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domingo, 22 de abril de 2018

El Instituto de Participación Ciudadana y la Cultura Cívica | Esteban Ángeles Cerón

La Cultura Cívica requiere fortalecerse para abatir el síndrome de desafección política y las anomias de una democracia endeble, cuya fragmentación social plantea una encrucijada que amenaza la estabilidad del orden sistémico.

Ante esta realidad, el consenso ciudadano ha tenido una reacción que clama por la edificación un gobierno que responda al contexto de una sociedad que aspira a empoderarse del espacio público, pero se encuentra impedida en dinamismo y vitalidad política, para participar en la toma de decisiones del Estado.

¿Cómo avanzar en un país donde la corrupción, la impunidad, la discriminación y la desigualdad se erigen como rostros de la descomposición del Estado Democrático de Derecho y de la paz social?

¿Cómo superar este contexto que ha causado un cisma en la conducta social trazando la frontera del desencuentro, la atomización y la beligerancia, que hacen irrespirable la realidad y atentan contra la dignidad y el derecho humano a la participación ciudadana?

Las respuestas son contundentes. Es necesario impulsar una Ley de Cultura Cívica y un Instituto de Participación Ciudadana (IPC), para lograr que la ciudadanía constituya el epicentro del acontecer del Estado como actor político animado, maduro y con pensamiento propio, que no requiere tutelas, ni liderazgos mesiánicos prodigiosos.

Esto exige multiplicar los espacios de participación; hacer de la cultura política, una dimensión de pedagogía ciudadana; trascender a la cocreación de la tarea pública, que active un proceso de ciudadanización desde la perspectiva de los derechos humanos y del civismo; y entender que las personas están provistas de inteligencia social y dispuestas a participar en el ejercicio de gobierno.

Es evidente que los ciudadanos no son sujetos aislados de su devenir, hacen historia en el Estado y con el Estado y son esencia del poder horizontal que las élites han impedido, olvidando el precepto de soberanía popular y violando el principio de representación entre mandatario-mandante, lo que ha invertido el paradigma político, auspiciando la corrupción y la impunidad que hoy nos embarga.

Hace un año, el Instituto Nacional Electoral creó ENCCIVICA, estrategia de pedagogía política que pretende garantizar la transversalidad del derecho humano a la participación ciudadana.

La iniciativa cobró vida pero requiere consolidarse para ir más allá del escenario electoral en que la ha enclaustrado el INE, y reclama la concurrencia de la ciudadanía, actores políticos y organizaciones de la sociedad civil, para socializar su conocimiento y convertirla en política pública. Prescripción que advertimos al proponer la creación del Instituto de Participación Ciudadana (IPC), sustentado en la participación del tejido social en el quehacer público, desde una Ley de Cultura Cívica que marcaría su ascenso.

La genética de ENCCIVICA está parida para contrarrestar las anomias que hoy flagelan a nuestra sociedad. Es una respuesta a los anhelos ciudadanos de construir un nuevo paradigma en la toma de decisiones públicas ante el peso de la corrupción, la impunidad, la desigualdad, la pobreza y la defensa de los derechos humanos en la transversalidad del Estado.

Todas estas cualidades y virtudes se ven enfrentadas al Síndrome de Abstinencia de la Conciencia Ciudadana (SACC), pandemia mundial que nos alecciona que cuando un ciudadano no transita en la Cultura Cívica, se encuentra destinado a deambular en sociedades indolentes, sin huellas y sin memoria.

El SACC como antítesis de la horizontalidad social, debilita la política, la democracia directa y crea la bacteria del populismo y el fascismo, donde los líderes mesiánicos están prestos a maniatar a la ciudadanía con un feroz autoritarismo que se disfraza de promesa política.

Ante el debilitamiento político y democrático que experimenta la sociedad, la participación ciudadana es el mejor antídoto contra los arquetipos mesiánicos.

Empero, es fundamental entender que la democracia electoral es una dimensión del ejercicio público, que requiere de un compromiso irrestricto con la cultura política y el civismo, necesario para construir una ciudadanía que asuma que la conciencia nos ha sido legada para entender a los que no tienen rostro y defender con nuestra voz ciudadana, lo que es de todos.

En este contexto la Cultura Cívica impacta los roles de ciudadanía y gobierno, fortaleciendo la conciencia, la organización ciudadana y las bases de la educación política para desterrar la demagogia y el gatopardismo, lo que se logra cuando el pueblo y su gobierno son el mismo crisol que enfrenta los retos de la Nación.

El Presidente Enrique Peña Nieto expresó en este sentido que, “Un gobierno que respeta, escucha y trabaja con la sociedad civil, es un gobierno que comprende que la verdadera democracia se construye mediante un diálogo permanente con los ciudadanos“.

Estas palabras, son el claro balance que nos enseña que no existe gobierno sin pueblo y que el quehacer público es en público, realidad sustantiva que ante el proceso electoral en curso, advierte que una ciudadanía indolente, sin articulación moral e intelectual, está condenada al fracaso.

Apoyamos la idea del Presidente cundo manifiesta que “Hoy, contamos con un elemento a nuestro favor: la existencia de una nueva cultura ciudadana que reconoce los derechos humanos como una causa que nos une y nos convoca a todos…Juntos, sociedad y gobierno, avanzamos hacia a un México donde impere la ley y se haga justicia para que cada ciudadano ejerza con plenitud sus derechos fundamentales.”

El Ombudsman Luis Raúl González Pérez (CNDH), avala la prescripción del Presidente, porque entiende que el derecho humano a la participación ciudadana no se da per sé.

Si algo nos ha enseñado la historia de las sociedades modernas es que la democracia se conquista; se edifica en la corresponsabilidad y en la inteligencia social; que su esencia es la conciencia política; que su trascendencia, es el ejercicio de gobierno; y que el inmovilismo político sólo pavimenta el camino a la antipolítica, a la represión y a la tiranía.

El pueblo debe renacer desde la conciencia de que su participación como derecho humano no es un privilegio, sino la más pura expresión del poder que tiene rostro ciudadano.

Agenda

  • El “Viacrucis Migrante”, que realizaron centroamericanos, principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala, causó la ira de Trump quien increpó al gobierno mexicano y amenazó con extinguir el Tratado de Libre Comercio y enviar al ejército a custodiar la frontera con México. Ante este agravio inadmisible, el Presidente Peña Nieto respondió defendiendo enérgicamente el interés nacional, nuestra soberanía y la dignidad de los mexicanos.
  • La COPARMEX publicó el “Manifiesto México” en el que convoca a ciudadanos, partidos, candidatos y autoridades, atender una agenda de siete demandas para el desarrollo del país.

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