Charlas de taberna | Mamuts mexicanos: viaje al pasado que reescribe la historia | Marcos H. Valerio
En un laboratorio de Juriquilla, Querétaro, el ambiente está cargado de emoción. Federico Sánchez Quinto, un genetista de la UNAM con una curiosidad insaciable por el pasado, está rodeado de molares fósiles y pantallas que muestran secuencias de ADN.
A su lado, Rubén Manzanilla, arqueólogo del INAH, sostiene un molar de mamut como si fuera un tesoro. Estudiantes como Eduardo Arrieta, Ángeles Tavares y Rigoberto Padilla se mueven entre equipos de alta tecnología, compartiendo ideas y risas.
La charla fluye con naturalidad, y todos están inmersos en un descubrimiento que está cambiando lo que sabemos sobre los mamuts colombinos, esos gigantes que alguna vez dominaron las tierras de lo que hoy es México.
El hallazgo comenzó casi por casualidad, en el polvoriento terreno de Santa Lucía, Estado de México, durante la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles entre 2019 y 2022.
Lo que parecía un proyecto de obra pública se transformó en una excavación histórica. “Fue increíble”, recuerda Rubén, con los ojos brillando. “Desenterramos más de 70 mil fósiles: restos de caballos, camellos, bisontes, perezosos gigantes y, lo más impresionante, unos 20 mil huesos de mamuts. ¡Es la colección más grande de su tipo en América Latina!”. Cada hueso parecía contar una historia, y el equipo supo que estaba ante una oportunidad única para descifrar el pasado.
Federico, con una energía que contagia, toma la palabra mientras señala un gráfico en su computadora. “Nos enfocamos en los molares, porque son como bóvedas genéticas: duros, resistentes y llenos de ADN.
Analizamos 83, y logramos extraer material genético de 61, lo cual es un logro tremendo”. Lo que descubrieron los dejó boquiabiertos. Estos mamuts mexicanos no eran como los de Canadá o Estados Unidos. Pertenecen a un grupo genético único, el clado 1G, con tres subgrupos distintos.
“Esperábamos que fueran similares a los del norte, pero no”, dice Federico, con una mezcla de sorpresa y entusiasmo. “Hace más de 400 mil años, mamuts de las estepas se cruzaron con mamuts lanudos, y ese cruce creó una variedad única que prosperó en la cuenca de México hasta el final del Pleistoceno, hace unos 12 mil años”.
María del Carmen Ávila Arcos, del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH), se une a la conversación con una sonrisa orgullosa. “Este es el primer estudio de este tipo en México, y lo hicimos todo aquí, sin depender de laboratorios extranjeros. Eso es un hito”.
El trabajo, realizado en colaboración con el INAH y la Escuela Nacional de Antropología e Historia, involucró a estudiantes que, como Eduardo, Ángeles y Rigoberto, se sumergieron en el análisis de ADN en el laboratorio de Juriquilla.
“Usamos técnicas avanzadas para extraer el ADN de los molares, que son ideales por su resistencia”, explica María. “Y esto es solo el comienzo. Ahora queremos analizar el ADN nuclear para entender mejor cómo surgieron estos mamuts y cómo vivieron”.
Mientras Rubén muestra otro molar, cuenta cómo los mamuts colombinos mexicanos eran diferentes a los lanudos, que sufrieron con los cambios climáticos. “Estos mamuts mantuvieron poblaciones pequeñas pero estables, adaptándose a su entorno de una manera única”.
Esa resiliencia, grabada en su ADN, es lo que hace que este descubrimiento sea tan especial. No solo nos cuenta la historia de estos gigantes, sino que posiciona a México como un líder en la paleogenómica, la ciencia que mezcla genética y arqueología para desentrañar el pasado.
“Hay tantos animales extintos en México que aún no hemos estudiado a fondo”, dice María, con una chispa de emoción. “Este proyecto es una puerta que apenas estamos abriendo”. Federico asiente, y agrega:
“Lo que encontramos en Santa Lucía no es solo un tesoro fósil, es un mapa genético que nos ayuda a entender cómo era la vida hace miles de años”.
Con este trabajo, México no solo reivindica su rica historia natural, sino que se consolida como un referente mundial en la investigación del pasado, listo para seguir descubriendo los secretos de las criaturas que alguna vez caminaron por su suelo.