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sábado, 15 de diciembre de 2018

Razón y Espíritu del Estado Democrático de Derecho | Esteban Ángeles Cerón.

Han aparecido los espejismos de la política de escritorio, cuyo frenesí nubla la razón y la reflexión, que dan sentido a toda sociedad y que hoy sucumben ante un protagonismo extraviado.

¿Cómo pensar una sociedad libre, que respeta el Estado Democrático de Derecho?

Vivimos una era de sociedades en riesgo, por su complejidad y el vertiginoso ascenso de la pauperización, pobreza, desigualdad y carencia de oportunidades sociales, que contrastan con la opulencia desmedida, la concentración de la riqueza y las gotas amargas de corrupción e impunidad; anomias que pavimentan en la desesperanza el retorno del populismo y el fascismo, que proscriben a la verdad ante un sórdido mesianismo.

El terremoto del 19 de septiembre de 2017 estremeció la conciencia social, al igual que lo había hecho infaustamente la misma fecha en 1985; nuevamente, el pueblo mexicano se levantaba con solidaridad y organización espontánea para ayudar a los hermanos en desgracia y poner en pie a México.

Este escenario catártico mostró que ante la tragedia, México es más grande que sus problemas, pero también advirtió que ante la desesperanza y la desolación, el tejido social es ampliamente vulnerable ante los apetitos mezquinos y siniestros de fuerzas que hacen de la desventura humana el botín de la carroña política.

Ante la incertidumbre del momento, el Instituto Nacional Electoral (INE), previendo que la tragedia que vivía el país fuera utilizada por los partidos políticos que se encontraban en franca competencia electoral, advirtió a estos órganos de interés público la importancia de respetar la Ley, que prohibía explícitamente entregar dinero, bienes o servicios, directa o indirectamente a los ciudadanos, más allá de ser o no damnificados.

Empero, MORENA hizo caso omiso de la disposición del INE y creó un fideicomiso para recibir dinero, que sería canalizado como ayuda a los ciudadanos que habían sufrido los embates de los sismos, violando en los hechos el Estado Democrático de Derecho en materia electoral.

Pero como la ocasión la pintan calva, el virtual Presidente Electo de la República Andrés Manuel López Obrador, ha calificado la determinación del INE de sancionar con el 250% del monto de lo recibido por el fideicomiso, como un “complot” producto de “una vil venganza”ante el triunfo contundente de los candidatos de MORENA, en los pasados comicios del 1º de julio del presente año.

El fundamento jurídico del INE es impecable y se ajusta a la legalidad electoral vigente; más aún, la sanción otorga certidumbre a las acciones de transparencia y rendición de cuentas, en un momento donde el país se ha visto aquejado por problemas de corrupción e impunidad, por lo que la determinación no puede ser calificada como un “ajuste de cuentas” o una “vil venganza”.

Es inconcebible que las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador en vez de constituirse en un “mea culpa”, reconociendo que MORENA violó disposiciones legales, vuelven a la retórica de todos conocida y emprendan una embestida para desgarrar el espíritu del Estado Democrático de Derecho.

No se puede flagelar así a la legalidad. Es una condición que implica un retroceso político y democrático, ante un proceso electoral en el que las fuerzas contendientes reconocieron el triunfo de López Obrador y asumieron con responsabilidad la derrota política.

Esto es contundente y merece ser reflexionado ante la necesidad de afianzar la confianza institucional y darle peso a una democracia, que en la cultura cívica, impida hacer de la suspicacia mordaz, el instrumento que acuchilla la verdad jurídica.

Indiscutiblemente, la democracia es un espacio de audición ciudadana, pero ello no implica transitar al garete con juicios aventurados, máxime cuando se está investido de legitimidad política, que requiere ser refrendada con acciones y cordura de Estado.

Inteligencia y mesura deben ser las herramientas que el virtual Presidente de México debe esgrimir para garantizar el óptimo funcionamiento institucional y salvaguardar la armonía; contener la violencia y no desatarla; perfeccionar la concreción de la tarea publica y no deteriorarla; y sobre todo, no violentar la razón y el espíritu del Estado Democrático de Derecho.

No se puede empañar la actuación del INE ante un proceso electoral histórico, que le ha devuelto la credibilidad y la confianza ciudadana a las instituciones.

Hoy que la ciudadanía dio muestras de una gran civilidad y el Estado respeta las decisiones de la sociedad, no es aceptable que los actores políticos violenten la institucionalidad democrática, ante una inmejorable transición de alternancia que debe, sin duda, dignificar las virtudes de la política.

La ciudadanía esta ávida de que Andrés Manuel López Obrador trascienda la retórica de la descalificación y la desconfianza institucional, porque es el mismo sistema político el que ha reconocido su triunfo en las urnas y, por ende, le ha dado la confianza que deviene de la voluntad soberana del pueblo para gobernar.

¿Se puede construir una democracia en la desconfianza y el rencor? Desde luego que no.

La democracia, como régimen político, estrecha los vínculos de certidumbre entre ciudadanos e instituciones y, cuando su horizontalidad permite el asociativismo pleno de abajo hacia arriba, el Estado es la vertebración decisoria de la ciudadanía, que en corresponsabilidad con los actores políticos en el engranaje público, le dan cauce a las oportunidades sociales en un proyecto de Nación.

Esto exige responsabilidad político-institucional y comprender que en las democracias donde el disenso es racional y fundado, se vuelve imprescindible construir acuerdos sustantivos de concertación progresista, condición que debe ser considerada por los actores políticos y sociales.

La retórica destructiva del populismo y del autoritarismo fascista, que ven enemigos en las sombras, no deben regresar al mundo.

Trascender a la retórica de la desconfianza y el rencor es la primera premisa de la racionalidad política, pero mucho más importante, es el primer paso para dignificar al ciudadano.

Repensar la virtud política exige replantear los retos de la democracia; entender que el fortalecimiento de la cultura cívica garantiza no sólo la paz y la convivencia social armónica, sino también la extinción de las anomias de corrupción e impunidad, que impiden el piso firme e igualitario de nuestra sociedad.

Agenda

  • En la XIII Cumbre de la Alianza del Pacífico, el Presidente Enrique Peña Nieto, ante sus homólogos Alberto Vizcarra de Perú, Juan Manuel Santos de Colombia y Sebastián Piñera de Chile, señaló que “…las naciones de la Alianza son impulsoras del libre comercio y de libertades democráticas…” y con los países del Mercosur, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, trazaron un plan para crear una gran zona de libre comercio en América Latina.