se considera que el Códice Florentino es un proceso de memoria que de alguna manera es medular en la historia del Colegio. No es el único producto, pero es con el que, desde la historia, la arqueología y la antropología, nos vamos a acercar a las costumbres nahuas.

“Algunos consideramos que hicieron su memoria en un contexto de crisis, porque eran las epidemias del último cuarto del siglo XVI, y dejaron el testimonio, yo creo, con cierto nivel de traducción a la cultura occidental y con omisiones que son normales en ese tiempo”.

Con información de UNAM Global Revista.

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