El nopal, mucho más que un símbolo de México: historia, territorio y cultura nahua
El nopal no solamente representa a México; también conserva parte de la memoria de quienes lo han trabajado y transmitido durante generaciones.
Un libro electrónico sobre los pueblos nahuas de Milpa Alta recorre la historia del nopal, desde su dimensión simbólica hasta las prácticas productivas y culturales que permanecen vigentes.
El nopal ocupa un lugar singular en la historia de México. Está en el mito fundacional de México-Tenochtitlan, forma parte del escudo nacional y se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la identidad mexicana. Pero antes de convertirse en símbolo, fue alimento, sustento y parte de la vida de los pueblos originarios.
Esa historia es abordada en el libro electrónico “Producción de nopal entre los nahuas de Milpa Alta, Ciudad de México”, que reúne cuatro capítulos dedicados a la planta desde distintas perspectivas.
El primero revisa la construcción histórica del nopal como símbolo y las interpretaciones que hicieron de él los cronistas. Entre ellos, fray Bernardino de Sahagún, quien describió la planta con asombro, pero también reconoció los diversos usos que los pueblos indígenas le daban.
Del símbolo a la producción
El segundo capítulo se concentra en los procesos productivos. La investigación muestra al nopal como una planta de múltiples posibilidades desde su propia forma de cultivo.
El recorrido continúa con la dinámica demográfica de los pueblos originarios de Milpa Alta y, finalmente, con las prácticas culturales relacionadas con el nopal que permanecen en la actualidad.
Ahí aparecen la cosmovisión nahua, los conocimientos asociados a las especies originarias de la región y distintas formas de preparación de alimentos.
La investigación permite mirar el nopal más allá de la imagen que aparece en la bandera: como producto, alimento, conocimiento, territorio y memoria cultural.
En Milpa Alta, el símbolo nacional también sigue siendo una planta que se cultiva, se transforma y llega a la mesa.
Y quizá ahí se encuentra una de sus historias más profundas: el nopal no solamente representa a México; también conserva parte de la memoria de quienes lo han trabajado y transmitido durante generaciones.
