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El Papa: que el Señor escuche el gemido silencioso de los niños sin paz ni dignidad

Ciudad de México 04 de enero de 2026.- El Papa León XIV dirigió un saludo este sábado 3 de enero de 2026 a los participantes en el Concierto de Navidad de la Capilla Musical Sixtina, que se celebró en la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico. Agradeció la profunda repercusión espiritual que la música y el canto han tenido en los presentes, destacando que este arte es un lenguaje que va más allá de la mente y llega directamente al corazón.

En su alocución, el Santo Padre expresó su gratitud a los miembros de la Capilla Sixtina, en particular al maestro director Mons. Marcos Pavan y al maestro de los Pueri, Michele Marinelli, por su dedicación. Actualmente, el coro está compuesto por 24 cantantes adultos y unos 30 cantantes infantiles, los Pueri Cantores, que constituyen la sección de voces blancas. La Capilla forma parte de la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice como lugar específico de servicio a las funciones litúrgicas papales, y su responsable es el Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias.

Asimismo, recordó que, como cada año, la música y el canto ofrecen una forma privilegiada de meditar sobre el nacimiento de Cristo, permitiendo a los fieles conectarse tanto con su razón como con sus sentimientos.

«No hay Navidad sin villancicos», afirmó el Papa, subrayando que los villancicos son una tradición universal que une a personas de todas las lenguas y culturas. Recordó también que, según el Evangelio, la primera «música» en la noche del nacimiento de Jesús fue el canto de los ángeles: «Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra» (cf. Lc 2,13-14), lo que convierte la música en una forma de expresión divina.

El Papa se preguntó: «¿Quiénes fueron los espectadores y testigos de aquel primer «concierto de Navidad»?». Y prosiguió diciendo: «Fueron, como sabemos, algunos pastores de Belén que, después de ver al Niño en el pesebre, junto con María y José, regresaron alabando y dando gracias a Dios (cf. Lc 2,20)». «Y me gusta pensar -acotó-, que lo hicieron también cantando y tal vez tocando alguna flauta rudimentaria».

Además, resaltó la importancia del silencio interior de la Virgen María, quien fue testigo del misterio de la Navidad en su corazón. «Aprendamos de ella a escuchar en el silencio la voz del Señor», invitó el Sucesor de Pedro, llamando a vivir con fidelidad el plan divino.

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