Yo Marcos, unipersonal protagonizado por Alberto Juárez
Ciudad de México, 20 de abril de 2026.- Con un ambiente íntimo y silencioso, en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque (CCB) –recinto del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), organismo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México– inició la temporada de Yo Marcos, unipersonal protagonizado por Alberto Juárez, que propone una reflexión escénica sobre la identidad, la fe y los relatos que han moldeado la historia cultural de México.
El escenario se presenta desde el inicio con una estética mínima: un tapete al centro, una veladora encendida, la figura de Tonantzin y una cortina de hilos que separa el espacio escénico de una pantalla en la que se proyectan imágenes y videos del culto a la Virgen de Guadalupe. Con dichos elementos, el montaje establece una atmósfera de recogimiento que acompaña el relato personal que sostiene la obra.
El protagonista recuerda su primera visita a la Basílica de Guadalupe cuando era niño, acompañado por su madre y su abuela para ver a una figura que le resultaba familiar: una madre con rasgos y color de piel similares a los de las mujeres de su familia. A partir de ese momento, la imagen de la Virgen no salió de su mente.
Dicha experiencia es el punto de partida para una búsqueda artística y personal que articula la propuesta: rastrear la historia de Marcos Cipac (1517–1572), un pintor indígena náhuatl activo en los primeros años del Virreinato de la Nueva España. A él se le atribuyó la creación de la imagen de la Virgen de Guadalupe, una de las representaciones religiosas más importantes y veneradas en México, cuya existencia simboliza la fusión entre tradiciones artísticas indígenas y técnicas pictóricas europeas tras la conquista.
Un relato escénico entre historia y memoria
A lo largo del montaje, Juárez combina relato autobiográfico, investigación histórica y recursos audiovisuales para reconstruir la figura del artista novohispano y reflexionar sobre el origen de uno de los símbolos más poderosos de la identidad mexicana.
Entre el público, las reacciones destacaron la cercanía emocional que logra el montaje incluso con espectadores que no se identifican con la devoción religiosa.
“Me gustó mucho que es una obra muy bella y sencilla de entender. Aunque yo no soy devota de la Virgen de Guadalupe, puedo empatizar con ese sentimiento de admiración y entiendo que forma parte de nuestra cultura como mexicanos, que está muy arraigada a nuestra identidad”, comentó Ana Laura al término de la función.
Para otros asistentes, la pieza resultó reveladora por el contexto histórico que presenta. Ángel señaló que uno de los aspectos más interesantes fue descubrir a Cipac: “Yo no sabía que existía este personaje; uno se queda con la historia de que fue la misma Virgen la que plasmó su imagen en el rebozo de Juan Diego y no conocía la parte histórica”.
Al finalizar la función, el actor Alberto Juárez agradeció al equipo creativo que hizo posible el montaje, entre ellos el director Omar Flores Sarabia y el dramaturgo Adriano Madriles. También mencionó a la encargada del diseño de vestuario, Brisa Alonso y Luz Marina Arcos Delgado, entre otros.
