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viernes, 19 de octubre de 2018

La Cultura Cívica como Política Pública Transversal | Esteban Ángeles Cerón

El ascenso de la sociedad civil en las estructuras políticas y de gobierno desde el enfoque del asociativismo y la horizontalidad pública, ha trascendido internacionalmente a prácticas de Gobierno Abierto que reconstituyen el protagonismo ciudadano y su empoderamiento en la esfera pública.

Esta dinámica está en función de la capilaridad de las estructuras institucionales y del grado de organización de las estructuras ciudadanas, comunitarias y vecinales, condiciones que perfilan el procesamiento del conflicto social, la inclusión como paradigma del desarrollo, y los derechos humanos como manifestación transversal del ejercicio de gobierno.

No obstante, persisten los gobiernos cerrados, que no contemplan la obligatoriedad del derecho humano a la participación ciudadana; que obstruyen su interlocución en el quehacer público; e impiden su dimensión como política pública capaz de edificar una verdadera cultura de ciudadanía patrimonial, concebida como un bien público.

Estos gobiernos enclaustran la voluntad soberana y se desentienden de la dinámica y empuje de la ciudadanía; con ello, advierten su cercanía populista y fascista, en amenazas al desarrollo y la seguridad humana, y en prácticas de negación política como el ilusionismo, la prebenda y una buena dosis de demagogia, con lo que intentan maquillar la realidad social.

Esto impone crear un Nuevo Paradigma Cultural y Jurídico y la creación de una Política Pública en materia de Cultura Cívica.

La ingeniería constitucional debe advertir la obligatoriedad de la participación ciudadana para trascender hacia una Ley de Cultura Cívica que permita cocrear la tarea gubernamental; y reorientar las virtudes y principios valóricos del asociativismo y su fuerza; desde la inteligencia social, en consonancia a la inteligencia institucional.

De este escenario el investigador Héctor Tajera advierte, “…la participación ciudadana busca incidir en las decisiones de gobiernos, con el propósito de mejorar las condiciones de vida de quienes integran una comunidad, barrio o colonia, sin que ello implique la búsqueda de un beneficio personal o ascenso político.”

Este planteamiento nos lleva a investigar, ¿cuál es la importancia de las estructuras comunitarias y vecinales como vectores del desarrollo y la seguridad humana?

La respuesta es contundente, la importancia que tiene la organización de la sociedad en estructuras comunitarias y vecinales es mayúscula ante los problemas sustantivos del ejercicio público y los actuales vacíos de poder, que explican los precarios niveles de legitimidad, credibilidad y confianza de las instituciones, cuya gestión centraliza la toma de decisiones y marca un verticalismo que impide orientar las prácticas de gobierno hacia la reestructuración social, ciudadana y sistémica; anomias que provocan el aislacionismo ciudadano, comunitario y vecinal.

El síndrome del verticalismo institucional, no sólo obedece a la concentración del poder público en manos de los tomadores de decisiones, refleja también la impericia de una burocracia enquistada, que no acepta que la construcción de toda tarea del Estado es siempre una construcción social.

La paradoja estriba en que la clase política suele apelar al apoyo ciudadano para poder edificar el ejercicio de gobierno, reconocimiento abierto que es maniatado al subvertir la voluntad soberana en la toma de decisiones y la horizontalidad programática de las acciones del quehacer público, lo que destierra la génesis del poder político.

Por ello, repensar lo político desde abajo y desde adentro, implica darle fortaleza y cauce a las estructuras primigenias de la sociedad. Rescatar la génesis comunitaria y vecinal es el primer lazo político, que desde lo local, hace del ejercicio de gobierno, la microfísica de todo poder público. Sí entendemos este paso articulador, comprenderemos que las estructuras sociales primarias son imprescindibles en la cocreación pública y en la estabilidad y armonía social, realidad que exige la creación del Instituto de Participación Ciudadana (IPC), como interlocutor y cauce lógico de la ciudadanía activa.

Es importante retrotraer el análisis que hace más de un año realizó el Instituto Nacional Electoral (INE) en la estrategia ENCCÍVICA, la cual señalaba la crisis que existe de cultura cívica y los efectos perniciosos de la carencia de participación ciudadana transversal en la tarea pública.

Este llamado del INE, invitó en diferentes foros a nivel nacional, a crear las condiciones y mecanismos que permitieran desarrollar una autentica cultura cívica, que proviniera de las estructuras comunitarias y vecinales; que vinculara al asociativismo y la inteligencia social con la inteligencia institucional; que derribara las fronteras de intereses oscuros; y que fomentara una auténtica política pública de la participación ciudadana. Lamentablemente, la estrategia pasó inadvertida a los tomadores de decisiones, casi como lo hizo el “Informe País”, que se convirtieron en instrumentos palaciegos o decorativos a los que “alguna vez”, en “algún discurso”  se hace referencia.

Por si fuera poco, en la cabeza de la Hidra, la Agenda 2030 de Naciones Unidas rescata la génesis de las estructuras comunitarias y vecinales, no sólo para hablar del “Desarrollo Sostenible”, sino para criticar el déficit de inclusión política de estos sectores sin esperanza de desarrollo y seguridad humana; el incipiente protagonismo de la participación ciudadana en la toma de decisiones públicas; y el debilitamiento de la cultura cívica. Factores consustanciales a las prácticas de Gobierno Abierto, que están relegados, o en muchos casos, en el olvido.

Es increíble que los ciudadanos nos hayamos convertido en extranjeros en nuestra propia tierra; parias de la indolencia gubernamental, e indigentes de la razón de Estado.

La crisis de participación comunitaria y vecinal en las estructuras institucionales, advierte que esta marginación política de la ciudadanía mantiene en jaque no sólo a la sociedad, sino también al Estado y amenaza con el exterminio de estas estructuras sociales, que constituyen un tejido social indispensable del desarrollo humano, y no una moneda de cambio para favorecer a políticos o procesos electorales.

No podemos seguir en la política del extravío, porque en ella se fragua la ruptura de la cultura cívica, la ciudadanía y el porvenir de la Nación. 

Agenda

 La renuncia de Margarita Zavala como Candidata Independiente a la Presidencia de la República perfila nuevos escenarios en la contienda electoral, que abre posibilidades para una reestructuración de los aspirantes, que en el debate de ayer perfilaron nuevas propuestas que la ciudadanía deberá tomar en cuenta para realizar su elección.

  • Ante observadores de diferentes organizaciones internacionales y países, en Venezuela se llevaron a cabo los comicios presidenciales, en un clima en extremo delicado, debido a la participación vertical de la maquinaria de Estado y a la grave crisis económica, política y social imperante.

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