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Paso a desnivel | Por: David Cárdenas Rosas | Malinche: fundamental en la conquista y el derrumbe del imperio azteca

Malinche, aunque algunos le llamaron Marina y otros la recuerdan como Doña Marina, nació entre dos mundos que pronto se enfrentarían: hija de una nobleza menor, fue entregada como esclava y después convertida en intérprete, consejera y figura clave en el destino de estas tierras. Su nombre, con el tiempo, se convirtió en símbolo de traición para algunos y de puente entre culturas para otros.

Cuando Hernán Cortés llegó a estas costas, Malinalli ya dominaba lenguas que le permitieron traducir los mensajes de los pueblos sometidos por los mexicas.

Su voz no fue solo traducción: fue herramienta política. A través de sus palabras se sellaron alianzas, se encendieron rebeliones y se tejieron pactos que debilitaron al poderoso imperio de Moctezuma.

No fue solo intérprete; fue estratega en un juego donde se decidía el futuro. Comprendió que los pueblos oprimidos bajo el dominio mexica veían en los españoles una oportunidad de liberación.

Ella misma, mujer marcada por la esclavitud, entendió que hablar -que su palabra- era poder. Y ese poder lo usó para sobrevivir y para negociar un lugar en un mundo convulso.

Muchos la juzgan como traidora. Pero, ¿cómo traicionar a quienes le habían negado libertad y dignidad? Otros le llaman madre del mestizaje, porque de Malintzin y de Cortés nació un hijo que encarnó el inicio de una nueva identidad: ni solo española ni solo indígena, sino mezcla de ambos.

Su papel en la caída de Tenochtitlan fue silencioso y decisivo. Estuvo presente en las negociaciones con Moctezuma, en la Noche Triste, en las alianzas con los tlaxcaltecas. Fue la voz que convirtió órdenes en acciones y que transmitió advertencias que salvaron vidas. Sin Malitzin, los conquistadores no habrían comprendido el corazón ni la lengua de estas tierras.

Hoy, siglos después, su nombre aún provoca debate. Es símbolo de dolor, resistencia y renacimiento. Es recordada con recelo por algunos, con reconocimiento por otros. Pero lo cierto es que sin su presencia, la historia habría sido distinta.

Malinche. Mujer entre dos mundos, intérprete de destinos, testigo del derrumbe de un imperio y del nacimiento de otro. Ni heroína ni villana: simplemente una mujer fundamental en la historia que nos forjó.

Malinche es el rostro de la contradicción: víctima y protagonista, puente y abismo, inicio de un nuevo tiempo. Su nombre arde en la memoria porque representa lo inevitable: el derrumbe de un imperio y el nacimiento de otro.

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