.

19:07hrs


martes, 19 de junio de 2018

El Debate Político como Responsabilidad Pública | Esteban Ángeles Cerón

¿Qué es la política cuando sólo es el objeto de las veleidades que sentidamente vulneran a la sociedad, en provecho de unos cuantos?

¿Qué son los políticos cuando resultan ser seres astrales, lejanos y ajenos a la conciencia de los ciudadanos comunes?

Si los políticos son interlocutores sociales privilegiados por la voluntad de sus conciudadanos, para dignificar desde la representación democrática sus necesidades y anhelos sociales; la política constituye el vector del desarrollo humano que le da sentido a la conciencia social y la elevan al poder desde las lógicas de sus estructuras orgánicas.

Las luchas y conquistas sociales por generar horizontalidad e igualdad jurídica, hacen de la política una relación socio-estatal virtuosa, donde los sujetos sociales, abrigados con oportunidades simétricas, pueden liberarse de la opresión vertical del poder y construir una vida digna.

Hoy el escenario electoral es decisivo para construir un proyecto de Nación que genere oportunidades y trascienda el egoísmo ciego que atomiza a nuestro pueblo, en este sentido, el cuestionamiento de fondo es determinar, ¿Cuál es el interés y responsabilidad superior que deben atender los políticos y la política?

La respuesta estriba en que las formas de representación democrática, trasciendan desde la curul o del encargo público, a edificar los grandes anhelos de justicia social, en una dimensión que dignifique a la ciudadanía, y haga del dinamismo orgánico de lo público, el paradigma de moralización y solidaridad del ejercicio de gobierno.

La representación popular debe encauzar la transformación de la conciencia social para edificar la inclusión y la equidad, el espíritu del interés común y la conciencia para construir el nosotros, donde los oscuros y mezquinos intereses, no hagan del neoesclavismo, la cadena sin escrúpulos donde los que detentan el poder, violen la soberanía del pueblo.

Desde la irrestricta inteligencia operativa del Estado, el poder de los políticos y de la política, deben dar respuestas y concretar la tarea publica, para hacer que la legitimidad y confianza, eleven la armonía social y estrechen los vínculos de comunión societal.

2018 no puede constituir el camino aciago de un proceso político-electoral que siga extraviado en la construcción de una nueva patria sexenal, donde la ratificación demagógica de la antipolítica, esconda y mantenga incólumes en el gatopardismo, las perjudiciales conductas del autoritarismo que ha pretendido aniquilar la conciencia de los mexicanos.

Empero, parece que estas prácticas políticas, lamentablemente no cambian.

En este trazo, una nueva derrota ha sido asestada a la ciudadanía, pues la anacrónica legislación electoral NO OBLIGA a candidatos ni a partidos a participar en los DEBATES POLÍTICOS, por lo que prima en la sociedad un pesar ético y moral porque los políticos se esconden, y esconden a la política del escrutinio público.

Es tiempo de que la estructura jurídica se construya en equilibrio armónico con la demanda política de la ciudadanía y haga del debate una práctica obligatoria cívica de racionalidad plena, para que conociendo las propuestas para el ejercicio de gobierno, se participe con un voto informado que eleve la legitimidad, la confianza y la credibilidad en el quehacer público.

¿Hasta cuándo los ciudadanos permitirán que el anacronismo legal vulnere sus derechos políticos?

La única opción que tiene el ciudadano frente a esta actitud antipolítica, está en el reproche político y ético. Pero este recurso es insuficiente, es imprescindible que los partidos políticos tracen el acuerdo para cambiar y transitar hacia el debate político como instrumento de conocimiento público, no como un ejercicio estético o cosmético o de simples reproches, insultos y recriminaciones.

El debate permitirá al ciudadano acceder a la propuesta viva de candidatos y partidos; apreciar los contrastes y ampliar el horizonte de conocimiento y pertinencia de cada postura política; entender la construcción programática del quehacer público; ponderar el sentido valórico del compromiso y la visión de las propuestas; así como la capacidad, profesionalismo y trayectoria de los políticos y sus partidos.

En este contexto, los debates se convierten en la antesala que afianza la pedagogía política que se nutre de la inteligencia social y fortalece la cultura política sobre la esfera pública y la ciudadanización del ejercicio de gobierno.

De no actuar en este sentido, se seguirá infringiendo una dolorosa derrota a los ciudadanos, que se mantendrán alejados de la política y de los políticos. Se comprobará que la imaginación de muchos de estos actores no es capaz de crear propuestas para abandonar el subdesarrollo político, ya que sus posturas oscilan y se multiplican en la creatividad para seguir haciendo de la demagogia y el gatopardismo, el engaño más dolido y brutal, que atenta contra la virtud política de nuestro pueblo, y reducen la contienda electoral a un teatro del terror y simulación legal.

Sí el debate político es capaz de admitir la sensatez del ejercicio público y trasciende la propuesta populista y la quimera burocrática, la probabilidad y esperanza de construir un gobierno con visión ciudadana será posible; de lo contrario, el debate se convertirá en la perorata de las promesas y ocurrencias, escenario que aburre y no satisface ni al pueblo ni a la clase política.

Es tiempo de instaurar desde la cultura política una nueva pedagogía que recupere la esencia y virtud del ejercicio de gobierno, como práctica que dignifique a la sociedad.

El escenario de una guerra sucia provoca que se pierden las formas elementales de hacer política, y lo que es peor, su sentido y valor para pasar de la conciencia como potestad soberana del ciudadano, a un marasmo gansteril.

Devolverle al ciudadano la potestad del poder público debe ser el interés y responsabilidad superior de los políticos y la política, porque el ejercicio de gobierno no puede negar que la soberanía popular es el rostro de la Nación.

Agenda

  • Concluyó la séptima ronda de negociaciones del TLCAN en medio de fuertes presiones políticas y comerciales, mismas que definirán los acuerdos sobre la relación entre las tres naciones y el futuro del Tratado.
  • El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Instituto Nacional Electoral (INE), presentaron el mapa digital Estadísticas Intercensales a Escalas Geoelectorales, que proporciona datos sociodemográficos por cada uno de los 300 distritos electorales. Servirá para facilitar el análisis espacial de la información y para que candidatos y partidos, conozcan los datos de la población por temas e indicadores y hagan pertinentes sus estrategias de campaña, diagnósticos y propuestas.
  • Las recientes acciones violentas en la UNAM, relacionadas con el narcomenudeo, exigen implementar rigurosas medidas que permitan enfrentar desde la raíz este problema.