Presidencia

Resaltan el Presidente Enrique Peña Nieto y el Papa Francisco la importancia de la juventud como la principal riqueza de México

Ciudad de México, 14 de febrero de 2016.

El Presidente de México, Enrique Peña Nieto, y Su Santidad el Papa Francisco resaltaron la importancia de la juventud como la principal riqueza del país, y de actuar para edificar un mundo mejor, con compromiso colectivo en favor de una mejor comunidad, de una mejor sociedad.

En la ceremonia oficial de bienvenida al Sumo Pontífice, en el Palacio Nacional, el Presidente Peña Nieto, acompañado por su esposa, Angélica Rivera de Peña,  señaló que “el respeto, la tolerancia y el entendimiento son cualidades que, independientemente de la creencia de cada quien, nos hacen mejores personas. Son el espacio de encuentro desde el cual, dentro de las diferencias, podemos construir un mundo mejor”.

“Todos estamos llamados a edificar un mundo mejor, trabajando en unión y en sintonía, porque la solidaridad es, como usted bien lo ha dicho, un modo de hacer la historia”, dijo al Sumo Pontífice.

“Tenemos que renovar la esperanza en el futuro, la esperanza es camino y es luz”, subrayó.

Resaltó que a los gobiernos “nos corresponde crear las condiciones para asegurar un piso básico de bienestar a nuestras sociedades, garantizando oportunidades de desarrollo para todos”.

Por su parte, Su Santidad el Papa Francisco dijo que a los dirigentes de la vida social, cultural y política les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos “la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz”.

Precisó que “esto no es sólo un asunto de leyes que requieren de actualizaciones y mejoras, siempre necesarias, sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno, con pleno respeto del otro como corresponde en la causa común de promover el desarrollo nacional. Es una tarea que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias, tanto públicas como privadas; tanto colectivas, como individuales”.

Dijo al Presidente Peña Nieto: “Le aseguro, señor Presidente, que en este esfuerzo el Gobierno mexicano puede contar con la colaboración de la Iglesia Católica, que ha acompañado la vida de esta nación y que renueva su compromiso y voluntad de servicio a la gran causa del hombre: la edificación de la civilización del amor”.

El Presidente Peña Nieto expresó al Sumo Pontífice: “Reconocemos en usted al líder sensible y visionario que está acercando a una institución milenaria a las nuevas generaciones. Reconocemos al Papa reformador que está llevando a la Iglesia Católica al encuentro con la gente”.

Su Santidad, continuó, “México lo quiere. México quiere al Papa Francisco por su sencillez, por su bondad, por su calidez”.

Papa Francisco, le dijo, “usted tiene un hogar en el corazón de millones de mexicanos”.

Añadió: “Yo estoy seguro de que su peregrinar por México será histórico; será luz y guía para millones de mexicanos. Su presencia entre nosotros contribuye a reafirmar nuestra vocación colectiva por la paz y la fraternidad, por la justicia y los derechos humanos. Las causas del Papa son también las causas de México”.

“Sepa que millones de mexicanos están listos para recibir sus palabras de paz, caridad y esperanza, especialmente en este año que la Iglesia Católica celebra el jubileo de la misericordia. Usted ha convocado a una fe que salga a la calle. En México, Papa Francisco, usted será testigo de esa fe, verá a millones de personas de bien, honestas y trabajadoras que, en su día a día, practican una vida de principios”, indicó.

Usted “va a recorrer nuestro país de frontera a frontera; conocerá la pluralidad de sus expresiones étnicas y culturales. Será testigo de una nación de jóvenes que hace frente a sus desafíos y que se está transformando para superarlos”, le expresó.

Señaló al Obispo de Roma que “en las calles, en los estadios y plazas que visitará, se encontrará con un pueblo generoso y hospitalario; con un pueblo orgullosamente guadalupano. Éste es el México que lo recibe con el corazón y los brazos abiertos. Somos una comunidad que valora a la familia; una sociedad solidaria y una nación forjada en la cultura del esfuerzo”.

“No tengo duda de que el paso de Su Santidad dejará una huella imborrable en los mexicanos, pero también estoy seguro de que México dejará una profunda huella en el corazón del Papa Francisco”, resaltó.

El Titular del Ejecutivo mexicano expresó que “desde lo espiritual, a la Iglesia Católica y a las demás religiones del mundo les toca seguir promoviendo la esperanza y la solidaridad, la fraternidad, y ante todo el amor”.

“De ahí la importancia de tener un Estado laico, como lo es el Estado mexicano, que al velar por la libertad religiosa protege la diversidad y la dignidad humana. Por su parte, a los ciudadanos les corresponde practicar y transmitir los valores que nos permiten convivir y avanzar en sociedad”, subrayó.

Añadió que “para bien, la democracia se extiende en el mundo. La expresión de la diversidad es cada vez más aceptada, pero al mismo tiempo resurgen grupos intolerantes que convierten sus fobias en actos de odio”.

“El individualismo, el consumismo y la permanente ambición de tener siempre más, no sólo provocan ansiedad y frustración, también atentan contra la solidaridad humana y el cuidado del planeta, que es nuestra casa común. Todas estas realidades nos muestran a una humanidad que constantemente enfrenta la decisión de hacer el bien, de ser indiferentes o de dejarse llevar por el mal”, indicó.

Refirió que “estos dilemas nos obligan a la reflexión, a pensar hacia dónde vamos y qué mundo queremos legar a quienes vienen después de nosotros. Sobre todo, estos desafíos deben motivarnos a la acción, al compromiso colectivo; al compromiso de todos en favor de una mejor comunidad, de una mejor sociedad”.

 

LA PRINCIPAL RIQUEZA DE MÉXICO HOY TIENE ROSTRO JOVEN, Y ESO DA ESPERANZA Y PROYECCIÓN: PAPA FRANCISCO

En su mensaje, el Sumo Pontífice afirmó que la principal riqueza de México hoy tiene rostro joven, y eso, dijo, da esperanza y proyección. “Un pueblo con juventud, es un pueblo capaz de renovarse, transformarse; es una invitación a alzar con ilusión la mirada hacia el futuro y, a su vez, nos desafía positivamente en el presente”, expresó.

Agregó que “una cultura ancestral y un capital humano esperanzador, como el vuestro, tiene que ser la fuente de estímulo para que encontremos nuevas formas de diálogo, de negociación, de puentes capaces de guiarnos por la senda del compromiso solidario”.

Un compromiso, indicó, “en el que todos, comenzando por los que nos llamamos cristianos, nos entreguemos a la construcción de una política auténticamente humana y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de la cultura del descarte”.

Consideró que “un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este bien común que en este siglo XXI no goza de buen mercado”.

Señaló que “la experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos, en detrimento del bien de todos, tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.

Explicó que el pueblo mexicano afianza su esperanza en la identidad que ha sido forjada en duros y difíciles momentos de su historia por grandes testimonios de ciudadanos que han comprendido que, para poder superar las situaciones nacidas del individualismo, era necesario el acuerdo de las instituciones políticas, sociales y de mercado, y de todos los hombres y mujeres que se comprometen en la búsqueda del bien común y en la promoción de la dignidad de la persona”.

Dijo que se dispone a recorrer “este hermoso y gran país como misionero y peregrino que quiere renovar con ustedes la experiencia de la misericordia como un nuevo horizonte de posibilidad, que es invariablemente portador de justicia y de paz”.

Previamente, el Presidente Peña Nieto y su esposa recibieron en el Patio de Honor a Su Santidad. En la ceremonia oficial de bienvenida, se escucharon los himnos de México y del Vaticano.

El Mandatario de México y el Sumo Pontífice saludaron a las banderas de ambos Estados y a las respectivas Comitivas. Posteriormente sostuvieron un encuentro privado. También intercambiaron obsequios y cancelaron un timbre postal conmemorativo de la Visita del Papa Francisco a nuestro país.

Después, en el Salón Azul del Palacio Nacional, el Papa Francisco y el Presidente Peña Nieto saludaron al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar Morales; al Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Jesús Zambrano Grijalva; y al Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores, Roberto Gil Zuarth.

 

Mensaje a medios de comunicación que ofreció el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto, en el marco de la Visita de Su Santidad, Papa Francisco.

Su Santidad Francisco.

Titulares de los Poderes Legislativo y Judicial de nuestro país.

Muy distinguidos invitados.

Mexicanas y mexicanos que nos escuchan, que nos están viendo, quienes se encuentran en la parte del Zócalo, corazón de la capital de nuestro país.

Hoy, es un día de entusiasmo y de enorme alegría para los mexicanos.

El pueblo de México está emocionado, porque usted ya está aquí, entre nosotros.

Reconocemos en usted al líder sensible y visionario que está acercando a una institución milenaria a las nuevas generaciones.

Reconocemos al Papa reformador, que está llevando a la Iglesia Católica al encuentro con la gente.

Como Jefe de Estado, hoy en Palacio Nacional, el Gobierno de México reconoce con honores su investidura.

Como Papa, los mexicanos le damos la más cálida y fraternal bienvenida a nuestro país.

Es la primera vez que el Sumo Pontífice es recibido en este histórico recinto.

Ello es reflejo de la buena relación entre la Santa Sede y México.

Sin embargo, su visita trasciende el encuentro entre dos estados. Se trata del encuentro de un pueblo con su fe.

Su Santidad, México lo quiere.

México quiere al Papa Francisco por su sencillez, por su bondad, por su calidez.

Papa Francisco:

Usted tiene un hogar en el corazón de millones de mexicanos.

Desde la madrugada, en la Plaza de la Constitución aquí, junto a nosotros, se han reunido miles de personas, familias enteras, que vienen a expresarle su cariño y afecto; que están aquí para escuchar su mensaje de aliento y esperanza.

Su pontificado ha llegado en un momento importante y complejo para el mundo. Es un tiempo de grandes retos.

La humanidad experimenta múltiples y acelerados cambios; cambios que abren oportunidades, pero también cambios que provocan dudas e incertidumbres.

Estamos en una era en que se podría alimentar a toda la población mundial. Y, sin embargo, millones de personas aún padecen y mueren de hambre.

Los avances en la ciencia y la medicina, hoy nos permiten curar más enfermedades y vivir más tiempo. Pero los adelantos científicos también son utilizados para hacer la guerra y causar daño.

Nunca se había producido tanta riqueza como ahora, y a pesar de ello, se sigue concentrando en muy pocas manos.

Las nuevas tecnologías multiplican la generación y difusión del conocimiento, pero quienes no tienen acceso a ellas, ahora enfrentan nuevas formas de exclusión.

La globalización ha promovido una intensa movilidad de bienes y de capitales, pero se siguen levantando barreras y obstáculos a la migración de personas que buscan una vida mejor.

Para bien, la democracia se extiende en el mundo. La expresión de la diversidad es cada vez más aceptada, pero, al mismo tiempo, resurgen grupos intolerantes que convierten sus fobias en actos de odio.

El individualismo, el consumismo y la permanente ambición de tener siempre más, no sólo provocan ansiedad y frustración, también atentan contra la solidaridad humana y el cuidado del planeta, que es nuestra casa común.

Todas estas realidades nos muestran a una humanidad que constantemente enfrenta la decisión de hacer el bien, de ser indiferentes o de dejarse llevar por el mal.

Estos dilemas nos obligan a la reflexión, a pensar hacia dónde vamos y qué mundo queremos legar a quienes vienen después de nosotros.

Sobre todo, estos desafíos deben motivarnos a la acción, al compromiso colectivo; al compromiso de todos en favor de una mejor comunidad, de una mejor sociedad.

Tenemos que renovar la esperanza en el futuro, la esperanza es camino y es luz.

Todos estamos llamados a edificar un mundo mejor, trabajando en unión y en sintonía, porque la solidaridad es, como usted bien lo ha dicho, un modo de hacer la historia.

A los gobiernos nos corresponde crear las condiciones para asegurar un piso básico de bienestar a nuestras sociedades, garantizando oportunidades de desarrollo para todos.

Desde lo espiritual, a la Iglesia Católica y a las demás religiones del mundo, les toca seguir promoviendo la esperanza y la solidaridad, la fraternidad y, ante todo, el amor.

De ahí la importancia de tener un Estado laico, como lo es el Estado mexicano, que al velar por la libertad religiosa, protege la diversidad y la dignidad humana.

Por su parte, a los ciudadanos les corresponde practicar y transmitir los valores que nos permiten convivir y avanzar en sociedad.

El respeto, la tolerancia y el entendimiento son cualidades que, independientemente de la creencia de cada quien, nos hacen mejores personas. Son el espacio de encuentro, desde el cual, dentro de las diferencias, podemos construir un mundo mejor.

Como lo ha manifestado Su Santidad, la palabra clave es: diálogo.

Diálogo entre dirigentes, diálogo con el pueblo y diálogo entre todo el pueblo.

Su Santidad Francisco:

Yo estoy seguro de que su peregrinar por México será histórico; será luz y guía para millones de mexicanos.

Su presencia entre nosotros contribuye a reafirmar nuestra vocación colectiva por la paz y la fraternidad, por la justicia y los derechos humanos. Las causas del Papa son, también, las causas de México.

Celebramos que, siguiendo el camino trazado por las escrituras, habrá de reconfortar a los enfermos, abrazar a los que menos tienen y dar aliento a los que sufren.

Sepa que millones de mexicanos están listos para recibir sus palabras de paz, caridad y esperanza, especialmente en este año que la Iglesia Católica celebra el jubileo de la misericordia.

Usted ha convocado a una fe que salga a la calle. En México, Papa Francisco, usted será testigo de esa fe, verá a millones de personas de bien, honestas y trabajadoras que, en su día a día, practican una vida de principios.

Va a recorrer nuestro país de frontera a frontera; conocerá la pluralidad de sus expresiones étnicas y culturales. Será testigo de una Nación de jóvenes que hace frente a sus desafíos, y que ese está transformando para superarlos.

En las calles, en los estadios y plazas que visitará, se encontrará con un pueblo generoso y hospitalario; con un pueblo orgullosamente guadalupano.

Éste es el México que lo recibe con el corazón y los brazos abiertos. Somos una comunidad que valora a la familia; una sociedad solidaria y una Nación forjada en la cultura del esfuerzo.

No tengo duda de que el paso de Su Santidad dejará una huella imborrable en los mexicanos.

Pero también, estoy seguro, de que México dejará una profunda huella en el corazón del Papa Francisco.

 

Su Santidad:

Sea bienvenido a esta tierra.

México lo abraza con cariño.

Bienvenidas sus palabras, sus bendiciones y su amor para México.

Bienvenida su luz.

Muchas gracias.

 

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