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Plaza de las Tres Culturas une 6 siglos de historia

Ciudad de México, 01 de Agosto 2015.- Cada edificio, monumento y espacio de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco es una marca que refleja las etapas de la historia de los últimos seis siglos en México.

Los visitantes de este referente cultural ubicado al norte de la Ciudad de México, observan las huellas de la época prehispánica, a través de un recorrido por las ruinas del recinto ceremonial México–Tlatelolco, la colonial, con la iglesia y convento de Santiago y la contemporánea, con el Centro Cultural Universitario Tlatelolco y el Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco.

Este conjunto asombró a Kevin León, de 19 años, originario de Sonora, quien sólo había escuchado mencionar a Tlatelolco en pláticas referentes a la matanza de estudiantes en octubre de 1968, pero cuando finalmente lo recorrió, descubrió que ahí se estableció, en 1338, el centro comercial más importante del México prehispánico.

En la zona arqueológica se observan más de 60 estructuras de lo que fueron los altares, plataformas y templos del “lugar de la terraza de tierra” o Tlatelli su nombre en náhuatl.

Frente a ella se yergue la iglesia de Santiago edificada en 1521 con piedras del Templo Mayor y fragmentos de esculturas de los dioses del pueblo mexica por órdenes de Hernán Cortés.

A un costado, lo contemporáneo se erige con la sede del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, edificio que durante la década de 1960 y hasta 2005, albergó a la Secretaría de Relaciones Exteriores, y ahora concentra exposiciones, muestras cinematográficas, una escuela de idiomas y otra de artes.

La también llamada Torre de Tlatelolco se ilumina cada noche a través de una red de luces rojas y azules con la instalación del artista Thomas Glassford, conocida como Xipe Tótec, en honor al dios mexica del mismo nombre.

El padre de Kevin León llama a este edificio y al Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, como “el mayor proyecto habitacional de ese tiempo”, pues rodea a las zonas arqueológica y colonial y da “vida nueva del lugar”.

Es un sitio en donde se conjugan muchas historias: primero, la cultura prehispánica, segundo, la presencia de los españoles y su colonización, y la vida nueva. Teníamos ganas de conocerla por estas razones”, detalla.

En la explanada de esta plaza el monumento en memoria de los fallecidos durante la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968, recuerda a los transeúntes otro episodio histórico que tuvo lugar en ese sitio.

 

Con información de: María Fernanda Navarro / Excélsior

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