Invierno y monóxido de carbono: una amenaza invisible dentro del hogar
- El uso de calefacción y la falta de ventilación incrementan el riesgo de intoxicaciones por este gas, que cada año provoca miles de emergencias prevenibles
Ciudad de México, 04 de enero del 2026.- Con la llegada del invierno y el descenso de las temperaturas, los hogares suelen permanecer cerrados durante largos periodos para conservar el calor. En ese contexto, un peligro silencioso puede acumularse sin advertencia: el monóxido de carbono (CO), un gas tóxico que continúa siendo una de las principales causas de intoxicación accidental en espacios cerrados.
El riesgo del monóxido de carbono radica en su naturaleza imperceptible. Al no tener color, olor ni sabor, puede concentrarse en interiores sin ser detectado, lo que expone a las personas a efectos que van desde síntomas leves hasta daños severos e incluso la muerte, particularmente cuando la exposición ocurre durante el descanso nocturno.
Este gas se produce por la combustión incompleta de materiales como gas, leña, carbón, gasolina o diésel. Durante la temporada invernal, su presencia aumenta debido al uso intensivo de sistemas de calefacción y a la reducción de la ventilación natural en viviendas y edificios.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), al ser inhalado, el monóxido de carbono se fija a la hemoglobina con mayor facilidad que el oxígeno, lo que limita el aporte de este último a órganos vitales como el cerebro y el corazón. Esta condición puede generar daño neurológico, alteraciones cardiacas y, en casos extremos, consecuencias fatales.
Un análisis difundido en The Lancet Public Health advierte que la mayoría de los episodios de intoxicación por CO podrían evitarse, pero persisten debido a deficiencias en la ventilación, falta de mantenimiento de equipos y una subestimación del riesgo, especialmente durante los meses de frío.
Síntomas que pasan inadvertidos
Uno de los principales problemas es que los síntomas iniciales suelen confundirse con enfermedades comunes. De acuerdo con guías clínicas del CDC y la Mayo Clinic, los primeros signos incluyen dolor de cabeza, mareo, náuseas, fatiga extrema y dificultad para concentrarse.
Estas manifestaciones suelen atribuirse a gripe, cansancio o estrés. No obstante, los especialistas señalan que cuando varias personas en un mismo espacio presentan síntomas similares de manera simultánea, debe considerarse de inmediato la posibilidad de intoxicación por monóxido de carbono.
En casos de exposición elevada, pueden presentarse confusión, pérdida de la conciencia, dolor torácico y dificultad respiratoria, situaciones que requieren atención médica urgente.
Fuentes domésticas y prácticas de riesgo
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) identifica como principales fuentes domésticas de monóxido de carbono a los calentadores de gas sin ventilación adecuada, estufas y hornos utilizados como calefacción, boilers mal mantenidos, chimeneas defectuosas, así como el uso de braseros, anafres o generadores eléctricos dentro de espacios cerrados.
El riesgo se incrementa por prácticas habituales como sellar completamente la vivienda, no revisar los sistemas de combustión antes del invierno o utilizar equipos improvisados para generar calor.
Prevención, la medida clave
Las autoridades sanitarias coinciden en que la prevención es la herramienta más eficaz para reducir este riesgo. Entre las recomendaciones principales se encuentran el mantenimiento anual de los equipos de calefacción, asegurar una ventilación adecuada, evitar el uso de aparatos de combustión en interiores y la instalación de detectores de monóxido de carbono cerca de las áreas de descanso.
Ante la sospecha de intoxicación, la indicación es abandonar de inmediato el lugar, respirar aire fresco y solicitar atención médica, sin reingresar al inmueble hasta que sea revisado por personal especializado.
La intoxicación por monóxido de carbono es silenciosa, rápida y potencialmente mortal. En invierno, cuando el uso de calefacción aumenta y la ventilación disminuye, identificar este riesgo y adoptar medidas preventivas puede marcar la diferencia entre una temporada segura y una emergencia evitable.
