El Papa: Escuchar a las víctimas es esencial para la prevención de los abusos
Ciudad de México, 17 de marzo de 2026.- La protección de los menores y de las personas en situaciones de vulnerabilidad no es un ámbito aislado de la vida eclesial, sino una dimensión que atraviesa la pastoral, la formación, el gobierno y la disciplina. Cada paso hacia adelante en este camino es un paso hacia Cristo y hacia una Iglesia más evangélica y auténtica.
En este pasaje del Papa León se resume cómo la Iglesia pretende seguir trabajando en la «construcción de una auténtica cultura del cuidado». El Pontífice se dirige a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores, recibidos en audiencia esta mañana, 16 de marzo, en la Sala del Consistorio. Les indica una perspectiva de «esperanza» y «renovación» que deben perseguir a través de la escucha de las dolorosas experiencias de las víctimas y los sobrevivientes, «puntos de referencia esenciales» que sacan «poderosamente a la luz la verdad» y nos enseñan «la humildad».
La cultura del cuidado
El Papa expresa su gratitud a la Pontificia Comisión por su labor «exigente» y «a veces silencioso y a menudo oneroso, pero esencial para la vida de la Iglesia y para la construcción de una auténtica cultura del cuidado». Recuerda además la decisión de su predecesor, el Papa Francisco, de integrar la Comisión en la Curia Romana; una decisión que representa una orientación muy concreta.
La prevención de los abusos no es una tarea opcional, sino una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia.
Un proceso de conversión
Profundizando en el tema, León valora el diálogo entablado con la Sección Disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ya que la «prevención» y la «vigilancia disciplinaria» constituyen una sinergia fructífera. La prevención —recuerda— «nunca es solamente un conjunto de protocolos o procedimientos», sino que nace de la formación de una cultura del cuidado en la que la protección de los menores no es «una obligación impuesta desde fuera», sino un proceso de conversión «en el que los sufrimientos de los demás sean escuchados y nos muevan a actuar».
En este sentido, las experiencias de las víctimas y de los sobrevivientes son puntos de referencia esenciales. Aunque ciertamente son dolorosas y difíciles de escuchar, estas experiencias sacan poderosamente a la luz la verdad y nos enseñan humildad mientras nos esforzamos por ayudar a las víctimas y a los sobrevivientes. Al mismo tiempo, es precisamente mediante el reconocimiento del dolor que se ha causado como se abre un camino creíble de esperanza y renovación.
