Pueblos Originarios

OTOMÍES DEL VALLE DEL MEZQUITAL

 

LA REGIÓN DEL VALLE DEL MEZQUITAL

El Valle del Mezquital conforma una macro región, compuesta por 27 municipios,  que se caracteriza por un clima semidesértico, muy caliente durante el día y con bajas temperaturas por la noche. Hay escasa precipitación y la vegetación es principalmente xerófila.

La temperatura promedio es de 18ºC; durante enero, el mes más frío, se registra una temperatura promedio de 13ºC, y de 21ºC en los meses más calurosos, de junio a agosto. La precipitación anual promedio es de 409 milímetros. Se clasifica la región en tres subregiones, con características de suelo diferentes, lo que hace que su población se relacione con el entorno de distinta manera.

La subregión centro-sur tiene un clima semiseco que se extiende como una franja del centro y baja hacia el sureste. Su suelo ha sufrido importantes modificaciones por la introducción de canales de riego que lo han tornado propicio para la agricultura y ha permitido la diversificación de cultivos, así como un mayor volumen en la producción. Por el centro, otra franja de vegetación xerófila se extiende hacia el norte, e incluye una pequeña porción de matorral en el suroeste. Su clima es seco semicálido.

En esta subregión se practica principalmente la agricultura de temporal. Sus tierras son aptas para el pastoreo. Abunda el maguey, la lechuguilla y las biznagas, entre otras cactáceas. Éstas se explotan intensivamente para obtener diferentes productos destinados a la venta y el autoconsumo. El comercio se realiza en mercados locales o regionales. En la actualidad se ha impulsado la producción en cooperativas, lo cual ha incrementado los ingresos de la población.

Hacia el norte encontramos una tercera subregión, llamada Alto Mezquital, con características muy distintas a las anteriores. Es una franja de clima templado cuya vegetación es boscosa, con mayor humedad y nivel de precipitación pluvial que las otras subregiones.

El suelo no es apto para la agricultura, aunque se practica la de temporal. Encontramos en menor grado vegetación xerófila, alternada con bosque y matorral, sobre todo en las áreas donde la explotación forestal ha agotado la riqueza del suelo. Durante la Colonia, y aún en el México Independiente, fue una región minera.

Actualmente se observan vestigios de dicha actividad en diferentes comunidades y la gente conserva recuerdos heredados de sus ancestros, que nos dan una idea de su importancia en el pasado. Hoy la población se dedica a la explotación maderera y del maguey, así como al pastoreo. Las condiciones de vida de la población han sido históricamente de marginación, sobre todo por la particular geografía que dificulta la producción agrícola.

En sus orígenes ocupada por población otomí, durante el primer tercio del siglo XVI la región sufrió la injerencia constante de conquistadores y religiosos. A pesar de ello, la población ideó estrategias que le permitieron preservar su cultura y su lengua, no intactas, por supuesto, sino adecuando su visión del mundo y sus sistemas de relaciones sociales a la nueva realidad que le imponía el régimen colonial. “Una comunidad o un individuo pueden ser el punto donde el observador nota las incoherencias de los grandes sistemas sociales y culturales, sus ambigüedades u omisiones, las grietas estructurales que dejan al individuo un pequeño espacio libre” (Burke, 1992: 56) para exteriorizarse.

Hasta la fecha, los otomíes, lejos de permanecer pasivos frente a los vaivenes económicos, sociales y políticos, buscan estrategias que les permitan aliviar su circunstancia de marginación, con buen éxito en muchos casos. Son diversos los factores que inciden en la vida de las comunidades y que incluso llegan a fracturarlas internamente; no obstante, es notable que la generalidad de las comunidades se siguen reconociendo como tales y hacen defensa de sus tradiciones, usos y costumbres, practican ritos que refuerzan su identidad colectiva y ejercen coacción frente a quienes pretenden violentar sus normas.

La identidad comunitaria, como un conjunto de valores solidarios que le permiten al grupo existir como colectividad diferenciada, es histórica. Sin embargo, como parte de ese proceso histórico, la región está sufriendo cambios cada vez más acelerados que afectan la vida interna de las comunidades. A veces estos cambios son tan abruptos, que los mismos grupos son incapaces de adecuarlos sin sufrir importantes transformaciones de su identidad comunitaria.

PANORAMA HISTÓRICO DE LA REGIÓN DESDE TIEMPOS PREHISPÁNICOS HASTA EL SIGLO XX

Se cree que el origen de los otomíes viene de aproximadamente entre 4000 y 1000 a.C. No se sabe a ciencia cierta cuándo llegaron al Valle del Mezquital. Algunos autores afirman que durante la hegemonía de Tula los otomíes jugaban un papel importante en la sociedad, aunque quienes tuvieron el control político fueron los nahuas. Después del colapso de la ciudad, entre 1050 y 1250 d.C., otomíes y nahuas se dispersaron hasta ocupar amplias zonas de la cuenca de México.

La región se repobló rápidamente. Para este periodo los grupos étnicos que ocupaban el valle eran: en la parte norte, los ame-chichimeca, y hacia el centro-sur, otomíes y nahuas. En el centro de México los otomíes ocupaban el occidente del Valle de México, el Valle de Toluca, la provincia de Xilotepec, Teotlalpan y el Valle del Mezquital.

Los tecpanecas, con ayuda de los mexicas, hicieron la guerra a los otomíes y los obligaron a moverse. Años después, la Triple Alianza se apoderó de la zona. En este periodo la distribución de la población sufrió varios cambios, como asentarse en lugares de más difícil acceso o que resultaron poco adecuados para la siembra. Algunas zonas céntricas quedaron despobladas.

El imperio promovió oficiales mexicas encargados de vigilar una correcta recaudación del tributo. Dentro de la estructura social otomiana se insertaron estos personajes, lo que facilitó la formación de nuevos linajes. Los mexicas promovieron también los matrimonios entre los caciques otomíes con las hijas de los vencedores. Con ello la estructura social otomiana tradicional se modificó.

La región del Valle del Mezquital fue conquistada por los españoles hacia 1520. Los conquistadores utilizaron dos estrategias para desarticular el sistema político y social mexica y establecer su propio control: en algunos casos, devolvieron el poder a los señores otomíes sometidos por el poder de la Triple Alianza y, en otros, asignaron las viejas y nuevas jurisdicciones indígenas como encomiendas y corregimientos.

Durante los primeros años, Cortés repartió gran cantidad de encomiendas como recompensa a quienes participaron en la Conquista. Ya para 1530, una buena parte de los territorios de Hidalgo se habían repartido en encomiendas, en Tulancingo, Atotonilco el Grande, la vega de Meztitlán y una parte del Valle del Mezquital.

La Corona legisló para debilitar la encomienda, limitándola a una generación. También otorgó tierras a los particulares, llamadas mercedes, con el fin de evitar que éstas quedaran en manos de unos cuantos terratenientes que pudieran llegar a convertirse en un obstáculo para la metrópoli española. Estas mercedes fueron el antecedente de las haciendas.

Además, apoyó el establecimiento del cabildo indígena. En los primeros años de la Colonia, los frailes franciscanos comenzaron la labor evangelizadora en la zona. Después llegaron los agustinos, cuya obra se extendió por casi todo el valle, la sierra y la Huasteca. Éstos no sólo introdujeron una nueva religión, sino que se encargaron de organizar a los pueblos de indios y enseñarles nuevos oficios.

Utilizaron esta mano de obra para la construcción de obras arquitectónicas monumentales, como las de Actopan e Ixmiquilpan. También algunos frailes aprendieron la lengua, lo que les permitió tener un mayor acercamiento al indígena y facilitar “la extirpación de la idolatría”. No contaron, sin embargo, con que los otomíes llevaban a cabo cultos domésticos fuera de la vista de los religiosos. Aun cuando públicamente practicaban el cristianismo, las creencias alrededor de las fuerzas de la naturaleza y sus representaciones permanecieron vigentes. Con el tiempo se formó una religiosidad sincrética, que retomó elementos de ambas cosmovisiones y dio por resultado una especie de catolicismo indígena mesoamericano.

El gobierno colonial creó un sistema que permitiera una efectiva administración de los dominios, separar socialmente a su población y “proteger a los indios” del abuso por parte de los españoles. Así, el territorio quedó dividido en dos tipos de jurisdicciones: la república de indios y la república de españoles, cada una con sus propias autoridades.

Las villas y cabeceras españolas gozaron de las mejores tierras y una amplia red de caminos que favorecieron su prosperidad económica. La república de indios, constituida por pueblos y comunidades indígenas, fue reconocida como una corporación con privilegios, tales como la exención de ciertos impuestos y un territorio comunitario, entre otros. Aunque con frecuencia sufrió despojos por parte de españoles y mestizos. Aun cuando intentó preservarse la propiedad comunal original, en muchas ocasiones los territorios físicos cambiaron.

Estas tierras no se podían vender. El sistema de tributos continuó en funciones. Los grupos indígenas buscaron por diferentes vías adaptarse a las nuevas condiciones de vida que se les imponían, mediante el establecimiento de alianzas y replegarse a zonas de difícil acceso; otras veces las comunidades se volvieron cerradas, y mantuvieron la religión y su sistema de creencias en la clandestinidad.

También hacían uso de la misma legislación colonial para denunciar los abusos de que eran objeto. La república de indios permitió que se preservaran en esencia tanto la lengua como la cultura otomí, aunque con cambios.

Algunos pueblos de indios se desintegraron por causa de las diversas epidemias que azotaron la región y las movilizaciones voluntarias o forzadas, estas últimas causadas por las políticas de congregación y repartimiento que impuso el régimen colonial.

La economía en el Valle del Mezquital después de la Conquista giró alrededor de tres actividades: agricultura, ganadería y minería.

Las riberas de los ríos constituían casi las únicas tierras que permitían siembras variadas y en buena cantidad, y estas tierras fueron a menudo acaparadas por los españoles o mestizos acaudalados. El resto de las tierras que se utilizaban para siembra eran de temporal, y eran los indígenas quienes las utilizaban.

También desarrollaron toda una industria alrededor del maguey: obtenían aguamiel y pulque de su savia, sacaban el ixtle al tallar sus pencas para elaborar ayates, cuerdas, mecapales, o bien, las utilizaban para los techos de sus casas, se alimentaban del quiote y de sus flores (golumbos). Practicaban la caza y la recolección.

Algunos indígenas contaban con un jornal, producto del trabajo en haciendas pulqueras o ganaderas. En la región se introdujo el pastoreo, pero casi no se desarrolló la industria de obtención y tratamiento de la lana. En la parte centro-norte del Mezquital se desarrolló la industria minera. Desde Cardonal hacia el norte se fundaron los reales de minas de La Pechuga Vieja y La Pechuga Nueva; se estableció una especie de corredor que comunicaba la zona de Zimapán con Ixmiquilpan. Los dueños de las minas mandaban traer indígenas en cuadrillas para turnarse la explotación minera, con frecuencia sin tomar en cuenta su origen étnico. En los reales de minas se desarrolló una vital actividad comercial.

Para satisfacer las necesidades de los mineros y de las minas propiamente, se desarrolló el comercio de productos agropecuarios, forestales, de servicios, artesanales y también se favoreció la arriería. Muchos indígenas subsistían alrededor de las minas como indios naboríos (que realizaban trabajo voluntario) o pepenadores.

El auge y expansión de las haciendas provocaría que sus dueños se apropiaran de las tierras pertenecientes a los pueblos. Conforme crecieron de tamaño y la población indígena se fue recuperando, se desataron los conflictos de tierras entre pueblos y haciendas. Sin embargo, éstas constituyeron una fuente de empleo muy socorrida entre los indígenas que vivían en la miseria.

TERRITORIO, ORGANIZACIÓN SOCIAL Y ECONOMÍA ORGANIZACIÓN ESPACIAL

Los asentamientos rurales del Valle rodean a la iglesia con su panteón, en algunos casos también frente a una cancha, un parque o un quiosco. Encontramos también la delegación municipal, que puede ser un auditorio. Este espacio céntrico lleva un trazo regular de calles, mientras que al alejarse del centro el trazo se pierde. Los terrenos ejidales rodean los asentamientos. Aún se pueden ver algunas edificaciones cubiertas con pencas de maguey, que se utilizan como cocinas, lugares para guardar cosas o, simplemente, como cuartos en desuso.

En muchas ocasiones, el baño es construido fuera de las casas como una característica indígena que ha permanecido en la región. Prácticamente todas las edificaciones actuales son construidas con tabique y concreto.

En muchos casos la migración ha copiado la arquitectura estadounidense de casinos y casas. Tanto delegaciones municipales, parques, bibliotecas y quioscos, como templos evangélicos y casas particulares, son costeados desde Estados Unidos. Se pueden encontrar casas con techo de dos aguas en medio de magueyales y casi siempre deshabitadas, ocupadas parcialmente o en obra negra, ya que para costear construcciones como esas los dueños tienen que seguir trabajando en Estados Unidos.

Los municipios y el Estado se encargan de construir los centros de salud, las escuelas y el alumbrado, pero en muchas ocasiones la comunidad también coopera. Las propiedades en su mayoría son particulares, la propiedad comunal es el ejido.

El sistema de riego que se estableció desde el siglo pasado con las aguas residuales garantiza por lo menos una agricultura de autoconsumo, y aunque la toxicidad de estas aguas causa diversas enfermedades gastrointestinales entre los habitantes, es la única fuente acuífera que permite un desarrollo agrícola.

Por parte de instancias gubernamentales, como la Secretaría de Salud y la Secretaría de Agricultura, existe una restricción en el cultivo de ciertos alimentos, como el jitomate, los rábanos, la cebolla y en general los tubérculos, por su contacto inmediato con la tierra. El riego ha modificado la relación del hñahñu con la tierra, al permitirle y garantizarle la cosecha. Los campesinos han incorporado o dejado de cultivar productos, como el maguey, que en las zonas de riego no se planta debido a que la humedad del suelo lo pudre. Por otro lado, esta humedad ha favorecido la agricultura para la venta, tanto por el excedente que proporciona como por el tipo de productos cultivables.

GRUPO DOMÉSTICO Y ORGANIZACIÓN COMUNITARIA

Las unidades domésticas son patrilocales, los hijos van a vivir a casa del padre cuando contraen matrimonio, hasta que consiguen la independencia económica o éste les da un terreno dentro o fuera del solar para construir su propia casa.

Aunque los evangélicos han debilitado el nivel organizativo de las fiestas patronales, existe un sistema de cargos con mayordomías, encomendadas de realizar los festejos católicos.

Asimismo, los grupos evangélicos, bajo la dirección de los pastores, se organizan para realizar sus festejos o construir sus templos. Hasta hace pocos años, en la comunidad del Decá los evangélicos tomaban como festejo importante el cumpleaños del pastor, a quien le regalaban lo mejor de la cosecha o de su ganado.

El sistema de mayordomía, como parte de la organización comunitaria, está siendo reemplazado por los comités, los cuales, a través de la cooperación de los vecinos, organizan las diferentes fiestas, sobre todo patronales. Pero en algunas comunidades o ciertas celebraciones aún está vigente la mayordomía y conserva su importancia, como es el caso de la fiesta patronal del barrio de San Nicolás y la fiesta del Señor de Jalpan, patrono regional.

En los comités, la representación comunitaria ante el santo no recae en una persona, a diferencia de las mayordomías. En esencia, los comités funcionan de manera similar a la mayordomía, ya que es gracias al trabajo comunitario que los festejos pueden llevarse a cabo. En la mayordomía de San Nicolás son diez los mayordomos que participan costeando los alimentos, la música y el castillo. El cargo se postula a través de la invitación a un pariente o amigo.

Entre los migrantes, la mayordomía es relevante porque es una de las formas de vincularse con la comunidad, de seguir perteneciendo con todos los derechos y obligaciones. Cuando un migrante tiene muchos años de no estar en el barrio, esta invitación funciona como un mecanismo de presión para hacerlo cumplir con sus obligaciones comunitarias, y así pueda seguir gozando de los derechos de acceso a la tierra y uso del panteón. Pese a que significa una inversión muy fuerte, el barrio sigue reproduciendo sus tradiciones.

Dos aspectos fundamentales para el buen funcionamiento de la fiesta son la cooperación y la solidaridad comunitaria (reciprocidad); sin éstas los festejos no podrían llevarse a cabo.

La fiesta del Señor de Jalpan representa la comunión regional con su patrono. Cada una de las comunidades y barrios de la región dispone de un día, durante los meses de agosto y septiembre, para llevarle una ofrenda al numen.

La comunidad es representada por el mayordomo. Estas ofrendas son sufragadas en su mayoría por el sirviente, pero al igual que en el caso de San Nicolás, la reciprocidad permite la realización del ritual. En el barrio del Calvario, fundado recientemente por evangélicos, no existe un sistema de cargos. Diversos comités se encargan de la organización de las festividades religiosas.

Toda la comunidad aporta para el evento y las mujeres preparan los alimentos que comerá todo el grupo. Los festejos civiles, como los escolares o el 15 de septiembre, constituyen espacios donde las diferencias religiosas son disueltas. La gente coopera y se organiza en torno a ellos. Otros festejos, como la “elección de la reina”, también han diluido estas oposiciones.

AUTORIDADES COMUNITARIAS Y SISTEMAS NORMATIVOS

Las autoridades civiles en las comunidades responden al esquema de los delegados municipales que el gobierno del estado reconoce a través de la Ley Orgánica Municipal. Estas autoridades son elegidas en asambleas comunitarias. La elección se realiza a través del voto ciudadano, sin importar que los electos pertenezcan al grupo católico o evangélico.

Dicha asamblea es el primer nivel de organización social al interior de la comunidad; de ella emanan las autoridades de la delegación municipal y los comités de agua potable y obras. El delegado es quien gestiona ante las autoridades del municipio las demandas de su localidad y mantiene el orden al interior de la comunidad.

Otro nivel de representación y organización es el de los ejidos, que responde a las leyes agrarias de la Federación, con un comisariado constituido por presidente, secretarios, tesoreros y sus suplentes. Son electos en asambleas ejidales, y aunque en muchos casos son asambleas más pequeñas que las comunitarias, mantienen gran parte del control comunitario, ya que son los dueños de la tierra y los delegados en múltiples ocasiones tienen que consultar con los ejidatarios la toma de decisiones comunitarias.

El tercer nivel lo integran las nuevas organizaciones de migrantes, que al mandar dinero a sus comunidades van cuestionando poco a poco a las asambleas comunitarias y ejidales para los proyectos en común. Un ejemplo de ello son los migrantes de la comunidad de Santa Teresa Daboxtha, quienes mantienen proyectos de bibliotecas y escuelas para que los jóvenes próximos a migrar, tengan conocimiento de los oficios que se desarrollan en Estados Unidos y lleguen allá como mano de obra calificada para que así obtengan un mejor salario. Estos proyectos son acordados al interior de las comunidades, y los migrantes además deciden sobre las nuevas obras públicas, lo que muestra que pronto llegarán a ser tan importantes como los delegados o los comisariados ejidales.

Las faenas son obligatorias, al igual que las cooperaciones. Cuando alguien vive fuera de la comunidad, tiene que pagar la faena a una persona que viva en la localidad para no perder su estatus como miembro de la comunidad y tener derecho al panteón, riego y voto en las asambleas. Los migrantes, por su parte, han ido modificando y reelaborando tanto las relaciones sociales como el estatus comunitario, porque aunque físicamente no estén presentes, siguen perteneciendo a la comunidad, siempre y cuando cumplan con su deber ciudadano.

En comunidades donde el índice migratorio masculino rebasa 50%, los delegados son electos incluyendo a los migrantes. Esta elección se hace con un año de anticipación, es decir, en enero se elige al delegado que detentará el cargo al año siguiente. Este sistema es rotativo. La migración ha propiciado que el sistema normativo referente al cumplimiento del cargo se relaje; así, el hermano o el padre del migrante puede fungir en el cargo mientras el familiar regresa. Sin embargo, quien cumple con el cargo es el ausente, quien será sancionado en positivo o negativo por el desempeño del pariente en la delegación municipal.

ASPECTOS ECONÓMICOS

Si bien la región se caracteriza por ser un vasto valle árido y seco, existen sistemas de riego que permiten a algunas comunidades sembrar hortalizas y alfalfa para vender, así como un poco de maíz para el autoconsumo.

El maguey, por su parte, también forma parte de la economía básica a nivel familiar. De sus hojas se obtiene la fibra de ixtle para elaborar estropajos, ayates y lazos, además del pulque para autoconsumo y venta.

Algunos de los pueblos más importantes de la región, que acaparan el mercado de Ixmiquilpan con este producto, son Santa Teresa y San Andrés Daboxtha. Allí han existido intentos de cooperativas femeninas para la producción de miel de maguey. El ciclo del maíz depende de las condiciones acuíferas de la región.

Cuando hay riego se inicia su ciclo a principios de año, mientras que cuando la agricultura es de temporal, hasta marzo comienza a prepararse el terreno, cosechándose desde julio para el primero y en noviembre para el segundo. En torno a dicho ciclo se entrelaza una serie de ritos que van desde el día de la Santa Cruz hasta las festividades de Muertos.

La ganadería es escasa y su explotación se da a nivel familiar. Se crían principalmente ovinos, caprinos y aves de corral; estos animales en el ámbito doméstico se utilizan para cubrir gastos como el tratamiento de enfermedades, los útiles escolares o las fiestas.

En menor medida, encontramos a la orilla de la carretera Panamericana comercios que venden barbacoa.

Hace algunos años se empezó a comercializar el avestruz, su piel, su carne y sus huevos, sin embargo, el proyecto fue abandonado.

Dentro de las artesanías podemos encontrar un sinfin de manifestaciones y variedades. Si bien el textil tiene poca demanda por su alto costo, hay objetos como bolsas, servilletas, tarjetas o separadores bordados a bajo costo, mientras que la ropa, camisas o faldas de manta, se puede encontrar a precios más altos en San Nicolás e Ixmiquilpan.

Hacia El Nith podemos encontrar un elaborado y fino proceso de incrustaciones de concha de abulón traída desde Baja California, con la que se elaboran aretes, marcos, platos, miniaturas de instrumentos musicales, crucifijos, etcétera. Muchos artesanos han participado inclusive en exposiciones internacionales.

La migración, por su parte, ha ido fortaleciendo la economía de la región, las casas de cambio abundan en la ciudad de Ixmiquilpan. Ahí, el día de mercado es el lunes. Los hñahñu asisten desde temprano para comprar y vender sus productos: comida, ropa y utensilios del hogar, así como víveres y, por supuesto, pulque.

SALUD Y MEDICINA TRADICIONAL

Hemos encontrado que sólo en unas cuantas comunidades todavía hay curanderos, lo cual indica que están desapareciendo los especialistas en la región. Algunos datos señalan que aún hay parteras en algunos pueblos, como en El Decá. Sin embargo, la gente está consciente de que existen remedios caseros para algunas enfermedades.

Las medicinas que brinda el Estado a través del sistema de salud se complementan con estos remedios. Casi todas las comunidades cuentan con centros de salud.

En muchos casos, la migración está modificando los hábitos alimenticios y de vida, lo que ha incrementado la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, las que junto con el alto grado de alcoholismo representan un problema en toda la región.

MIGRACIÓN

Durante todo el año es posible encontrar largas filas en las casas de cambio, adonde las familias de los migrantes acuden para recibir el dinero que éstos envían. Es al final del año cuando gran cantidad de migrantes regresan para celebrar en sus comunidades las fiestas.

En las calles de los centros urbanos se observan numerosos automóviles con placas de Estados Unidos que los migrantes traen con ellos.

Los principales puntos de migración en aquel país son Las Vegas, Carolina, Texas, Atlanta y Florida.

Antes, el ramo principal en que los migrantes se ocupaban era la agricultura, pero ahora se han diversificado hacia la construcción y los servicios. Por ejemplo, las investigaciones de Schmidt y Crummett (2004) revelan que en la ciudad de Clearwater, Florida, los hñahñu muestran un alto grado de organización laboral, al grado que las mismas autoridades han tenido que modificar las políticas laborales para protegerlos de “la migra”.

En dicha ciudad, la industria hotelera depende de los trabajadores migrantes, sobre todo indocumentados, para funcionar. Las estrategias para cruzar la frontera son sencillas; si es la primera vez, se junta el dinero para pagarle al “coyote” que los llevará hasta el lugar donde trabajarán, se le entrega la mitad del dinero y al llegar a Estados Unidos se le da el resto. El monto de la tarifa cambia según la ruta, el tiempo estimado de cruce, si el migrante desea empleo o si únicamente lo van a dejar en la frontera.

Normalmente se contacta a los coyotes de la región “porque son más seguros”. Hay comunidades famosas por tener buenos coyotes que garantizan el paso. Cuando el migrante ya tiene experiencia, no necesita de intermediarios para pasar o se marcha con gente que ya ha pasado.

Se ha convertido en tradición que las familias procuren que sus jóvenes emigren desde temprana edad. En muchas ocasiones, a los pocos días de terminar la secundaria los chicos parten hacia Estados Unidos.

Las remesas, según las investigadoras citadas, ascienden a entre tres y cuatro millones de dólares mensuales para el municipio de Ixmiquilpan.

IDENTIDAD Y PERTENENCIAS SOCIALES

ADAPTACIÓN Y CAMBIO

La inserción de los hñahñus al mercado de trabajo en las zonas urbanas, tanto nacionales como en Estados Unidos, ha traído consigo una serie de cambios que han modificado todos sus elementos culturales. Se observan cambios en diferentes manifestaciones de la vida cotidiana, como el uso de la lengua, la alimentación, la música y la danza.

Estas modificaciones evidencian la adecuación de la cultura hñahñu a la nueva realidad social que viven en sus comunidades, así como en los lugares de destino.

LENGUA. El uso de la lengua constituye uno de los principales referentes de identidad, tanto al interior como al exterior del grupo. Para el caso de los hñahñus del Valle del Mezquital, la lengua se encuentra en una situación de marginalidad, sobre todo entre las generaciones de jóvenes, quienes no quieren o no saben hablarla.

Sin embargo, en las unidades domésticas y en las reuniones comunitarias aún es utilizada como el medio de comunicación entre los adultos. Encontramos en algunas familias la enseñanza simultánea del español y el hñahñu a niños que están aprendiendo a hablar.

Aunado a esto, grupos de profesores bilingües realizan el esfuerzo de rescatar la lengua a través de cursos y talleres dirigidos a personas que se interesen no sólo en hablarla sino en escribirla, porque a decir de los maestros “es un problema que no sepan escribirla, porque se va a perder más fácil nuestra lengua”.

ALIMENTACIÓN. La alimentación entre los hñahñu ha sufrido una serie de modificaciones, incorporaciones y pérdidas de productos, así como cambios en las maneras de obtener y procesar los alimentos. En una región árida como la del Valle, donde los alimentos son difíciles de conseguir debido a la infertilidad de sus tierras, el optimizar los recursos existentes es de suma importancia.

Las cosechas son escasas, sobre todo en la zona de temporal; los animales para la caza prácticamente han desaparecido, aunque persiste el referente de que “todo lo que se mueve se come”.

Los alimentos vertebrales de la tradición regional se basan en el maíz, el pulque, el nopal y el frijol. En general, la dieta doméstica se compone, además, de verduras cosechadas del huerto o compradas en el mercado, y si la situación lo permite, de un poco de carne.

El maguey se utiliza integralmente como alimento y, en menor medida, para la construcción de casas. El pulque y la flor de maguey son dos de los productos que todavía se consumen de forma cotidiana. En las regiones donde hay escasez de agua, es decir, en las comunidades más alejadas de la ciudad de Ixmiquilpan, donde la infraestructura carretera y de transporte es incipiente, el pulque es una fuente importante de líquido y nutrientes.

Hasta hace relativamente poco, era la bebida por excelencia en las fiestas, pero en la actualidad ha sido sustituida por la cerveza y el refresco. No obstante, en ciertas festividades tradicionales aún conserva su estatus de bebida festiva, como en la fiesta del Señor de Jalpan y de San Nicolás, donde las comunidades ofrecen charape —pulque curado—, a los invitados. En ambas fiestas el charape es ofrecido por los mayordomos entrantes.

Otro producto que hasta la fecha utilizan y forma parte de su alimentación es la flor del maguey o golumbo, la cual comen en tortitas capeadas con huevo.

Entre la FLORA que acostumbran consumir están los frutos del garambullo, la tuna y sobre todo el nopal y su flor, por ser un alimento utilizado para elaborar diferentes guisos. Por otra parte, el consumo de insectos hasta hace pocos años era común.

En la actualidad ha disminuido, ya sea por la escasez de los mismos o bien por la introducción de alimentos de origen industrial y la consecuente pérdida del referente identitario.

Los adultos testimonian sobre el CONSUMO DE INSECTOS, y afirman que “son muy ricos, los jóvenes ya no quieren, les da asco, prefieren el pollo”. Dentro del inventario se encontraban los gusanos del mezquite (xä´ue) que en época de Cuaresma se comen tiernos, se asan en el comal y se muelen en el molcajete con chile de árbol, que “le da muy buen sabor a la salsa”; los gusanos de maguey (thet´ue), que se vuelven chicharra en la penca, por eso hay que comerlos tiernos; los chinicuiles (thenk´ue) son los gusanos rojos que se encuentran en la raíz del maguey y se comen en salsa con calabazas; los escamoles (yuhi) también son un alimento de época de Cuaresma, de cada huevera se obtiene entre 1 y 1 1/2 cuartillos;3 con los gusanos de maíz (tsimanxa) se hace un tamal, se le pone cebolla, comino, se envuelve en la hoja de maíz y se pone en la lumbre; los gusanos de nopal (thet´ue ra xät´ä) también forman parte del inventario alimentario de los hñ- ahñu.

Entre LA FAUNA, encontramos que el tlacuache (däzu) y el conejo de cerro son cocinados en chiliatole; el venado era consumido en la sierra, pero actualmente ha desaparecido. Todos estos hábitos alimentarios están siendo modificados; entre otros factores, por la entrada de remesas que elevan el poder adquisitivo.

El consumo de comida enlatada e instantánea es cada vez más común en los hogares del Valle del Mezquital, lo que ha traido como consecuencia que se empiecen a presentar enfermedades asociadas a estos malos hábitos alimenticios, como la hipertensión y la diabetes.

La manera de preparar los alimentos y los implementos también se han modificado. El fogón de piso ha sido sustituido por la estufa; sin embargo, en algunas casas podemos encontrar el fogón de pie, utilizado principalmente para la cocción de los frijoles y las tortillas.

Ello se debe en parte al alto costo del gas y su difícil transportación a las comunidades, por lo que las señoras prefieren utilizar la leña que recolectan del cerro, para lo cual invierten su propia fuerza de trabajo.

Cada vez es más común el uso de recipientes de plástico y utensilios de metal. La introducción de electricidad a las comunidades ha promovido el uso del refrigerador, que cambia formas y tiempos de conservar, así como el tipo de alimentos, permitiéndoles guardar, por ejemplo, productos lácteos.

MÚSICA Y DANZA.

A través de la música y la danza se manifiestan elementos culturales que remiten a las tradiciones y gustos que forman parte del ser hñahñu. Estos elementos han sido retomados, o bien se han creado a partir de inquietudes colectivas. La música y la danza remiten a la cotidianidad comunitaria y recrean la convivencia.

En el Valle del Mezquital un grupo de profesores hñahñu trabaja en talleres con niños, jóvenes y adultos en el rescate y, sobre todo, la creación de canciones basadas en la relación con su entorno.

A partir de la música se elabora la coreografía, que propicia la creación de la danza. Este tipo de trabajos motivó a las personas a componer canciones en hñahñu, revalorar su lengua y retomar sus tradiciones. Así han surgido canciones que abordan temas sobre la picardía hñahñu: “arrímate, nos besaremos, otra vez, arrímate, nos besaremos otra vez, ¿para qué te quiero si eres un flojo?, no es por eso, arrímate nos besaremos otra vez, ya empezaste como ayer, así eran nuestros padres, así eran nuestros padres, como entardecen besaban a otros”.

También nos remiten a diferentes oficios ancestrales como son el tejido del ixtle o el pajarero. Con el alto número de migrantes, la música “grupera” ha propiciado que en las fiestas se marginen la danza y la música tradicionales. Existen incluso agrupaciones de “cumbia hñahñu”, con lo que podemos ver la apropiación étnica de ritmos afromestizos. Sin embargo, aún podemos observar, sobre todo en la zona serrana del Mezquital, el gusto por el huapango, con su estilo propio, el cual los adultos todavía bailan y cantan en su lengua.

Las danzas en el Valle del Mezquital son de reciente creación, pero no por eso carecen de elementos tradicionales e identitarios del grupo étnico, ya que nos remiten a aspectos cotidianos y tradicionales del pueblo hñahñu, como es la “Danza del ixtle”, que nos recuerda la ancestralidad de una de las principales actividades de los pobladores, que es el hilado y tejido del ixtle. En ella las mujeres, principalmente, plasman su visión del mundo.

INDUMENTARIA.

En el Valle del Mezquital la indumentaria tradicional ha dejado de utilizarse por múltiples factores, como la incorporación a un mercado de trabajo urbano y los costos de su producción. Sin embargo, continúa vigente entre los individuos. Reconocen el ayate, el quechquémetl, la blusa y la falda de manta bordada, para las mujeres; pantalón y camisa de manta, y ayate para el hombre, aunque esta indumentaria sólo es utilizada para las fiestas o en concursos.

Por ejemplo, el grupo de mujeres que canta en hñahñu en la fiesta del Señor de Jalpan el 14 de agosto lleva la indumentaria tradicional; las aspirantes a reina en las fiestas patronales de diversas comunidades buscan a las artesanas para que les confeccionen la vestimenta que lucirán durante el concurso.

De estos elementos, el ayate aún tiene diversos usos cotidianos: para cargar al niño, la mercancía cuando se va al mercado, la leña que se recolecta del monte o para cubrirse del Sol, es utilizado tanto por hombres como por mujeres. Los hombres suelen hacer con él una bolsa que va cruzada en el pecho.

El morral se elaboraba anteriormente con lana y hoy en día con materiales sintéticos. Lo usan hombres y mujeres, para cargar un pequeño itacate para el descanso de las labores en la milpa o para llevar el ixtle que van tejiendo mientras pastorean.

La indumentaria tradicional es confeccionada por las artesanas para la venta a turistas y mestizos para las fiestas escolares, quienes instruyen al comprador sobre cómo se usa, es decir, primero la blusa, después el quechquémetl, “la blusa debe ser como ésta, bordada”, la falda debe ser armónica con el bordado de la blusa, y su ayate en la cabeza.

Los bordados que prevalecen son los pajaritos encontrados, la flor de cinco pétalos; en general, nos remiten a la flora y fauna local, sea silvestre o domesticada. Las artesanas son personas respetadas en la comunidad como poseedoras del conocimiento ancestral, transmitido de generación en generación.

Son quienes han preservado, por medio de su trabajo, el uso de la indumentaria; sin embargo, cada vez son menos las jóvenes que se interesan por aprender a usar el telar, el huso y el malacate, ya sea por falta de tiempo o porque han migrado, y en los lugares de destino se dedican a otras actividades.

EL TERRITORIO SIMBÓLICO EN SU CONFIGURACIÓN RELIGIOSA

La dimensión religiosa entre los otomíes está entrelazada con la dimensión social. La religiosidad forma parte de la identidad colectiva, pues representa el conjunto de prácticas y símbolos que lo diferencian del exterior y le dan congruencia a sus propias instituciones.

La ritualidad en el mundo hñahñu refleja esta íntima vinculación entre los hombres, la naturaleza y lo sagrado, pues su correcto desenvolvimiento tendrá un efecto positivo para el bienestar material de la colectividad, traducido en buenas cosechas y armonía social.

Encontramos en los otomíes dos dimensiones de la religión, una ligada al catolicismo, que es popular y festiva, y otra que pertenece más al campo de lo privado y se relaciona con los elementos de la naturaleza, de los que dependen para su subsistencia. Fiestas patronales, procesiones y peregrinaciones.

Las fiestas patronales marcan el momento más significativo para la comunidad, que se identifica con el santo patrono. Es común que el santo le dé su nombre al pueblo, aunado a un mito que nos cuenta cómo fue que llegó a la comunidad. También la protege y le procura buenas cosechas, pero a cambio se le debe hacer una fiesta grande en su día, llevarle ofrendas y sacarlo en procesión para que cargue de fuerza a la comunidad. Alrededor de la fiesta se organizan las mayordomías. Los mayordomos son los encargados de hacer los preparativos de las fiestas del pueblo, tanto la del santo patrono como el carnaval y las fiestas menores. El número de encargados varía y los gastos que conlleva también.

Generalmente están los mayordomos de la música —quienes animan el convite y la procesión—, de los castillos —que se queman al final de la fiesta—, de las flores —para adornar la iglesia—, de las escamadas o ceras —para vestir al santo y adornar la iglesia—, también están los encargados de preparar la ofrenda de comida del santo y los alimentos para toda la comunidad. El cargo se debe recibir con gusto, y se tiene que hacer el mayor esfuerzo económico posible para agradar al patrono. En este sentido, la mayordomía funciona no sólo para que la comunidad establezca un intercambio adecuado con los númenes, además es un mecanismo para que el mayordomo obtenga prestigio frente a la comunidad.

En la generalidad de las comunidades se acostumbra sacar al santo en procesión. Después de la misa principal, se forma la gente para llevarlo por las principales calles y los lugares más significativos, como la bomba de agua, las cruces de la entrada y salida de la comunidad, sus esquinas, entre otros.

Al frente de la comitiva unos niños arrojan pétalos, hojas de hinojo y romero al suelo. Inmediatamente detrás, pasa un dueto de músicos tradicionales con chirimía y tambor, y en orden variable desfilan el cura de la parroquia junto con sus invitados, los mayordomos y la gente común.

Puede observarse a gente que anda descalza para hacer penitencia o solicitarle un favor al santo.

Los cueteros anuncian que la procesión está en marcha. En cada parada, el cura hace una lectura o reflexión y se canta una pequeña devoción. En la fiesta grande de Ixmiquilpan se acostumbra que cada barrio adorne con tapetes de aserrín y flores el camino del santo. Es común que la gente tome bebidas alcohólicas en el convite, pero es raro que lo haga durante la procesión. Se supone que éste es un momento solemne para la comunidad, pues de ello dependerá el bienestar para el año entrante. No obstante, también se considera como un momento alegre y a veces se olvida su relevancia.

El tipo de ofrenda varía según la época del año, en relación al momento del ciclo agrícola y a la disponibilidad de productos para ofrecer (Galicia, 2004: 377). Por ejemplo, el cempasúchil se utiliza para las ofrendas en los últimos meses del año, que se relacionan con los muertos, la cosecha y la desecación de las plantas.

Durante los primeros meses del año se colocan semillas en las ofrendas y se pide permiso para preparar el terreno de siembra. Estas ofrendas se hacen en la fiesta de la Candelaria. A mediados de año en algunos lugares se acostumbra preparar elotadas y hacer cuelgas, con pan, fruta e hinojo, que simbolizan los beneficios de la tierra.

En las fiestas patronales es costumbre que la gente adquiera una reliquia. Pueden ser manojos de romero o hinojo y flores con un pedazo de escamada o collar de la cera que durante un año adornó la imagen del santo y una pequeña estampa.

Se dice que tiene propiedades curativas. Por ejemplo, cuando hay mal tiempo y va a caer helada, cuando la lluvia merma o, al contrario, no cesa, se debe quemar la hierba de la reliquia, de preferencia donde haya cielo abierto “para que suba”, de lo contrario no sirve. Para las heridas y las picaduras de animales, se debe calentar un pedacito de escamada y colocarlo sobre la parte afectada, “lo más caliente que aguante”. Se debe hacer con mucha fe porque si no, no funciona.

Para los dolores de estómago o de riñones, es bueno prepararse un té con las flores de la reliquia.

Los mayordomos encargados de la iglesia o los voluntarios encargados de recibir “los donativos” de las reliquias, también se encargan de dar una limpia a quienes la soliciten. Consiste en hacer la señal de la cruz tres veces frente al solicitante.

En algunos casos, la reliquia consiste en un pequeño fuete con el que se dan pequeños golpecitos en forma de cruz en la espalda del solicitante. En la fiesta del santo el espacio territorial se torna sagrado, pero hay otros espacios entre los hñahñu que también son sagrados, como los santuarios, centros de culto en donde reside un ser que es venerado regionalmente.

El día de su festejo concurren a su santuario desde los diferentes municipios del estado y de otras partes de la República. Van en peregrinación o acuden por su cuenta.

En la región los más conocidos son el Santuario del Señor de Mapethé, en Cardonal; del Señor de las Maravillas, en El Arenal; del Señor de Jalpan, en Ixmiquilpan; de la Virgen de la Ferrería, en Nicolás Flores; de la Santa Muerte, en Tepatepec; de la Santa Cruz del Maye, en Ixmiquilpan, entre otras.

Se acostumbra llevar a los santos de la comunidad a visitar los santuarios en peregrinación. Éstos permanecen durante varios días en el santuario y posteriormente son devueltos a sus comunidades de origen.

También es habitual llevar a los santos domésticos de visita, junto con una ofrenda para el santo anfitrión: flores, velas de cera de abeja o veladoras, copal, pan, aceite, semillas y, a veces, wemas, que son piedras asociadas a los ancestros. Son importantes los cuetes que acompañan a la peregrinación y los toritos que se queman por la noche, después de la misa principal.

El pulque está presente en las fiestas pues, además de ser como la sangre del maguey, es también producto de la tierra árida del Mezquital, asociada a la mujer, la luna y la fertilidad.

Otra festividad importante es el culto a la cruz cada tres de mayo. Se acostumbra subir a los cerros en donde hay cruces y dar una ofrenda para favorecer la llegada de las lluvias.

A veces se le hace culto público, como una misa o ritual colectivo, pero también es común ver que una familia concurre al lugar y realiza en forma privada una pequeña ofrenda. Se encienden cirios o velas de cera de abeja, se llevan flores y jícaras con copal, agua, chocolate o pan.

Se pueden dejar a los pies de la cruz, en algún árbol cercano o en la tierra.

También se realizan ofrendas en lugares importantes para la comunidad, como cuevas, ríos y árboles, pero esta costumbre se está perdiendo en el Mezquital.

Ahora que las remesas son la principal fuente de ingreso de las comunidades, la agricultura tiende a volverse una actividad secundaria. Además, gracias a los sistemas de riego y la maquinaria agrícola, se depende cada vez menos del arbitrio de la naturaleza para obtener buenas cosechas, por tales razones estos ritos están perdiendo vigencia.

LOS ANCESTROS Y LOS ABUELOS.

En la memoria de los otomíes del Mezquital está presente la idea del origen. Se cree que en el más remoto origen sus tierras se hallaban habitadas por gigantes que, por diferentes razones, se convirtieron en piedra (dependiendo del mito y del cerro al que se hace referencia).

Los gigantes de piedra o wemas formaron los cerros de formaciones caprichosas y algunas iglesias. Se dice que estos seres estuvieron en el mundo antes de que lo habitaran los hombres. Algunos gigantes de piedra, al caer quedaron convertidos en pequeños fragmentos de piedra antropomorfizada, llamados cangandhos.

Tanto los wemas como los cangandhos son considerados como los huesos de los antepasados.

La gente que se ha encontrado cangandhos en sus tierras de labranza les tiene un cuidado especial porque se dice que traen mal si no se les procura. Debe dárseles de comer y llevarlos a misa. Algunos refieren que los cangandhos prefieren quedarse en la milpa y no se les debe molestar. Otros los tienen guardados en los altares familiares, fuera de la vista de la gente común. Cuando hay fiesta patronal se les lleva a la iglesia para recibir la bendición del santo.

Los cangandhos son antepasados vivos y actuantes que vinculan el pasado mítico con el presente. Constituyen elementos identitarios que refuerzan la memoria colectiva (Sánchez, 2004: 291-300).

Los abuelos también remiten a un pasado lejano, del tiempo en que los hombres ya habitaban en el mundo. Se trata de los abuelos hñahñus que heredaron sus conocimientos a las generaciones actuales.

Cuando se refieren al origen de alguna actividad tradicional, se dice que los abuelos fueron quienes mostraron cómo hacerlo, así como el orden de las instituciones comunitarias. Son abuelos tanto la figura impersonal que pertenece a la memoria colectiva, como el grupo de ancianos de la comunidad, que son los portadores del saber y cuya voz tiene un peso especial en las decisiones de la colectividad.

EVANGÉLICOS Y PENTECOSTALES.

Podemos observar en la región la presencia creciente de religiones no católicas, principalmente las evangélicas y pentecostales. Ambas iglesias se contraponen a la católica en que niegan la existencia de los santos y rechazan los ritos que hay a su alrededor. Es decir, se rehúsan a participar de las fiestas patronales y de los ritos comunitarios que fortalecen la identidad colectiva. Dicen que “es gastar el dinero en cosas inútiles”.

El pastor es el líder de la iglesia no católica, se ocupa de presidir el culto, leer y reflexionar sobre las lecturas de la Santa Biblia, dirigir a la comunidad, aconsejarla y sancionar a los fieles en caso de alguna falta. Son también los encargados de extender “la Palabra” a nuevos lugares, a través de las misiones.

Le auxilian los diáconos, que son “voluntarios” encargados de dirigir las ramas de la iglesia; por ejemplo, la escuela dominical, la cocina y el coro, entre otras. Están además los ujieres, jóvenes que apoyan en el culto, y los ancianos, que también son auxiliares del pastor pero dan consuelo a los enfermos y rezan con ellos.

La flexibilidad de estas iglesias permite que se fraccionen al interior y formen nuevas iglesias.

A diferencia de los católicos, el pastor puede ser electo por la comunidad religiosa. Gran cantidad de iglesias en el Valle tienen un pastor hñahñu, que si bien no siempre pertenece a la comunidad territorial, comprende sus dinámicas y ve de cerca los problemas de los feligreses. En las comunidades monolingües o donde se emplea muy poco el español, los pastores evangelizan en hñahñu.

Aunque los cultos tienen una estructura más o menos común en todas las iglesias evangélicas, la especificidad cultural influye en la presencia de elementos regionales. Por ejemplo, en la iglesia Sinaí, de Ixmiquilpan, se celebra el aniversario luctuoso del pastor Venancio (18 de marzo), el aniversario de su nacimiento (13 de marzo) y el día de la Biblia en hñahñu (una semana previa a Pentecostés).

Esta iglesia tiene además su coro hñahñu y en la escuela dominical hay un grupo donde la enseñanza se imparte en esa lengua. Hay otros aspectos más profundos en los que puede observarse la permeabilidad cultural en el ámbito religioso; por ejemplo, en el mito fundacional de la comunidad evangélica de El Calvario, que remite al origen de los santos patronos dentro del catolicismo.

La presencia evangélica en el Mezquital ha originado numerosos conflictos al interior de las comunidades. Los católicos afirman que los evangélicos rechazan los usos y costumbres que existen “desde tiempo inmemorial”, al no querer participar de las fiestas ni hacer faenas o cooperar. Los evangélicos argumentan que el sistema de cargos es un mecanismo de los caciques para controlar a la población, además de que ellos no tienen por qué participar de un culto en el cual no creen.

ORGANIZACIONES POLÍTICAS Y SOCIALES

Los procesos sociales, entendidos como “una sucesión de prácticas sociales con objetivos establecidos, muy precisos e inmediatos, que adoptan una amplia gama de formas organizativas […] situados en la dimensión de la vida cotidiana” (Sarmiento, 1991: 235), se han reproducido en el Valle del Mezquital y a través de éstos se han generado estrategias de resistencia y revaloración de su historia e identidad.

Las comunidades no han permanecido pasivas frente a la precariedad económica: la migración, la formación de cooperativas y las organizaciones intercomunitarias son prácticas encaminadas a promover una mejor calidad de vida.

El gobierno, a través de instituciones creadas por él mismo, ha buscado mitigar la marginalidad y la pauperización de la región. Instancias como el Patrimonio Indígena del Valle del Mezquital (PIVM) y el Consejo Supremo Hñahñu (CSH) son las más representativas.

ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES

Dentro de este rubro consideramos aquellas surgidas por iniciativa de los propios actores; e incluimos las cooperativas que buscan mejoras para las comunidades.

Encontramos las cooperativas de artesanas que, a través de su trabajo, así como de una revaloración étnica, buscan la obtención de ingresos para la manutención de la familia; y las cooperativas de consumo, que mediante la compra en mayoreo obtienen un mejor precio de los productos.

Por otro lado, están aquellas que al hacer uso de los recursos naturales que hay en la comunidad, y no en otras, obtienen ganancias que les permiten mejorar el nivel de vida.

Cooperativa Flor del Valle. Esta cooperativa fue creada en los años setenta y está constituida principalmente por mujeres (sólo hay un hombre). Desde su origen, fomenta el respeto del “precio justo” fijado por las artesanas. Propicia una revaloración de su conocimiento ancestral, enseñado por las abuelas, que de esta forma recuperan y fomentan el tejido del ixtle, el bordado y el uso del carrizo.

Ha incorporado técnicas, materiales y variedad de productos, como son el trabajo con concha de abulón, la tarjetería bordada y la elaboración de champú de diferentes plantas. Su sostenimiento por casi tres décadas no ha sido fácil, puesto que ha tenido que hacer un trabajo de concientización para evitar a los intermediarios o que les paguen un precio fijado por el comprador.

La cooperativa ha pasado por problemas económicos para poder sostener el local donde venden la mercancía y ha tenido problemas con Hacienda, además de las bajas ventas. Si bien la Flor del Valle no es la única cooperativa en el Valle del Mezquital, sí es la más representativa en cuanto a organización, venta de productos y logística.

Encontramos otras cooperativas más reducidas, que elaboran esponjas de ixtle que venden a un distribuidor inglés; y mujeres que elaboran diferentes productos de ixtle para la venta en general. Organizarse y mantener una cooperativa no es un trabajo sencillo, se necesita de la colaboración de todos los miembros, que cada uno realice su trabajo, ya que de lo contrario la cooperativa no tendrá éxito.

Aunado a esto y no menos importante, están los trámites que la Secretaría de Hacienda solicita para darle su constancia de contribuyente, lo cual no entra en su dinámica cotidiana.

A pesar de los problemas que enfrenta la cooperativa (intermediarios, adeudos de concesionarias y trámites fiscales), sigue funcionando, convencida de que es por este medio que las productoras pueden obtener un precio justo para sus productos y hacer frente a una economía de mercado cada vez más globalizadora.

Parque Acuático El Tephé. Ubicado en la comunidad del Tephé, es un ejemplo de cómo los habitantes se han apropiado de los recursos naturales. La historia de la cooperativa comunal se remonta a mediados de los años ochenta, con el Movimiento Democratizador. De acuerdo con testimonios, es este movimiento el que los hizo reflexionar acerca de su derecho a disponer y administrar los recursos comunitarios.

El parque era propiedad de unas cuantas familias del Tephé. Sin embargo, en 1987 la comunidad entabló un pleito contra estas familias, con el objetivo de que los recursos naturales le pertenecieran a todo el grupo. En el año de 1991, el juicio falló a favor de éste y el parque pasó a ser propiedad comunal.

La cooperativa está formada por el presidente, el secretario, el tesorero y los vocales. La obtención de la ganancia se divide así: 50% para reinvertirlo en infraestructura, el otro 50% se reparte en forma de despensas, insumos escolares y servicios médicos entre los comuneros. Dentro de los planes de la cooperativa se encuentra preparar a los jóvenes para que sean ellos quienes asuman los puestos de contadores y abogados, y atiendan el restaurante, es decir, que dependan cada vez menos de los mestizos.

En cuanto a infraestructura, están construyendo más albercas, planean construir un spa para atraer turistas de un nivel económico más elevado. Alrededor del parque se ha creado toda una industria del turismo: casas particulares que rentan cuartos, diferentes negocios de alimentos, venta de toallas, flotadores y sillas, entre otras actividades.

Organización de los Pueblos de la Sierra. Esta es una organización formada por comunidades que se encuentran en la sierra noroccidental del municipio de Ixmiquilpan, cuyo objetivo es proporcionar mejores condiciones de vida a las comunidades. Uno de sus primeros trabajos fue la creación de un telebachillerato que satisficiera las necesidades de la población de la zona, lo cual consiguió en el año de 1999, el cual se ubica en la comunidad de Gundhó.

Actualmente, la organización busca que se pavimente el camino hasta la comunidad de Cuesta Colorada, la más alejada del municipio de Ixmiquilpan. Sin embargo, la diná- mica de esta organización ha sido irregular. Cuando se creó hace siete años, eran 21 comunidades las que la integraban. En la actualidad, son diez los pueblos que continúan gestionando la construcción del camino. Aunque ha tenido logros, la deserción de comunidades nos habla de un compromiso inmediato, no a largo plazo. Las comunidades que se han salido son aquellas que ya cuentan con la pavimentación del camino, así que en cuanto obtienen el beneficio no les interesa seguir apoyando. La organización ha tenido diferentes entrevistas con miembros del gobierno federal, en la más reciente acordaron construir ocho kilómetros más de camino.

La organización cuenta con un presidente, cuyo cargo de un año es rotativo, esto es, cada año para una comunidad diferente. Dentro de sus planes está constituirse como asociación civil a fin de obtener un mayor reconocimiento por parte de las instancias públicas y privadas. Podemos ver que, pese a no haber una continuidad en la organización, ha podido funcionar debido a la participación de algunos miembros entusiastas que confían en la unión para conseguir beneficios comunitarios.

Organizaciones de crédito. En diferentes comunidades, como Bangandhó, Pozuelos y La Estación, se han formado diversas cooperativas. Entre éstas podemos observar las de consumo, las cuales buscan, a través de compras de ví- veres al mayoreo, obtener precios bajos en el menudeo. En algunos casos, grupos de campesinos forman una pequeña asociación para conseguir créditos en la compra de maquinaria y fertilizantes, entre otros insumos.

Organizaciones externas. Son pocas las organizaciones no gubernamentales que trabajan en el Valle del Mezquital; una que ha mostrado constancia es “Hábitat para la Humanidad”, que trabaja en la construcción de vivienda. Aprovecha la solidaridad y reciprocidad que el hñahñu tiene para con su comunidad, de manera que mediante la cooperación han construido las casas. Há- bitat otorga un crédito a pagar en diez años, con mensualidades fijas, y estos mismos pagos sirven para ofrecer préstamos a otras familias.

Estos ejemplos de cooperativas no son la regla, sino la excepción. Hay numerosos ejemplos de organizaciones que han dejado de funcionar por múltiples motivos: falta de apoyo, desinterés de los miembros e infinidad de trámites logísticos con las autoridades de gobierno, que terminan por desgastar la voluntad de las personas. Pero a pesar de los obstáculos, la organización en grupos sigue siendo una manera de lograr ser escuchados.

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