El mate: la bebida que mantiene vivo un bosque
Ciudad de México, 10 de enero de 2026.- En el sur del Brasil, una bebida nunca es solo una bebida. Cuando la cuia, una vasija de uso habitual para beber, va pasando de mano en mano llena de chimarrão, la tradicional infusión brasileña de yerba mate, la gente empieza a conversar y a familiarizarse con el lugar. La vasija transmite algo más que calor; transmite el recuerdo del bosque y los conocimientos derivados de la vida en él.
En el estado de Paraná, situado en el centro‑sur del Brasil, la yerba mate (Ilex paraguariensis) no se cultiva en campos desbrozados, sino en el interior de los bosques nativos. Esta manera sostenible de producir alimentos ha sustentado los medios de vida de las familias durante generaciones y ha dado forma a un paisaje en el que la agricultura no sustituye al bosque, sino que depende de él. Más allá de sus raíces culturales, la yerba mate también reviste importancia a escala mundial. El Brasil, junto con la Argentina y el Paraguay, se cuenta entre los principales productores y exportadores del mundo y abastece a mercados regionales e internacionales.
La convivencia con el bosque
Este sistema tradicional de cultivo de la yerba mate a la sombra es excepcional porque, bajo una intensa presión ambiental, combina la producción agrícola, la conservación de la biodiversidad y la organización social.
La selva de Araucaria, parte del bioma del bosque atlántico, está entre los ecosistemas más amenazados del planeta. Decenios de deforestación y cambios en el uso de la tierra han reducido de manera significativa su superficie original.
En este contexto, la continuidad de los sistemas agroforestales tradicionales no es fortuita. Es el resultado de decisiones cotidianas, de conocimientos y cuidados acumulados a lo largo de generaciones y de un esfuerzo colectivo. Gracias a estos sistemas de cultivo, la superficie restante de selva ha conservado su funcionalidad ecológica, su productividad económica y la gestión con perspectiva social, lo que crea resiliencia a la vez que sustenta los medios de vida rurales y transmite los conocimientos de generación en generación.
“No se trata tan solo de un sistema de cultivo; es una manera de convivir con el bosque”, dice Evelyn Nimmo, profesora adjunta de la Universidad Estatal de Ponta Grossa. “La producción, guiada por principios agroecológicos y conocimientos ancestrales, tiene lugar dentro del propio bosque. Las comunidades gestionan la cobertura de copa, la regeneración y la diversidad de modo que el bosque se mantenga en pie y a la vez sustente los medios de vida”.
Esta manera de comprender el bosque se traduce en prácticas concretas sobre el terreno. “Desde hace ya mucho tiempo, entendemos que es necesario preservar la selva de Araucaria, proteger las fuentes de agua y evitar el uso de productos agroquímicos”, dice João Carlos Andrianchyk, productor de yerba mate en pequeña escala. “Transmitimos esta visión a los más jóvenes, porque el mundo tendrá que seguir trabajando en esta línea si queremos mantener la calidad de vida de que disfrutamos aquí”.
Esa “calidad de vida” tiene sus raíces en la continuidad: la capacidad de vivir de la tierra sin agotarla. En comunidades como Pontilhão y Paço do Meio, más de 130 familias dependen directamente de la yerba mate, que a menudo representa alrededor del 70 % de los ingresos de sus hogares.
