.

09:09hrs


domingo, 18 de noviembre de 2018

La Cultura Cívica Contra la Antidemocracia Electoral | Esteban Ángeles Cerón

Graves resultan las anomias electorales de un sistema político, que no confiere a la ciudadanía mecanismos efectivos para el ejercicio democrático de la rendición de cuentas, la transparencia y los principios de Gobierno Abierto y en público, porque generan impactos que aquejan al tejido social, y se reflejan en la carencia de credibilidad y confianza institucional.

De acuerdo al INE, sólo el 12% de los candidatos a los cargos de Presidente de la República, Diputados y Senadores, han transparentado su información en la plataforma de este órgano electoral, lo que no permite a la ciudadanía conocer su trayectoria y propuestas, ni activar formas de contacto horizontal.

Empero, no existe un mecanismo efectivo de exigencia que obligue y asegure que los aspirantes a un cargo de elección popular, cumplan con este deber político y cívico como ciudadanos, en flagrante obstrucción al Derecho Humano, a la Participación Ciudadana y al Estado Democrático de Derecho, lo que revela la falta de respeto a los principios y valores de la Cultura Cívica y del Buen Gobierno.

De manera virulenta, esta lamentable práctica, que parece que llegó para quedarse, incide en la crisis de representación; demerita las virtudes de la política, por ser un despropósito de candidatos y partidos; y constituye una afrenta social, que vulnera la credibilidad y la esperanza ciudadana de edificar un futuro cierto para la Nación.

El cuestionamiento ciudadano es demoledor: ¿se puede confiar en un candidato o partido político, cuando su conducta estimula la opacidad? No.

Los estragos están a la vista. La radiografía social indica que los ciudadanos no creen ni en la democracia ni en la política. Esta disociación ahonda el círculo vicioso de la falta de concreción gubernamental, porque si la ciudadanía no participa ni audita con su acompañamiento activo el ejercicio de gobierno, éste se vuelve una actividad sórdida, donde como los gitanos, los políticos se leen la suerte entre ellos mismos.

Revertir esta anomia del ejercicio del poder, exige una Reforma Política, que reestructure el imperante Sistema de Partidos; establezca mecanismos de democratización interna, que incidan en el sistema político y de gobierno; y fomente la Cultura Cívica y la Participación Ciudadana para recuperar la credibilidad y la confianza de la ciudadanía en las instituciones.

Transformar los partidos políticos en términos de su identidad constitucional, es el antídoto contra cualquier manifestación de antipolítica, que impida el avance de la dinámica social y la vitalidad ciudadana en la toma de decisiones públicas. Esto es claro y no puede pasar inadvertido, máxime cuando el país está en la encrucijada de su destino y en la oportunidad de abandonar el subdesarrollo político y la violencia social que nos enfrenta.

No podemos caer en la ceguera política. La Cultura Cívica debe recuperar para el ciudadano el espacio público, desterrando las prácticas de la política tradicional, vetusta, corrupta y proclive a la impunidad y a la violencia; factores de descomposición social, que han permitido que la realidad se tiña de sangre y muerte, más allá de este proceso electoral, que hoy recoge la espeluznante cifra de más de cien candidatos asesinados.

Se requiere reestructurar la institucionalidad vigente, para que la política constituya un instrumento de socialización ciudadana de la tarea pública, de lo contrario, la verticalidad y el marasmo del control político, seguirán siendo los síntomas de una clase que se agazapa en el poder, se esconde tras el escritorio y hace de la antidemocracia, el feudo espurio del ejercicio de gobierno.

El análisis crítico advierte que este pandemonio electoral es una constante de la conducta de candidatos y partidos; refleja el extravío de la razón política por dignificar al ciudadano y brindarle oportunidades para encauzar el ejercicio de gobierno.

En esta realidad perdida y al garete, es donde el tejido social ha quedado proscrito y a merced de la “buena voluntad” de la clase política y de los servidores públicos. Empero, el Buen Gobierno, necesita mucho más que “buena voluntad”, debe garantizar desde su estructura de obligaciones, que el Estado Democrático de Derecho no sea una quimera, sino la herramienta ciudadana, que hace de la convivencia política y de gobierno, el principio rector de la razón, la sensatez y la solidaridad, que une y hermana a la sociedad.

Carecemos de mecanismos de plena exigencia política en distintas tareas de la responsabilidad pública. La antidemocracia electoral es sólo una dimensión de esta anomia, que se une al quebranto que infringen quienes deben hacer cumplir la ley y olvidan su aplicación, con lo que asientan un golpe de impunidad y corrupción al ciudadano, volviéndolo vulnerable y presa de un poder opresor.

El reto, es recuperar, desde la Cultura Cívica, el espacio público, como dimensión inteligente de la sociedad y de la institucionalidad, para ir más allá del sentido operativo de la administración pública y concretar el espíritu social, que es cultura y visión política, concreción y solidaridad, y sobre todo, respeto a la dignidad humana.

Por ello, debemos construir un Instituto de Cultura Cívica, que haga posible una política pública capaz de lograr que el ciudadano se agrupe, se organice, se tienda la mano y mire al ejercicio político como suyo y no como encargo ajeno, donde sus “representantes” solo engordan en los puestos públicos.

¿No es esto un anhelo realizable? Desde luego que sí.

Hemos presenciado el último debate político de la contienda por la Presidencia de la República y con pesar, notamos que no está vivo en la conciencia social, porque le falta el ingrediente ciudadano, que destierre la inopia política, para hacer del alma de la Cultura Cívica, el antídoto no sólo de la antidemocracia electoral, sino de las conductas opresoras de aquellos políticos, que encuentran en el fascismo y el populismo, el instrumento que mantiene al pueblo en la ignorancia, el ostracismo y la pobreza.

Agenda

  • Espléndidos resultados arrojó el Foro “Federalismo Mexicano: El problema no resuelto”, organizado por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), con el propósito de analizar la forma en la que el complicado arreglo federal actual estructura el diseño y la implementación de políticas públicas necesarias para el desarrollo del país.
  • La Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA), anunció que México junto con Estados Unidos y Canadá, realizarán el Campeonato Mundial de Futbol 2026, que pone a México como el único país que primero en la historia haya sido sede de tres Copas del Mundo.

Twitter: @Esteban_Angeles